“Estoy cumpliendo mi sueño”. Tiene 28 años, cantó en el Colón y hoy protagoniza uno de los éxitos teatrales de la cartelera porteña
Criada en una familia donde el teatro, la literatura, la música y las artes visuales siempre ocuparon un lugar central, Belén Bilbao (28) se subió por primera vez a un escenario de chica y nunca...
Criada en una familia donde el teatro, la literatura, la música y las artes visuales siempre ocuparon un lugar central, Belén Bilbao (28) se subió por primera vez a un escenario de chica y nunca más se bajó. Cantante, actriz y bailarina, construyó una carrera tan versátil como sólida, desde su trabajo junto a Cris Morena hasta el crecimiento de Vocat, el trío vocal que integra desde hace una década con Paula Chouhy y Juana Silveyra. Hoy vive uno de los momentos más importantes de su profesión al ponerse en la piel de Tracy Turnblad, la icónica protagonista de Hairspray, el musical dirigido por Fer Dente (en el Teatro Coliseo) que le permitió cumplir un sueño que persigue desde los 5 años: protagonizar una gran comedia musical en la avenida Corrientes.
“Mi linaje materno está ligado al arte y a la actuación amateur. Mi tía abuela, mi abuela y mamá estudiaron actuación, aunque no se dedicaron profesionalmente. Mi madre, que es psicóloga, me anotó a los 5 años en Musical Moments, una escuela de teatro musical cerca de casa, en San Isidro, porque yo ya cantaba e inventaba temas”, arranca Belu, como le dicen sus afectos.
–¿Cuál fue el primer musical que viste?
–No sé si fue el primero, pero sí el que primero me cautivó: El fantasma de la ópera, acá en Buenos Aires. Yo tenía 9 años y recuerdo que salí pensando: “Quiero ser uno de ellos”. Más allá de los musicales, soy muy curiosa, me interesan todas las ramas del arte, en especial las escénicas.
–También sos parte de Vocat, un trío vocal con el que cantaste en el Colón y en el Luna Park. ¿Cuál es la historia?
–Yo a Paula la conozco de toda la vida porque íbamos juntas a la misma escuela de teatro musical. Nos hicimos íntimas desde el minuto uno. Y Juana entró a la misma escuela a los 17. Un día empezamos a cantar juntas, empezamos a subir videos a Instagram y armamos el grupo por diversión, pero terminó siendo un proyecto profesional que nos acompaña hasta el día de hoy y en el que nos sentimos familia. Lo del Colón fue increíble. Llegamos a través del streaming Olga, donde hacíamos coros para Migue Granados. A él lo conocimos por su hermana, Mery, de quien somos muy amigas y que canta increíble. Nos invitaron a participar en el Spinetta Day (organizado por ese streaming), y cantamos “No te alejes tanto de mí” y “Rezo por vos”. Fue espectacular porque hasta tocamos con los músicos de Spinetta y estábamos al lado de artistas consagrados, como David León o Abel Pintos. También fuimos parte de un espectáculo enorme en el Luna Park, hicimos giras por Europa cantando en bares y participando en eventos privados, y acá tenemos muchos clientes con los que hacemos acciones puntuales. Ya trabajamos con marcas como Disney, Carolina Herrera o Patio Bullrich.
–Vos y Paula trabajan en Hairspray, donde curiosamente hacen de mejores amigas.
–Nosotras veíamos musicales agarradas de la mano, soñando trabajar y deseando hacerlo juntas. Lo que estamos viviendo es de película porque es cumplirles el sueño a esas dos chicas. Fueron miles las audiciones. Y hay que saber que por cada vez que te eligen, hay muchas otras que no. Yo había llegado hasta el final en Company, el proyecto anterior de Fer Dente. Y no quedé. Me lloré la vida porque realmente me desviví por esas audiciones. Cuando anunciaron las audiciones abiertas de Hairspray, tomé coraje y pensé que si no quedaba me iba a poner muy mal otra vez, pero si no lo intentaba iba a ser peor. Hay que aprender a bancarse la frustración. A Fer lo admiro desde chica, de hecho tengo una foto con él a mis 14, en modo fan. Es un visionario. Siento que estoy cumpliendo mi sueño. El día del debut se me salía el corazón del cuerpo. Pero también había un grado de inconsciencia lindo, que fue un consejo que me dio Vane Butera (hizo el mismo personaje en la versión de 2008). De todas maneras, me doy cuenta de todo en el escenario, el día que lo vi a Ricardo Darín en la cuarta fila ¡casi me muero!
–¿Y Damián Betular? Es la primera vez que hace teatro y encima con un protagónico.
–Lo amo. Está increíble y es muy carismático. Tiene la humildad de los grandes, de no creerse mejor que nadie, es muy responsable y respetuoso con el trabajo de los demás.
–Hace poco te fueron a ver todas tus compañeras del colegio Santa Inés. ¿Cómo lo viviste?
–Con enorme emoción. También fueron las directoras del colegio, preceptoras, maestras... Es lindo subirte al escenario, pero también es divino bajarte y que la gente que te quiere y sabe sobre tu pasión te festeje todo eso que acabas de dar. El colegio fue un espacio muy lindo de apoyo, me dejaban armar y dirigir todos los shows.
–Sé que trabajaste con Cris Morena. ¿Cómo la conociste?
–Trabajo con ella desde los 19. Empecé cantando las canciones que me mandaba para grabar en castellano y en inglés para los demos. Eso se dio porque yo trabajaba para un director de coro de San Isidro cuyo sobrino era Fede Vilas, compositor que trabaja como productor musical de Cris. Él nos presentó. Después colaboré dirigiéndole la parte de niños de ViveRo. Nos amamos desde el minuto uno y trabajamos muy bien juntas. Ella está en una liga muy alta, muy profesional. Y es supergenerosa, siempre confió en mí y me dio un lugar. Cuando abrió Otro Mundo, me llamó para trabajar y me becó para que estudiara ahí lo que quisiera. Durante cuatro años fui eligiendo mi camino y me encontré con maestros espectaculares que me potenciaron un montón. En los últimos años fui coach en Margarita.
–¿Con qué te desconectás cuando no trabajás?
–Tenemos una chacra en Salvador María (en Lobos, provincia de Buenos Aires), que es mi lugar en el mundo, donde me desconecto de todo. Somos apasionados de los caballos; papá incluso jugó al polo de muy joven. Él se dedica a las finanzas, pero años atrás descubrió la fotografía, estudió muchísimo y hoy, a sus 64 años, abrió con unos amigos Espacio 437, donde hacen muestras, cursos y talleres. Expone sus fotos, las vende y está entusiasmado con este proyecto. Lo admiro muchísimo porque demuestra que nunca es tarde para desarrollar una pasión.
–¿Entre tanto trabajo hay espacio para el amor?
–No hay mucho tiempo, sería difícil estar de novia... Desde que arranqué con las audiciones fueron tres meses de un nivel de tensión muy alto de sostener; o sea, realmente necesité mucho hacer terapia. Se dará cuando se tenga que dar. Igual, si llega no me quejo.