Empezó con una máquina de US$500 y hoy Lali usa sus botas
Lali Espósito eligió unas botas Napoleón diseñadas por Damiano Mosca y fabricadas artesanalmente en San Francisco, Córdoba. Después le mandó un audio para agradecerle al diseñador y a todo ...
Lali Espósito eligió unas botas Napoleón diseñadas por Damiano Mosca y fabricadas artesanalmente en San Francisco, Córdoba. Después le mandó un audio para agradecerle al diseñador y a todo su equipo por el trabajo. “Compró como una clienta más y fue maravilloso porque representa perfectamente lo que hacemos, la integración, el estilo, todo”, cuenta Mosca a LA NACION.
Detrás de esa compra hay una historia más larga y que también explica por qué, para Mosca, Lali encaja casi perfectamente en el público que buscó construir durante años: personas que no quieren que el calzado sea un accesorio más, sino una parte central de su identidad.
“Los que se acercan buscan lo diferente, quieren ser bien atendidos y eso hacemos: estar full time al servicio de ellos”, apunta el diseñador, de 40 años. Su cliente no es quien busca un zapato clásico, sino quien está dispuesto a “combinar colores, texturas y prendas, que conoce de moda y de arte y que utiliza la ropa para construir una determinada imagen”.
“Hago productos para gente que se anima a armar un look, que conoce de arte y de moda, que entiende de combinación de colores, de texturas —explica—. Quien se acerca ya viene sabiendo lo que se va a encontrar”.
Por supuesto, Mosca no compite por cantidad. Su fábrica, instalada en San Francisco, tiene una capacidad de producción de entre 30 y 40 pares mensuales. Es una escala pequeña para la industria del calzado, pero deliberada para un emprendimiento que construyó su diferencial alrededor del diseño.
Mosca estudió Diseño Industrial en la Universidad Nacional de Córdoba y cursó algunos años de Ingeniería Industrial. Su familia es dueña de una industria metalúrgica y, asegura, desde el comienzo tuvo su “mirada puesta en la producción”.
“Ya en el mundo del diseño entendí que la moda era parte, que movía la producción, la venta de productos diferenciados, tener una línea de visión de la estética”, recuerda.
Desde segundo año de la carrera comenzó a enfocarse en el calzado. No lo miraba solamente como una cuestión de tendencia: quería entenderlo como producto, cómo se diseñaba, cómo se fabricaba y qué había detrás de las marcas internacionales que empezaba a estudiar.
Cuando todavía estaba terminando la carrera recibió una convocatoria de una marca de autor de Buenos Aires y se incorporó a un proyecto interdisciplinario. Después se capacitó en Espacio Buenos Aires, donde estudió moldería y Fashion Business. “Me empecé a meter, era intrépido, andaba buceando”, dice.
Trabajó como diseñador junior en Paruolo y Mishka y durante 12 años vivió en Buenos Aires. En paralelo fue construyendo una idea que nunca abandonó: quería ser diseñador, pero también productor. “El objetivo era hacer una marca donde yo sea creador y productor. Nunca me corrí de ahí”, afirma.
Participó de Buenos Aires Emprende y ganó Actitud Emprendedora, una beca en la Universidad de Pilar: “Venía de capacitación artística y sumé un entrenamiento en negocios, tener una visión pragmática de lo que era crear y poder vender”.
Cuando compró su primera máquina de aparar, por unos US$500, comenzó a fabricar partes de calzado para otras marcas y diseñadores independientes. “Cada cliente que ingresaba significaba una nueva inversión”, indica.
En 2011 registró la marca Felipe Mosca, que lleva el nombre de su hijo, que hoy tiene 20 años y trabaja con él. La venta online y el uso del marketing digital le permitieron ampliar el alcance.
En 2023, Mosca fue seleccionado por Emerging Designers, el espacio de MICAM Milano que reúne a jóvenes talentos internacionales del calzado. La propia feria lo presentó como un diseñador industrial especializado en calzado, con su fábrica, equipo y producción radicados en Córdoba.
Vivió un tiempo en Nápoles, donde trabajó en una fábrica de botas texanas. Pasó por una situación personal de salud complicada y está convencido de que eso también le permitió pararse “de una manera diferente, más firme”.
“En mente tengo ampliarme, dejar de ser emprendedor puramente —acota—. Ya empiezo a verme como empresario. Uso todo material nacional: cueros, tacos, suelas. Llevó tiempo conseguir los proveedores, pero hoy son parte del equipo”.