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700 días sin jugar, lesiones y él último en entrar a la selección, detrás del milagro que clasificó a Austria: “Sin palabras”

Saša Kalajdžić, es el protagonista de una hazaña épica, y seguramente jamás imaginó que su nombre recorrería el planeta entero. Tras haber caminado tantas veces por el desierto de las lesio...

Saša Kalajdžić, es el protagonista de una hazaña épica, y seguramente jamás imaginó que su nombre recorrería el planeta entero. Tras haber caminado tantas veces por el desierto de las lesiones y las frustraciones, él guardaba un secreto que había aprendido a la fuerza: que las adversidades enseñan, que rendirse no es una opción y que siempre vale la pena intentarlo una vez más.

Mientras los flashes del planeta fútbol encandilaban Dallas, celebrando el gran tiro libre de Lionel Messi —su sexto festejo en la Copa del Mundo— que sellaba el 3 a 1 de la Argentina de Scaloni ante Jordania, a unos 800 kilómetros de distancia el drama era absoluto. Bajo la sombra del coloso que es el Estadio Arrowhead de Kansas City, el reloj marcaba el minuto 95 y Austria caía 3 a 2 ante Argelia. Esa derrota no solo significaba el fin del partido; era el adiós definitivo de Austria al Mundial, ya que los tres puntos acumulados los dejaban fuera de la lista de los mejores terceros. En las tribunas y detrás de las pantallas, el silencio lo inundaba todo: casi nadie se atrevía a creer en un milagro. La desazón de los hinchas era total. Niños y grandes agarrándose la cabeza, algunos lloraban y otros parecían no reaccionar.

Sin embargo, este hermoso deporte vive de las historias que desafían a la lógica, de hombres comunes que se visten de héroes silenciosos para reescribir los planes del destino y regalarle una caricia al alma de toda una nación.

Por eso, cuando el fútbol le regaló esa última pelota, su grito sagrado no fue solo un gol; fue un abrazo infinito con sus compañeros y con millones de austríacos que, como él, eligieron creer. Kalajdžić tuvo su merecida revancha, demostrándonos a todos que la vida, aun cuando ya no esperás nada de ella, siempre te guarda una oportunidad para volver a empezar.

Un joven espigado y muy alto

El camino de Kalajdžić en el fútbol nunca se pareció al de las promesas destinadas al éxito inmediato. En sus comienzos en Austria, su físico llamaba la atención de una manera particular: era un joven espigado, muy alto, que jugaba como mediocampista central y al que muchos miraban con desconfianza por su particular fisonomía.

Sin embargo, detrás de esa figura delgada se escondía una técnica sutil y, sobre todo, un sueño inquebrantable. Él no buscaba los flashes; anhelaba un lugar en el mundo para demostrar que su altura no era una limitación, sino su mayor virtud. Su reconversión a delantero en el Admira Wacker fue el primer gran guiño del destino, el momento en que sus goles empezaron a gritarle al fútbol austríaco que estaban ante un jugador diferente.

Una plaga de lesiones

El salto al Stuttgart de Alemania parecía el inicio del cuento de hadas, pero la vida le tenía preparada la primera de sus pruebas más duras. Apenas llegó, una rotura de ligamentos cruzados lo obligó a bajarse de los escenarios antes de debutar. En lugar de rendirse, transformó el dolor de los meses de rehabilitación en combustible. Regresó más fuerte, se convirtió en el goleador del equipo y despertó el interés de la Premier League inglesa. Pero el destino volvió a ser esquivo: al debutar con el Wolverhampton, su rodilla derecha volvió a ceder. Dos veces la misma pesadilla en el pico de su carrera. Para cualquiera hubiese sido el final del guion, el momento de colgar los botines bajo la frustración. En total, había estado casi 700 días sin jugar.

Para Kalajdžić, sin embargo, cada paso por el quirófano fue una lección de resiliencia. Aprendió a convivir con la incertidumbre, a celebrar las pequeñas victorias diarias en un gimnasio solitario y a entender que el tiempo del cuerpo no siempre coincide con la ansiedad de los calendarios. Forjó una mente inquebrantable a base de caídas y reconstrucciones.

¿Cómo llegó a ser parte de la lista del Mundial 2026?

El regreso de Kalajdžić a la selección no fue una convocatoria más; fue una verdadera carrera contra el reloj y contra los pronósticos médicos. Tras sufrir su tercera rotura de ligamentos cruzados en febrero de 2024, el gigante austríaco pasó meses interminables en la sombra de los gimnasios, reconstruyendo su rodilla y su confianza en el Lask de su país. Mientras el director técnico alemán Ralf Rangnick diagramaba la lista, su nombre parecía una utopía. Sin embargo, su evolución en la recta final de la liga local y su inquebrantable fortaleza mental empezaron a torcer el destino. Rangnick lo observaba de cerca, sabiendo que el delantero estaba jugando el partido más importante de su vida fuera de las canchas.

Cuando los plazos de la FIFA apremiaban y el margen de error era nulo, el cuerpo técnico decidió esperarlo hasta las últimas consecuencias, incluyendo su nombre casi sobre el cierre definitivo de la lista de 26 futbolistas. Fue un acto de fe mutua: el entrenador confiaba en el peso de su jerarquía y el jugador le demostraba al mundo que el esfuerzo silencioso siempre rinde sus frutos. Pasó de la incertidumbre absoluta de no saber si volvería a pisar de manera profesional un campo de juego, a ganarse el último boleto disponible hacia la gran cita máxima.

“Si alguien me hubiera dicho hace dos años que jugaría el próximo Mundial, no le hubiera creído. Trabajé muy duro durante mucho tiempo y, de alguna manera, siempre mantuve la fe sin ponerme demasiada presión encima. No puedo describirlo con palabras. Estoy infinitamente agradecido de haber recuperado mi forma, de encontrar el ritmo adecuado y de coronar este viaje con un lugar en la Copa del Mundo”, expresó Kalajdžić al enterarse de que era parte de la lista.

Tras el sorpresivo gol del experimentado Riyad Mahrez al minuto 93 (90+3′) que ponía a Argelia en ventaja por 3 a 2 y dejaba a Austria completamente eliminada del Mundial, Rangnick quemó las naves. Como se suele decir en el fútbol: mandó toda la carne al asador. Decidió el ingreso del gigante de dos metros, Kalajdžić, en el minuto 94 en reemplazo del defensor Phillipp Mwene, buscando poblar el área con juego aéreo.

“Estoy sin palabras, muy feliz pero también en estado de shock”

La jugada del milagro nació apenas un minuto después de su ingreso y en lo que fue su primer y único toque de pelota en todo el partido. Con el reloj ahogándose, uno de los laterales austríacos desbordó por la izquierda y tiró un centro directo al corazón del área grande de Argelia. El delantero Michael Gregoritsch saltó con todo entre los defensores argelinos y logró ganar la posición alta, conectando un impecable cabezazo que cruzó la trayectoria de la pelota hacia el segundo palo. Entrando como una tromba por detrás de todos, Kalajdžić aprovechó su imponente físico y, anticipándose a la salida del arquero Oussama Benbot, metió un frentazo directo a la red.

“Para ser honesto, no sé qué decir, es increíble. Son escenas increíbles. Después de que nos marcaron el gol, pensé: ‘Bueno, voy a mostrarme. Estoy listo’. Y gracias a Dios tuvimos esa oportunidad y la convertimos. Creo que toda Austria está aliviada y nosotros estamos aliviados ahora mismo. Estoy sin palabras, muy feliz pero también en estado de shock”, declaró a la televisión austríaca.

Fue pura magia que transformó el drama en una fiesta inolvidable. Abajo en la cancha, el plantel y el cuerpo técnico se perdieron en un abrazo ensordecedor, mientras arriba, en las tribunas, las lágrimas de emoción de los hinchas sellaban una comunión perfecta. Nadie quería irse del estadio; querían estirar ese minuto 95 para siempre. Con esa mística que solo tienen los que saben resurgir, Austria selló su boleto directo a los 16avos de final. Ahora, con el pecho lleno de ilusión, se preparan para otra cita con la historia: este miércoles, frente a frente ante España, uno de los candidatos.

La revancha de Kalajdžić es el triunfo de la voluntad sobre el dolor. Un grito sagrado que traspasó fronteras para transformarse en un mensaje universal: por más largo y oscuro que sea el desierto, siempre vale la pena intentarlo una vez más.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/700-dias-sin-jugar-lesiones-y-el-ultimo-en-entrar-a-la-seleccion-detras-del-milagro-que-clasifico-a-nid01072026/

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