Black Eyed Peas: nostalgia millennial, hits imbatibles y una propuesta de matrimonio en el Movistar Arena
Recital: Black Eyed Peas. Músicos: Will.i.am (voz), Apl.de.ap (voz), Taboo (voz), J. Rey Soul (voz), George Pajon Jr. (guitarra), Keith Harris (batería). Lugar: Movistar Arena. Nuestra opinión: ...
Recital: Black Eyed Peas. Músicos: Will.i.am (voz), Apl.de.ap (voz), Taboo (voz), J. Rey Soul (voz), George Pajon Jr. (guitarra), Keith Harris (batería). Lugar: Movistar Arena. Nuestra opinión: Bueno
Cuando el filósofo alemán Hermann Lübbe desarrolló el concepto de “contracción del presente” en 1992, los integrantes de Black Eyed Peas eran apenas unos adolescentes que experimentaban con el rap. Once años después, gracias a “Where’s the love?” y a una seguidilla de hits imbatibles, se convirtieron en uno de los grupos más relevantes de esa década, abanderados de la fusión de pop y hip-hop que dominó los charts en ese período, en el que artistas como Jennifer Lopez, Christina Aguilera y hasta Carlos Santana recurrían a un rapero para cosechar éxitos. Sin embargo, a partir de 2010, su relevancia disminuyó y, en la actualidad, por más que siguen sacando canciones nuevas, no puede evitar encarnar su propia nostalgia. Su cuarta visita a la Argentina se vivió de esa manera, como el recuerdo de una adolescencia tardía en la que el trío, sin la cantante Fergie en sus filas, perdió su poder de fuego, y que, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, suena un tanto fuera de tiempo.
Will.i.am, Apl.de.ap y Taboo formaron los Black Eyed Peas a fines de los 90. En ese entonces eran un grupo más de la escena underground del hip-hop de California que buscaba ganarse un lugar en el mainstream, tal como lo habían logrado Jurassic 5 y, un poco antes, Cypress Hill. Sus dos primeros discos, a pesar de tener invitados como Macy Gray, Wyclef Jean y De La Soul, pasaron inadvertidos. Con su tercer álbum, Elephunk, viraron al pop y su popularidad estalló en todo el mundo. La clave del éxito estuvo en la incorporación de Fergie, una carismática y talentosa vocalista que le dio al grupo el brillo, la potencia y el sex appeal que necesitaban para llamar la atención.
Hasta su pausa en 2011, coronada por un show de medio tiempo en el Super Bowl, los Black Eyed Peas mantuvieron su hegemonía en los charts. Su gira actual es una playlist sin pausas de todos esos temas que marcaron a una generación entera que, como quedó demostrado anoche, sigue abrazada a ellos. Vale enumerar algunos: “Let’s Get It Started”, “Shut Up”, “My Humps” (estupendamente parodiado por Alanis Morissette para dejar al descubierto su vacuidad), “Don’t Phunk with my Heart”, “I Gotta Feeling”. Todos sonaron sin cesar en la radio y en MTV. Decir que las canciones se suceden sin parar no es una expresión, sino una descripción literal: el espectáculo está hecho en un formato de DJ set en el que el grupo se desliza a través del repertorio propio y ajeno -interpretaron fragmentos de “I Wanna Dance with Somebody” de Whitney Houston, “Walk This Way” de Aerosmith, “Seven Nation Army” de The White Stripes y “Don’t Stop ‘til You Get Enough” de Michael Jackson, entre otros- sin tomarse un respiro, con el guitarrista George Pajon Jr. y el baterista Keith Harris marcando el tiempo.
Tal vez fue la forma que encontraron de mitigar la falta de Fergie, que, tras reunirse con sus compañeros en 2015, se fue dos años después para desarrollar su carrera solista, aunque hace tiempo que está alejada de la esfera pública. Sin su activo más importante, el trío convocó a J. Rey Soul, finalista de la edición filipina del reality musical La Voz, por iniciativa de Apl.de.ap, que también nació en el país asiático y fue jurado del programa. Su rol, sin embargo, es secundario, tanto en el escenario como en los últimos discos de Black Eyed Peas, Elevation (2022) y Translation (2020). Su voz es sublime, pero, tal como quedó demostrado en sus anteriores visitas al país, es una tarea titánica superar el magnetismo de su antecesora.
Como expertos en el pop, frente a la pregunta de qué podían ofrecer en esta década, la respuesta fue aggiornarse a las tendencias actuales. Por eso en ambos trabajos no solo explotaron al máximo las colaboraciones -un recurso que han sabido manejar a la perfección-, sino que lo hicieron con las principales figuras de la música latina actual, desde Shakira hasta J Balvin, pasando por Ozuna y Anitta. Tomando la iniciativa de hablar en español, Will.i.am buscó la complicidad del público durante el segmento reggaetonero de “RITMO (Bad Boys for Life)” y “Mamacita”, pero hasta los centennials se mostraron desorientados. Después de dieciséis años de ausencia, muchos olvidaron las raíces latinoamericanas de los Black Eyed Peas, que acá versionaron a Juanes, Elvis Crespo y Jorge Ben Jor, cuyo “Mais que nada” volvió a ser entonado anoche.
“Me quiero sentir bien argento”, confesó Taboo, de ascendencia mexicana, antes de empezar su set estelar. Sacó un mate, tomó un sorbo y se lo entregó a la audencia. “Es un gran honor ser latino en Argentina”, expresó. Will.i.am lo acompañó en la batería, tal como lo hizo durante el segmento de Apl.de.ap, que cantó “Mabuti” y “Bebot”, dos composiciones que contienen estrofas en filipino. Cuando llegó su turno, dio un golpe de efecto con dos temas de su carrera solista, “#thatPOWER” y “Scream & Shout”, sus feats con Justin Bieber y Britney Spears. “Me acuerdo de tener 15 años, estar todo quebrado y bailar esta canción”, le dijo un asistente a su amiga mientras bailaba y cantaba sorprendido por su inclusión en el show. Ahí es donde los Black Eyed Peas son efectivos: en tocar esas fibras sensibles de la memoria individual y colectiva que transportan al oyente hacia los mejores recuerdo de una juventud que atravesó todo un proceso de digitalización de su vida social, del club a la sala de chat, y de ahí a las redes sociales.
Con ese ánimo, “Pump it” constituyó el momento más intenso de la noche. Con Pajon tocando el riff de “Misirlou” de Dick Dale -reivindicado por Quentin Tarantino en Pulp Fiction y luego llevado a una nueva generación por los Black Eyed Peas- se armó un pogo digno de un show de rock and roll.
Para el final, sonó “Where’s The Love?” y Will.i.am aprovechó para decir que la Argentina es parte de su familia y que quería cumplirle el sueño a una persona. Invitó a la cantante de pop indie Morobep, que es integrante del club de fans local del grupo, y, mientras cantaba con ellos, su novio, el locutor Feche Insaurralde, subió al escenario para proponerle matrimonio y provocar el momento más viral de la noche. La pareja se conoció en un show de los Black Eyed Peas y desde entonces sus canciones sellaron su historia de amor.
En un mundo hostil que cambia demasiado rápido y en el que los éxitos son efímeros, los Black Eyed Peas ofrecen un viaje a un pasado reciente donde los millennials empezaban a escuchar música en MP3 y no vivían bombardeados por las notificaciones del celular, una época en la que los hits no perdían vigencia. Durante más de 90 minutos, toda una generación detuvo el reloj para volver, al menos por un rato, a una adolescencia en la que, lejos de farmear aura, salir a bailar todavía era un excelente plan.
3 stars