Argentina, el país del estrés
Hoy, Día Mundial de la Conciencia sobre el Estrés, nos encontramos frente a un diagnóstico ineludible: según un reciente informe de Statista Consumer Insights, Argentina encabeza el ranking mun...
Hoy, Día Mundial de la Conciencia sobre el Estrés, nos encontramos frente a un diagnóstico ineludible: según un reciente informe de Statista Consumer Insights, Argentina encabeza el ranking mundial de ansiedad y estrés cotidiano. Con un 49% de nuestra población adulta reportando síntomas frecuentes en el último año, superamos ampliamente a naciones como Finlandia (45%), Canadá (42%) y Estados Unidos (39%). Las cifras y lo que se ve a diario en el consultorio lo confirman: hoy, más que nunca, somos “el país del estrés”.
Pero, ¿qué significa esto realmente para nuestra salud física y mental? Es fundamental comprender que el estrés, en su naturaleza originaria, no es nuestro enemigo. Nos ha permitido adaptarnos a cada momento y tener herramientas para sobrevivir a lo largo de los siglos. Como suelo advertir a mis pacientes, sin estrés, nos morimos.
El verdadero peligro de la vida moderna surge cuando esta reacción adaptativa no desciende y se vuelve constante. Si el sistema de alerta no se apaga, el cortisol inunda nuestro cerebro, nos hace perder la objetividad y desarregla todo nuestro organismo. Es allí cuando cruzamos la línea hacia el estrés crónico, abriendo la puerta a síntomas severos como la desmotivación, el cansancio extremo, la depresión, problemas musculares, úlceras, afecciones dérmicas y la hipertensión.
A menudo se culpa exclusivamente a la coyuntura del país, pero lo cierto es que todo tiene que ver con cómo uno vive y percibe el contexto. Para explicar esto, me gusta utilizar la regla de la sigla CINE: Control, Imprevisibilidad, Novedad y Ego, de la Dra. Sonia Lupien -fundadora del Centro para la Investigación sobre el Estrés Humano en Montreal (Canadá)-. Es la “película” personal que cada uno se genera frente a estos factores lo que detona nuestra alarma interna.
En este escenario de incertidumbre e irritabilidad cotidiana, me preocupa especialmente la vulnerabilidad de dos extremos de nuestra sociedad. Por un lado, los adultos mayores, que son quienes más se estresan debido a que poseen menos herramientas de gestión y sus cerebros son mucho más sensibles al daño del cortisol. Por el otro, los niños, que actúan como esponjas y reciben todo el estrés parental. A esta fórmula debemos sumarle un agravante contemporáneo: el uso del celular y las redes sociales, que se han convertido en un alto estresor, impactando tremendamente sobre todo en los jóvenes.
En definitiva, este 16 de abril es una verdadera oportunidad para repensar nuestra cotidianidad. El estrés siempre estará allí, acompañándonos como un mecanismo de supervivencia ineludible. La diferencia radica en nuestra actitud frente a él y aprender a gestionarlo de manera consciente.
Propongo comenzar por identificar la causa específica de nuestro malestar y poner en marcha herramientas fisiológicas sencillas pero poderosas: aprender a respirar con el abdomen, lo cual activa directamente el nervio vago y logra bajar los niveles de cortisol, comer con menos sal y salir a caminar para poner en movimiento el cuerpo.
Si logramos detenernos a mirar un paisaje, sentir la brisa fresca, mover el cuerpo y valorar el encuentro genuino con nuestros amigos, estaremos dando el primer gran paso para dejar de sobrevivir en piloto automático y empezar, por fin, a vivir con mayor plenitud.
Especialista en endocrinología clínica
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/argentina-el-pais-del-estres-nid16042026/