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4 barras porteñas para los que buscan disfrutar de una buena comida a solas

En una escena de la comedia argentina No sos vos, soy yo, el personaje que encarna Diego Peretti va solo al cine. El boletero le pregunta “¿una sola?”. Afectado por una reciente separación, r...

En una escena de la comedia argentina No sos vos, soy yo, el personaje que encarna Diego Peretti va solo al cine. El boletero le pregunta “¿una sola?”. Afectado por una reciente separación, responde: “¿Nunca le vendió una entrada a alguien que viene solo? ¿Me está preguntando si tengo quien me acompañe? Vengo al cine solo porque me la banco”.

El hombre que vende las entradas en la película parte de una idea implícita: nadie va solo a ver un espectáculo. Algo parecido pasa en los restaurantes, donde incluso las mesas más pequeñas suelen estar pensadas para compartir. En Argentina, para muchas personas, entrar a un restaurante y pedir una mesa “para uno” tiene algo de gesto incómodo. No por el acto en sí -comer- sino por todo lo que lo rodea: la mirada ajena, el silencio, la ausencia de conversación... Lo que en otros países es muy habitual, acá todavía conserva algo de rareza.

Sin embargo, esa lógica comienza a correrse lentamente. Cada vez más personas eligen salir solas y algunos restaurantes acompañan esa tendencia: barras donde la interacción fluye, cocinas abiertas o propuestas que hacen del momento una experiencia en sí misma. Son espacios donde comer deja de ser necesariamente un ritual colectivo y puede ser, también, una forma de estar con uno mismo sin que eso resulte extraño.

Rū Omakase Atlántico

Cenar acá tiene algo de intimidad, tanto si se va solo como acompañado. Montado en un domo dentro del jardín de un hotel en Palermo, el restaurante propone una barra circular para solo diez personas, en un único turno. Todos se sientan frente a la itamae (maestro chef de cocina japonesa), que explica cada plato y facilita la socialización de manera natural. Su menú de pasos busca reflejar la gran riqueza del mar argentino, con cangrejo, centolla, pulpo, mejillones, anchoa de banco, langostino, calamar y trucha patagónica, entre otras variedades que cambian según la estación.

“Vemos que cada vez más personas se animan a venir solas a comer, sobre todo a probar una propuesta como la nuestra, muy enfocada en la pesca argentina. A veces, por el tipo de menú, no siempre es fácil encontrar con quién compartir la experiencia, aunque creemos que de a poco también se está generando más ese hábito”, dice Romina Roux, chef y propietaria del restaurante que abrió hace dos años.

La barra circular funciona, según ella, como una gran facilitadora de la charla espontánea. “Se da un intercambio entre comensales y una dinámica muy natural, que hace que el momento se vuelva relajado y ameno. Alrededor de un menú degustación de doce pasos salados y dos postres se arma un ambiente donde cada uno puede elegir cómo vivir la experiencia: conversar, compartir o simplemente sentirse acompañado”.

Miércoles a sábados, a la noche. Gurruchaga 2121, Palermo.

IG: @ru.omakase

Víctor Audio Bar

Desde la época de las viejas tabernas, la barra del bar siempre fue un espacio de socialización que facilita la progresiva inclusión de un extraño en la charla. En ese juego de integración, los bartenders son piezas clave. Abierto hace poco más de un año, Víctor Audio Bar es mucho más que una barra para romper el hielo de la charla. A poco de su apertura, se convirtió en uno de los 100 mejores bares del mundo, según la lista World’s 50 Best Bars 2025.

Combina una coctelería clásica -tienen una excelente selección de Martini-, una ambientación preciosa al estilo Nueva York con mucho cuero, maderas y lámparas, música de alta fidelidad y el espíritu de los kissa bars, los bares japoneses especializados en la escucha atenta. La barra lineal domina la escena e invita tanto a una cena en solitario como a la charla. En su carta se destacan las hamburguesas, las ribs y el pollo frito. El gran imperdible: el pastrami, con varias capas de carne, queso derretido y el pan bien tostado. Uno de los bartenders del bar dice como forma de definición del cliente solitario: “El que viene solo en general sabe qué trago quiere. Es alguien decidido”.

Martes a sábado, a la noche. Soler 5130, Palermo.

IG: @victoraudiobar

El Burladero

Para los españoles, los bares y algunos restaurantes funcionan como un “tercer hogar” después de la casa y el trabajo. Con una propuesta de comida española clásica, tiene una extensa barra donde se sirven tapas, platos, sidra y otras bebidas espirituosas que abren el diálogo entre desconocidos.

“En El Burladero la barra tiene algo muy especial: permite una experiencia mucho más cercana y relajada. Muchas veces viene gente sola a comer y la barra termina siendo un lugar ideal porque no se siente aislada; al contrario, se genera una dinámica natural con quienes están al lado, con el equipo del salón y con el movimiento del restaurante. Eso hace que la experiencia sea mucho más amena”, dice Marianela Olivera, gerenta de El Burladero.

El tapeo, como arraigada costumbre social española, también ayuda a romper el hielo. “Es una cocina que invita a compartir, a comentar lo que uno está comiendo y a recomendar un plato o preguntar qué pidió el otro. Pasa con las tapas, con los arroces, con el pulpo y con tantos clásicos de la cocina española que despiertan conversación de manera muy espontánea. Nos interesa que la barra no sea solo un lugar de paso sino un espacio donde alguien pueda venir solo, comer bien, disfrutar, sentirse cómodo y, si se da, también conectar con otras personas. Ese intercambio genera un momento de encuentro y una sensación de comunidad dentro del restaurante”, agregó.

Todos los días, mediodía y noche. Pres. José Evaristo Uriburu 1488.

IG: @elburladerorestaurante

Niño Gordo

Inaugurada en 2017, la parrilla asiática se convirtió en uno de los lugares favoritos de Palermo Soho por su mix de sabores de Oriente -principalmente Japón, Tailandia, Vietnam, China, Corea y Taiwán- unidos a la gastronomía porteña. Y también por su decoración perfecta para las selfies e Instagram. El concepto fue tan exitoso que ya abrieron una sucursal en Estados Unidos.

Después de atravesar el salón, con lámparas rojas, paredes empapeladas y peceras, se llega a la barra que está al frente de la cocina. Son apenas once lugares -un buen detalle: el número impar- ideales para conversar con los cocineros, los vecinos o, simplemente, pasar el tiempo observando el frenético servicio o las decenas de pequeños juguetes de animé, arcade y música que están frente a la barra.

El favorito de muchos y un clásico de la casa -quizá también el plato que mejor resume la fusión del restaurante- es el tataki de bife con yema de huevo, wasabi y shiso. En el restaurante que alcanzó el puesto 21 del ranking Latin America’s 50 Best 2025 también son recomendables los tacos de pollo al estilo pekinés, con salsa hoisin y verduras encurtidas. “Es mejor agarrar el pollo con la mano”, recomienda el chef. Alguien mira al costado, se anima. Y la charla empieza, sin prisa.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/4-barras-portenas-para-los-que-buscan-disfrutar-de-una-buena-comida-a-solas-nid17042026/

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