Barbitúricos y cocaína: la trágica muerte de la princesa Leila y el desconsuelo de su madre, Farah Diba
La foto en blanco y negro de Leila Pahlavi, sobre su tumba, en el cementerio de Passy, en el glamoroso distrito XVI de París, Francia. La foto de Leila, con la sonrisa leve y la mirada calma, rode...
La foto en blanco y negro de Leila Pahlavi, sobre su tumba, en el cementerio de Passy, en el glamoroso distrito XVI de París, Francia. La foto de Leila, con la sonrisa leve y la mirada calma, rodeada de rosas amarillas y pequeñas rosas rococó, velas y banderas verdes, blancas y rojas de Irán. La foto de Leila en portarretratos y en afiches, pegada a la tumba de su abuela materna, Farideh Ghotbi Diba, y rodeada por centenares de exiliados iraníes reunidos para homenajearla cuando se cumplen veinticinco años de su muerte.
Leila, la menor de los cuatro hijos que la emperatriz Shahbanu Farah Pahlavi (87) –a quien todos recuerdan como Farah Diba– tuvo con Mohammad Reza Pahlavi, quien fue sha de Irán hasta su derrocamiento, en 1979, fue encontrada sin vida por los empleados del Hotel Leonard de Londres el 10 de junio de 2001. La princesa tenía 31 años y su muerte temprana sacudía otra vez a la familia real iraní: al exilio obligado tras la Revolución islámica iniciada por el ayatolá Jomeini se sumarían más tragedias, empezando por la muerte del sha, el 27 de julio de 1980, como consecuencia de un linfoma. Desde entonces, cada año, la diáspora iraní organiza homenajes en su honor en varias partes del mundo, en solidaridad con el dolor de su madre, Farah Diba, la primera y única emperatriz coronada del Irán moderno.
“Desde el fondo de mi corazón, agradezco a mis queridos compatriotas por esta solidaridad y empatía. En la esperanza de la victoria de la luz sobre la oscuridad”, dice parte del texto que ella publicó en junio en sus redes. En Memorias, la autobiografía que salió a la luz en Europa en 2003, Farah Diba reconoció que nunca se recuperó de la muerte de su hija.
UNA NIÑA DE IRÁN
“Leila era una niña de Irán; leal a su patria, enamorada de su padre y familia, y dedicada a sus compatriotas. Aunque vivió lejos de su patria, su amor por Irán nunca dejó su corazón, y nunca perdió la esperanza de la libertad y la prosperidad de su patria hasta los últimos días de su vida. Hoy (…) la memoria de Leila está viva con nosotros más que nunca”, escribió en estos días Reza Pahlavi, primogénito de Farah Diba y Reza Pahlavi y, en la actualidad, una de las caras visibles de la oposición al régimen iraní en el exilio, sobre su hermana menor. Leila había nacido el 27 de marzo de 1970 y vivió en Teherán hasta los 9 años cuando debió exiliarse junto con sus padres y con sus tres hermanos mayores, los príncipes Reza (65), Farahnaz (63) y Alí. Si bien en el exterior la familia real no tuvo nunca traspiés económicos , Leila arrastraba angustias con las que no pudo lidiar.
Detrás del “trágico fallecimiento después de una larga enfermedad”, tal como se leía en el texto que la familia real publicó veinticinco años atrás para comunicar su muerte, se escondían trastornos emocionales que se remontaban a su adolescencia, problemas de autoestima, depresión, angustia por no haber podido estar junto con su padre en sus últimas horas, anorexia nerviosa, bulimia y varios intentos de suicidio. Tras descartar muerte violenta y otras hipótesis, las autoridades británicas confirmaron que la princesa se había quitado la vida de manera voluntaria: además de restos de cocaína, la autopsia reveló que había ingerido cuarenta comprimidos de la familia de las benzodiazepinas y más de cien barbitúricos, una dosis que, en su momento, asombró a los forenses. Los informes revelaron que la princesa tenía una adicción de larga data. La policía determinó que la gran cantidad de fármacos que había en la habitación del Hotel Leonard provenían de recetas firmadas por el doctor Iqbal, médico de cabecera de la princesa. En su declaración, Iqbal dijo que la hija del sha de Irán había sustraído de su consultorio varias recetas de tranquilizantes que eran para otros pacientes.
EL DOLOR INSONDABLE
“No te sobrepones a la muerte de un hijo, y desde aquel 10 de junio de 2001, lloro en silencio a mi pequeña Leila”, se lee en Memorias, la autobiografía de Farah Diba, quien en la actualidad vive entre Francia y los Estados Unidos. En sus páginas, la viuda del sha de Irán confiesa que la desaparición de su hija la sumió en una desesperación insondable: “Yo, que en unas pocas palabras puedo consolar a un viejo general y devolver la esperanza a los jóvenes iraníes desarraigados. Yo, que según dicen soy capaz de ayudar a una comunidad expulsada de su tierra, no conseguí ayudar a mi propia hija. Esta impotencia me atormenta cada día”.
En 2011, una década después de la muerte de Leila, se sumó una nueva tragedia: el príncipe Alí, el tercero de los hijos, se suicidó con un arma de fuego en su departamento de Boston, Estados Unidos, tras una larga depresión que –aseguran– se habría acentuado por la muerte de su hermana menor.