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Ganó más de US$ 100 millones, fue un noqueador serial y hoy sufre demencia: “La Cobra” Hearns, el sicario del ring

Aquel sábado 2 de agosto de 1980, el mundo del boxeo se paralizó como tantas otras veces. Quedaba flotando la sensación de que estaba naciendo un pugilista letal: Thomas Hearns. Que llevó un ap...

Aquel sábado 2 de agosto de 1980, el mundo del boxeo se paralizó como tantas otras veces. Quedaba flotando la sensación de que estaba naciendo un pugilista letal: Thomas Hearns. Que llevó un apodo marketinero: “The Hitman”. Sí, claramente era un sicario del ring. Aunque en la zona, para todos, era “La Cobra de Detroit”. En el Joe Louis Arena de esa ciudad, destrozaba al noqueador mexicano Pipino Cuevas en dos rounds y, con 21 años, se coronaba campeón mundial de los welters de la AMB.

Fue un gran campeón, integró la era dorada de los “Four Kings” junto con Ray Sugar Leonard, Roberto “Mano de Piedra” Durán y Marvin Hagler, con cruces memorables, y generó una fortuna calculada en más de 100 millones de dólares sólo en concepto de bolsas por combates. Pero ya no es ni “The Hitman” ni “La Cobra”, tampoco vive de rentas ni aseguró el futuro de varias generaciones de los Hearns, como suele suceder con fenómenos del mundo del deporte bien administrados que “no tienen cómo gastarla”. Se estima que tiene no más de 500.000 dólares de los suntuosos millones. A los 67 años, queda muy poco de aquel boxeador esplendoroso, alto, veloz, técnico, de pegada fulminante y de mandíbula poco resistente a una buena réplica. Su KO sobre Mano de Piedra, en 1984, es de los más impactantes de la historia.

Hace un año, comenzaron a circular videos inquietantes a primera vista sobre Hearns: haciendo rehabilitación, con desplazamientos lentos y caminando con andadores, siempre con asistencia médica cercana. Las señales de alerta se disiparon rápidamente: se había sometido a una intervención quirúrgica para reemplazarle una de las caderas, sumamente desgastada por los años más intensos en el boxeo y por la edad. Situación que le provocaba mucho dolor y limitaba sus movimientos. Pero poco después, las noticias viraron en otro sentido, con novedades nada alentadoras.

En marzo de 2026, un juez del condado de Oakland, Michigan, designó a Ronald Hearns, su hijo mayor, como tutor y conservador legal de su padre. Esto significa que Ronald quedó facultado para tomar decisiones médicas y financieras en nombre de Thomas. Lo más serio es que durante el proceso judicial se informó que Hearns ha sido diagnosticado con demencia. Sin embargo, el propio ex campeón habló públicamente después de la decisión judicial y transmitió un mensaje bastante diferente al dramatismo de las versiones que circulan: “Estoy bien. Quiero que el mundo sepa que estoy bien. Me siento bien”.

Ronald explicó que la prioridad es que su padre pueda disfrutar de su vida y que nadie se aproveche de él financiera, física o mentalmente. Ahora bien, ello no significa que Hearns sea, hoy, alguien completamente incapacitado. Sí, en cambio, ya no es aquel campeón poderoso que realizó 67 peleas, con 61 victorias (48 por KO), 5 derrotas y un empate y se coronada en cinco categorías diferentes: welter, mediano junior, mediano, semipesado y crucero. Ahora libra una pelea completamente distinta, lejos del ring, acompañado por uno de sus cuatro hijos.

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Hearns pertenece a una categoría diferente de boxeadores. Era demasiado alto para ser un welter convencional (1,85m), muy flaco para intimidar a primera vista y sumamente elegante para asemejarse a un destructor. Pero tenía algo que transformaba aquella apariencia engañosa en una amenaza: brazos larguísimos, velocidad, precisión y una derecha capaz de cambiar una pelea en un instante. Como el disparo de un sicario. “En el boxeo, una mano cambia todo”, suelen decir los especialistas.

Nacido el 18 de octubre de 1958, su infancia comenzó en Grand Junction, Tennessee, pero cuando tenía alrededor de 5 años su madre, Lois, llevó a la familia a Detroit, entonces una ciudad pujante. Lois tuvo que criar a sus nueve hijos prácticamente sola: John Hearns los había abandonado. Ella trabajaba en un banco y también como peluquera.

La vida de “La Cobra” empezó a cambiar a los 16, en el Kronk Recreation Center, el gimnasio que se convertiría en una fábrica de campeones de Detroit. Allí estaba Emmanuel Steward, su maestro. Que no vio simplemente a un muchacho alto, sino a un proyecto. Steward trabajó sobre él, lo moldeó. Como amateur, Hearns completó una campaña de 155 victorias y apenas 8 derrotas. En 1977 se hizo profesional y ganó sus primeras 17 peleas por nocaut. Con ese largo de brazos llegaba a los rivales desde lejos y con pimienta. Pipino Cuevas fue el primer grande que lo comprobó: mexicano, campeón de la AMB, poderoso y temido, no lo aguantó. Duró menos de lo que muchos imaginaban. En ese 1980, la revista The Ring lo eligió Boxeador del Año.

Pero todavía faltaba algo. O alguien: Sugar Ray Leonard, el campeón del CMB y estrella fulgurante consolidada. Ambos invictos. En 1981, Hearns ya era campeón welter de la AMB. Leonard tenía el cinturón del CMB. Los dos estaban invictos. El combate fue bautizado “The Showdown” (El enfrentamiento). Hearns dominó gran parte de la pelea con su jab para mantener a distancia a Leonard y conectó buenos golpes, aunque sin quebrar al rival. Pero la variedad del campeón olímpico en Montreal 76 inclinó la balanza. Y mucho corazón. La pelea terminó en el 14° asalto por KOT. Hearns, que iba ganando en las tarjetas de los jurados, había sufrido la primera derrota de su carrera. Aunque la historia no había concluido.

El KO a Pipino Cuevas

La fama lo acompañaba. Cada pelea tenía bolsas que oscilaban entre los 10 y 13 millones de dólares. Contratos publicitarios, asistencia a los programas más exitosos de la TV estadounidense o comentarista de otras peleas famosas de la época. Era figura. Autos último modelo (los Cadillac y los Mercedes Benz eran su debilidad), anillos y collares de oro, mansiones para la familia y los amigos. Un séquito de cerca de 20 personas lo acompañaba en el día a día, o a la distancia. Claro, una cosa es mantener gastos innecesarios teniendo grandes ingresos y otra muy diferente cuando el flujo de entrada se reduce drásticamente. Ahí empezaría su debacle y no por consumo de drogas o alcohol, como le pasó a Leonard y a tantos otros ex campeones. “La Cobra” firmaba papeles confiando en su entorno. Pero todavía había grandes desafíos de por medio…

En 1982, Hearns venció a Wilfredo Benítez para conquistar el título superwelter del CMB. Y en 1984 llegó una de las noches más impresionantes de su carrera contra una leyenda: Roberto Durán. El panameño ya había sostenido sus dos duelos memorables con Leonard y era el boxeador de la mandíbula de hierro, con un récord de 77-5. Nadie lo había noqueado. Parecía hecho para resistir todo lo que un rival pudiera tirarle. “The Hitman” lo demolió en dos asaltos. La mano de KO es espeluznante y ver caer a Durán como un árbol talado, más aún.

El impactante KO a Durán

El físico de Hearns permitió proyectar otros grandes choques y en categorías distintas. Recordemos que la welter va de los 63,504 a los 66,680 kg. Ya había pasado a los 69,853 kg contra Benítez y los promotores no dudaron: nada mejor para 1985 que un cruce con Marvin Hagler por el título de los medianos (72,570kg). “The War”, La Guerra. Nunca tan acertada una presentación.

Fue el 15 de abril. El primer round más increíble que se haya visto. Los inicios de pelea suelen ser fríos, “de estudio”. Aquel asalto inicial no tuvo respiro. Brutal, intenso, de cruces mutuos. Una pelea callejera. Casi se van los dos al piso, pero el que más sufría aquel golpe por golpe fue Hearns. A Hagler nada parecía conmoverlo, hacerlo tambalear.

Al final del segundo Hearns sonrió por primera vez: cuando un boxeador se ríe intentando minimizar los golpes que recibe está ocurriendo lo contrario, explican los grandes maestros de este deporte. Hagler lo ganó por KOT en el tercer asalto, pero por la intensidad y los golpes fueron como tres peleas juntas. El combate entró para siempre en la memoria del boxeo y el video de ese primer round se viraliza con frecuencia. Es de esos que cortan la respiración cada vez que se le da play. Cuando perdió, el médico Stuart Kirchenbaum lo abrazó y le dijo: “No te preocupes, fue una pelea increíble”, a lo que Hearns le respondió: “Oye, no te preocupes tú, acabo de ganar ocho millones de dólares”.

Aun pese a la derrota, Hearns no se fue: amaba boxear y seguía siendo una figura muy codiciada. Subía y bajaba de categorías con llamativa facilidad. En 1987 puso KO a Juan Domingo “Martillo” Roldán, un argentino que supo ganarse un lugar en las carteleras de Las Vegas a partir de sus nocauts. Y también ganó el título de los semipesados (79,400) frente a Dennis Andries. Volvió a enfrentar a Leonard en 1989, pero en supermedianos, lo tiró dos veces, pero los jurados dieron empate, en un fallo muy cuestionado.

Una gran anécdota de esta pelea es la confesión de Leonard. “Quiero mucho a Tommy y le dije que me había ganado la revancha. Pero él me respondió: ‘Nunca dijiste eso en televisión”. Mucho tiempo después, en un encuentro casual y con Sugar Ray ya retirado, Hearns le pidió un tercer combate, pero la respuesta de Leonard fue genial: “¡Estás loco Tommy! Lo único a lo que le pego en la actualidad es a la pelotita de golf”.

A razón de una o dos peleas por año, más un retiro temporal en 1999 después de obtener el título mundial de los cruceros (90,700) ante Nate Miller, siguió peleando hasta febrero de 2006 (con 47 años), casi sin sentido: se notaba que los reflejos y los desplazamientos ya no eran los mismos. Entre 2000 y 2006 hizo sus últimos tres combates, la despedida, frente a Shannon Landberg por KOT en el 10°. Un rival de 40 que llevaba dos años sin pelear. Hearns ya recibía muchos golpes innecesarios y Leonard explicó: “Tommy es un kamikaze. Sólo creerá que todo ha terminado cuando esté gravemente herido. Hace falta un trauma para desanimar a los boxeadores”.

Quizá mucho de lo que le está pasando en la actualidad tenga que ver con aquella continuidad innecesaria ya rumbo a los 50. Lo dijo una vez el médico Ferdie Pacheco, que trabajó 15 años con Muhammad Ali. “¿Hearns sigue peleando? ¡Es un asesinato! Y cualquiera que lo permita es cómplice. Vi a Ali suicidarse, por así decirlo, y ahora Tommy lo sigue haciendo. No tiene nada que hacer peleando. Deberían encerrarlo”.

“Cuando un boxeador vuelve a pelear, no hay mucho misterio: la única razón es el dinero”, solía decir George Foreman, el legendario ex campeón de los pesados que peleó hasta los 48. El detalle de Hearns es increíble: arrancó en los 66,678 y terminó en los 90,700 kilos.

En 1997, “La Cobra” se casó con Renee Hearns y tuvieron cuatro hijos. Ronald, el mayor, siguió durante unos años los pasos de su padre: hizo 29 peleas, con 26 victorias. También cursó parcialmente la carrera de Derecho. Con el menor, Thomas Jr., tuvo problemas cuando tenía 13 años y lo golpeó por una discusión casera: el chico se negó a bajar el termostato del aire acondicionado. Fue sentenciado, pero se le otorgó libertad condicional.

Los ingresos ya habían decrecido, pero no los gastos. Buscó ser promotor y participó en la organización de grandes eventos, entre ellos el combate de Mike Tyson contra Andrew Golota en 2000. El panorama había mutado notablemente. Algunos amigos seguían a su alrededor, pero sólo por conveniencia. Los asesores no fueron los mejores y las montañas de dinero se fueron esfumando.

Más acá en el tiempo, los días de Hearns dejaron el glamour de lado y pasaron a ser de necesidades: vendía indumentaria autografiada por 50 dólares y participaba en eventos con cachets impropios de su leyenda. En 2010, Hearns debió desprenderse de buena parte de sus pertenencias por problemas financieros. Entre los bienes aparecieron un automóvil clásico, una embarcación y recuerdos de su campaña. En aquel momento se informó que tenía una deuda con el fisco estadounidense de alrededor de 250.000 dólares. ¿Y la salud? También aparecieron videos en los que se advierten ciertas dificultades motrices y de lentitud en el habla, arrastrando las palabras. No siempre, pero sí existentes.

La designación de Ronald Hearns (47 años) como su tutor no es casual. El diagnóstico de demencia llevó a la intervención de un tribunal, en una causa atravesada por cuestiones familiares y financieras. También se informó que Hearns había perdido recientemente su vivienda por una ejecución hipotecaria vinculada a impuestos. En la audiencia aparecieron discusiones sobre iniciativas para recaudar dinero en su nombre. El objetivo de Ronald es protegerlo “financiera, física y mentalmente”. Y lanzó una frase que movilizó a mucha gente: “Mi papá es un gran hombre, tiene un gran corazón”.

Su vida tuvo todos los capítulos que suele tener una gran historia deportiva: pobreza, abandono, talento, ascenso, gloria, dinero, bancarrota y ocaso. El Sicario de los rings, que amaba a Muhammad Ali, nunca se dio cuenta de los límites de una actividad que, cuando tiene que meter una mano de KO, es impiadosamente certera.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/boxeo/gano-mas-de-us-100-millones-fue-un-noqueador-serial-y-hoy-sufre-demencia-la-cobra-hearns-el-sicario-nid05092026/

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