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“Construimos casas”: la conmovedora misión de un colegio de zona norte en el Impenetrable

Después de tres décadas de viajes solidarios al Impenetrable santiagueño, un colegio de Boulogne, en San Isidro, quiso involucrarse mucho más para ayudar a las familias de esos parajes: los alu...

Después de tres décadas de viajes solidarios al Impenetrable santiagueño, un colegio de Boulogne, en San Isidro, quiso involucrarse mucho más para ayudar a las familias de esos parajes: los alumnos de la secundaria Goethe decidieron construirles casas de ladrillos de barro. Exactamente, una por año.

La primera la levantaron en 2025. Fue para una pareja y su hijo de 11 años, que compartían un rancho con otros siete familiares. Y la semana pasada construyeron la segunda casa.

El Programa de Aprendizaje en Servicio Solidario nació hace 34 años y no deja de crecer. “Son proyectos que proponen un encuentro de culturas y personas, destacando los valores de respeto, verdad, justicia, compromiso social y participación ciudadana. Preparamos a los alumnos para que sean animadores socioculturales tanto en el colegio como en comunidades vulnerables cercanas y lejanas”, explica la vicedirectora de la escuela secundaria, Cecilia Barrio.

Los estudiantes dan apoyo escolar y charlas de orientación vocacional y prevención de adicciones en el monte santiagueño, organizan huertas y comedores solidarios, enseñan prácticas de higiene bucal y comparten juegos con los más chiquitos. Pero además, en 2024 propusieron construir una casa cada año en alguna de las 23 comunidades de San José del Boquerón, con recursos locales y ayuda del estudio de arquitectura AtelierM, de Carolina Tobar y otros profesionales.

“El año pasado pusimos manos a la obra y surgió un intercambio de saberes, técnicas, tradiciones y miradas con los pobladores, muy arraigados a su tierra. Aprendimos a elaborar adobe y ladrillos para las obras, y un adulto mayor del monte nos enseñó a impermeabilizarlas con aceite de lino”, agrega el coordinador del programa, Sebastián Nicoli.

La primera casa

Para levantar la primera “Casa Goethe”, se eligió el paraje Iscay Pozo, donde viven unas 35 familias. Allí no hay luz eléctrica ni caminos, el agua proviene del río Salado y varias familias comparten pequeños ranchos. La mayoría de los pobladores se dedican a la preparación del carbón en la zona o a la cosecha de aceitunas en La Rioja.

“Me incorporé el año pasado al programa y me nutrió mucho el intercambio con los chicos de la escuela secundaria de allá, que trabajaron con nosotros durante una semana en la construcción de una casa con materiales naturales, como adobe y yuyos –recuerda Sofía Audisio, de 17 años, que cursa sexto año Económico–. Volví enriquecida con todo lo que aprendí sobre un lugar donde bañarte, comer y tomar agua potable pueden no ser cosas cotidianas. Otros recuerdos imborrables son mi primera estrella fugaz, que vi mientras tocábamos la guitarra bajo el cielo estrellado y la reflexión que escribía cada noche”.

“El programa me aportó empatía y un montón de valores que me forman como persona. El Impenetrable es tan inhóspito como lindo, con un clima seco y caluroso en octubre. Y fue hermoso descubrir los resultados de los talleres, donde habíamos hecho bajo mesadas y otros muebles. Transportamos y barnizamos las maderas, levantamos la casa con adobe, hicimos una huerta y pintamos una casita para el jardín. El nene que iba a vivir en la casa, Santino, nos ayudaba y me enseñó a usar el hacha para cortar leña. Todo es un ida y vuelta”, agrega Bautista Álvarez Passaro, de 16 años, que va a 5° Bachillerato Alemán.

La casa quedó lista para Enzo, de 22 años, y María, de 25, mamá de Santino, de 11. Hasta el año pasado vivían en la casa de los padres de él, Domingo y María, y sus hermanos Yésica, Tere, Gonzalo, Sofía y Mayra.

“Éramos muchos en el rancho de dos habitaciones, comedor y baño. Enzo y María querían tener su propio lugar, por eso aprovecharon la propuesta de la escuela. Santino ayudó mucho, feliz porque ahora tienen dos cuartos para ellos solos”, cuenta Domingo, trabajador golondrina en la cosecha de aceitunas, de pocas palabras.

Un lugar para toda la comunidad

La semana pasada regresaron a la zona unos 20 alumnos, entre ellos siete estudiantes alemanes de intercambio, y ocho adultos: una madre que es médica, la arquitecta, la vicedirectora, el coordinador, dos docentes, el jefe de mantenimiento y Carola Uncal, de la Comisión Directiva de la Goethe-Schule y el grupo Padres Solidarios.

“La idea es que mientras se construye cada casa junto a los alumnos de la escuela secundaria de allá, todos los pobladores vayan aprendiendo a hacer sus propias viviendas. El año pasado llegaron tímidamente y después trabajaron todos. Por eso ahora hicimos una casa en el centro de San José del Boquerón –donde llegan el ripio y la luz eléctrica–, para facilitar las tareas de la Asociación Civil de Padres Solidarios, llamada Amigos de Boquerón, y para que todos los vecinos pudieran acercarse y luego replicar las obras”, explica Carola. En Boquerón viven unas 120 familias.

“Es la tercera vez que viajo. La primera fuimos a dar charlas, la segunda construimos una casa y ahora hicimos otra. Por un lado, todas las actividades lograron que viéramos al equipo con el que convivíamos como una familia. Y por otro lado, el reencuentro con los niños, como Maia y Lolo, fue increíble. Enseguida vinieron a abrazarme y en la despedida me pedían por favor que no me fuera y volviera pronto. Son cariñosos, te abrazan y agradecen con cartitas y dibujos llenos de brillitos”, relata Lucía Oroquieta, de 16 años, que cursa 5° año Económico.

“El hecho de ver cómo las comunidades disfrutan tanto el día a día te hace desear tener un estilo de vida muy parecido al de ellos y valorar lo que tenés. Porque después tenés que volver a la rutina, las preocupaciones y el pensar constantemente en el mañana”, agrega.

“Mi experiencia en Boquerón fue mucho más que un viaje de siete días para construir una casa, visitar escuelas y compartir tiempo juntos, porque terminé llevándome muchísimo más. Aprendí el valor de trabajar en equipo, ayudar a los demás y valorar cosas que muchas veces damos por hechas. También pude conocer mejor a personas con las que antes no tenía tanta relación, fortalecer amistades y vivir momentos llenos de risas y recuerdos. Boquerón me dejó enseñanzas, nuevas amistades y experiencias que seguramente voy a recordar por mucho tiempo”, cuenta Juan Ignacio Muñoz, 16 años, de 5° Bachillerato Alemán, que tuvo que ponerse al día con su nivel de alemán para hacer realidad su primer viaje.

Los chicos describen Boquerón como un paraje con pocos ranchos de barro con techo de paja, con muchos perros, chanchos, cabras, gallinas y pollitos. “Nosotros dormíamos en el colegio secundario, por eso van a agregar un quincho y taller en la casa nueva, para que nos alojemos durante los viajes y se dicten cursos de oficios y orientación vocacional”, agrega Luchi.

En la nueva casa –a la cual aún le faltan partes del techo y otros detalles, de los cuales se están ocupando los lugareños– vivirá María Luisa Quadri, a quien todos llaman Mary o “Seño”, una porteña de 80 años que trabaja incansablemente desde hace más de cinco décadas en el Impenetrable santiagueño y fue designada como directora de la asociación.

“En 1970, a los 23 años, me recibí de maestra y psicopedagoga en la Universidad de El Salvador y viajé con un grupo jesuita. La idea era donar un año de mi vida con tareas solidarias, pero me quedé nueve. Después trabajé 31 años en la escuela del paraje Manga Bajada”, cuenta con voz juvenil y mucha energía a través de un llamado de WhatsApp por el cual se escuchan gallos, cabritos y perros.

“Una vez jubilada, me quedé acá para ayudar a los pobladores, muchos descendientes de vilelas y quechuas, sobre todo en educación”, cuenta Mary, que primero vivió en un rancho con una familia, luego en una casita en la parroquia y ahora alquila otra en el centro de Boquerón. Hasta allí se acerca la gente para pedirle ayuda con temas como sus ganas de estudiar, los problemas de sus hijos y la necesidad de remedios o viajes a los hospitales de Tucumán o Santiago.

El Programa de Aprendizaje en Servicio Solidario se autofinancia a partir de la gestión de los Padres Solidarios a través de Noches Solidarias (la próxima será el 16 de octubre), la Feria de Navidad, varias colectas anuales (este año salieron muebles, alimentos no perecederos, ropa, útiles escolares, bicicletas y juguetes para los inundados del Impenetrable santiagueño) y otros eventos socioculturales para recolectar fondos, todo a pulmón y con mucho amor.

Cómo ayudar

El colegio Goethe tiene un programa para apoyar a la comunidad del Impenetrable.

Podés apadrinar a un estudiante de las comunidades del Impenetrable santiagueño que desea continuar sus estudios terciarios y/o universitarios o sumar tu aporte económico a través del alias de Mercado Pago: GOETHE.PASPodés escribir para solicitar más información a padressolidarios@goethe.edu.arConocé más sobre el colegio en su sitio web

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/construimos-casas-la-conmovedora-mision-de-un-colegio-de-zona-norte-en-el-impenetrable-nid08092026/

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