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“Hace siete años que espero tener una familia”: la frase de un niño que conmovió a dos mamás

“Hace siete años que espero tener una familia”, le dijo Joaquín, de 10 años, a Cecilia Riquelme y Marisela Reina. El niño, que llevaba siete años en un hogar convivencial de Misione...

“Hace siete años que espero tener una familia”, le dijo Joaquín, de 10 años, a Cecilia Riquelme y Marisela Reina.

El niño, que llevaba siete años en un hogar convivencial de Misiones, se les quedó mirando con un brillo en los ojos. Enseguida cambió de tema, como hacen los niños, para decirles que el chico que jugaba a la pelota ahí cerca, en el campito, era el mayor de sus tres hermanos.

Ellas se quedaron en silencio. Estaban en sus treinta y pico y hacía 10 años que eran pareja. Querían ser madres pero no habían pensado en adoptar hasta hacía pocos meses.

Ese día de mayo de 2019 estaban hablando con quien sería el menor de sus cuatro hijos. También a Elizandro, de 11; a Gastón, de 14; y al mayor, Alexis de 16.

Marisela habla con LA NACION sobre ese día como uno de los más importantes de su vida. Lo que le siguió, dice, fue una maratón en la que aprendió a ser mamá de nenes grandes “sin tener idea qué era ser mamá”.

Marisela cuenta que hace siete años, lo que las hacía dejar de lado la idea de adoptar era una seguidilla de prejuicios, mitos y miedos que todavía hoy circulan en la sociedad. Creían que debían tener altos ingresos, una casa grande y que la espera sería eterna. Además, tenían miedo de que no fueran consideradas como familia adoptante porque eran dos mujeres.

“Un día vimos una película en la que se daba una situación de adopción. Algo nos hizo un clic. Nos dimos cuenta de que hay miles de chicos que esperan una familia. Ya no éramos nosotras las que importábamos, eran ellos”, dice Marisela a LA NACION.

El primer paso fue buscar información. Dieron entonces con la ONG Ser Familia por Adopción. “La primera pregunta que les hicimos fue si dos mujeres podían adoptar. Nos contestaron que sí con 50 mil casos diferentes porque hacía un montón de tiempo había cambiado la ley de adopción”, cuenta y agrega: “Habíamos estado en una burbuja, por desconocimiento, no porque quisiéramos”.

El segundo paso fue presentarse en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos. Llenaron formularios y pasaron por diferentes entrevistas.

“Mientras hacés todo eso, te sentís un poco sola porque entrás en una etapa en la que tenés mil ojos encima. Te preguntás si sos apta, aunque el deseo está intacto. Ahora, con más perspectiva, creo que lo mejor es buscar la orientación de familias que hayan pasado por estos procesos”, dice y agradece haber tenido la contención de un grupo de padres y madres de Ser Familia por Adoción.

Al poco tiempo, Cecilia encontró una convocatoria pública en la que se informaba que tres hermanitos de Misiones de 10, 11 y 14 años esperaban una familia. Uno de ellos tenía una discapacidad, avisaba la convocatoria.

No lo dudaron. Llamaron al hogar y la directora las invitó a viajar a Misiones en cuanto pudieran. Si los tres niños aceptaban, empezarían una vinculación en Misiones y luego en Buenos Aires, donde viven, previa a la adopción plena.

Ellas se organizaron rápido. Cecilia, que es la única que trabaja fuera de su casa, pidió una licencia y viajaron a conocer a los tres chicos. Pero las cosas resultaron un poco diferente de lo que ellas pensaban.

Convocatoria pública: buscan una familia para una niña de 12 años

“Por favor, adopten a mis hermanitos”

En 2019, Alexis, el más grande de los cuatro hermanitos, tenía 16 años. Vivía en el hogar junto a sus tres hermanos. Habían entrado hacía siete años y no querían separarse.

Pero el adolescente sabía que a medida que crecían, las posibilidades de encontrar una familia eran más bajas. Que fueran cuatro, también hacía que ese sueño fuera más lejano.

De hecho, en la Argentina, el 81% de las personas inscriptas para adoptar buscan niños menores de tres años y apenas un 2% acepta a chicos mayores de 10. A partir de esa edad, las estadísticas oficiales muestran que sus oportunidades de ser adoptados disminuyen drásticamente. Además, el 75% de los postulantes no acepta hermanos.

Así que cuando surgió la posibilidad de la convocatoria, Alexis le escribió una carta al juzgado. Allí, expresaba que él prefería correrse y darle la posibilidad de encontrar una familia a sus hermanos. Solo puso una condición: conocer a la familia que se vincularía con ellos.

Las convocatorias públicas son un llamado abierto a toda la comunidad que se propone encontrar una familia para los chicos que tienen menos oportunidades porque tienen más de 8 años, porque son varios hermanos o porque tienen alguna discapacidad o problemática de salud.

Cuando Marisela y Cecilia llegaron a Misiones presentaron su carpeta con todos los datos que les habían pedido en un primer momento en el RUAGA y volvieron a pasar por diferentes entrevistas. Después las invitaron al hogar.

Primero conocieron a los dos más chiquitos. Los grandes estaban en el colegio. La directora les presentó a Joaquín y a Elizandro. “Ellos nos sonreían y parecían de 7 años, no de 10 y 11. Eran muy bajitos. Pero apenas los vimos, te juro, me enamoré. Se me cayeron todos los miedos y nervios que tenía antes del encuentro”, dice.

Cuando caminaban por el predio para buscar un lugar donde hacer un picnic, charlaron, se rieron, hablaron de su día a día y después se sumó Gastón. En un momento, el más pequeño, Joaquín, les dijo esa frase que las desarmó. “Hacía siete años que estaba esperando una familia”.

—¿Cómo se sintieron en ese momento?

—Fue impactante que un nene de 10 años te diga eso. Pero un poco nuestros miedos seguían.

—¿Cuáles eran esos miedos?

—A que no nos quisieran, a que no quisieran tener dos mamás, a que si los adoptábamos alguien los molestara. Llevamos todos los miedos que te imponen los prejuicios de los otros. Así que les preguntamos si no tenían problemas de que fuéramos dos mamás.

—¿Qué te contestaron?

—Nos miraron con caritas de sorpresa. Nos dijeron: “Acá vinieron dos papás y adoptaron a una nena”. Yo les dije: “No tienen miedo de que alguien los moleste?”. Y Joaquín me dijo: “Bueno, le diría, vos tenés un papá y una mamá, y yo tengo dos mamás, ¿cuál es el problema?”.

—Ellos les sacaron los miedos

—Estaban más preparados que nosotras. Con todo lo que vivieron, con la mochila que traían, eso era nada para ellos. Y la verdad, nunca vivieron una situación incómoda. Nosotras deseábamos cambiar sus vidas, pero ellos también cambiaron la nuestra.

—¿Cuándo conocieron a Alexis ese día?

—Estaba jugando al fútbol en un campito del predio. Y yo le dije a Cecilia: “Sabés que él también se viene con nosotras, ¿no?“. Después él nos vino a saludar. Nos miraba y nos hablaba un poco arrogante, como diciendo: ”No me duele que se lleven a mis hermanos, no me duele que no me quieran a mí“. Era entendible que sí le doliera.

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“Alexis, ¿querés que también seamos tus mamás?“

Cada vinculación, en una situación de adopción, es diferente. Al día siguiente de ese encuentro, Marisela y Cecilia invitaron a los chicos a almorzar al monoambiente que habían alquilado en Misiones para comenzar una vinculación de 15 días.

“Vino Alexis con los tres nenes. Vinieron con todas sus cosas en bolsos. Nos sorprendimos. La directora después nos dijo que los teníamos que llevar al colegio y traer. Imaginate seis personas en un departamento chiquito. Ellos dormían en la cama y en un sillón. Nosotras en el piso. Fue como una pijamada divertida y caótica”, dice.

Unos días antes de viajar todos a su nuevo hogar, Marisela y Cecilia le preguntaron a Alexis si le gustaría que ellas también fueran sus mamás. Él se emocionó, las abrazó y les agradeció. “Desde el día uno lo habíamos incluido a él y a nuestra familia. Hacíamos videollamadas con mi mamá, con los padres de Ceci, con nuestros hermanos y sobrinos. A los cuatro les decíamos, ellos son sus abuelos, sus tíos, sus primos”, dice.

En esos días, las dos también aprendieron a hacer malabares “con el tema de la comida, con el tema del orden, con dónde se lava la ropa, dónde se pone”. Fue la previa a lo que sería su vida en Buenos Aires.

Una tarde, los más chiquitos se empezaron a pelear. “Pensé que me iba a volver loca. Golpeé la mesa y les dije que no quería más discusiones. Me preguntaron por qué. Y les dije: ‘¡Porque soy su mamá y punto!’. Ellos se me quedaron mirando en silencio”, recuerda Marisela y se ríe.

“Me salió del alma. Bajé a la calle y llamé a una de las mamás de Ser Familia por Adopción y le dije que creía que me había tomado una atribución, que quizás había estado mal. Ella me dijo: ‘Bienvenida, ya sos madre’”.

Desde ese día, Marisela la llaman “mamá” y Cecilia, “mami”.

Las crisis y los acuerdos

“Hay muchos miedos y prejuicios en adoptar chicos grandes, pero para nosotras se dio así y es hermoso”, dice Marisela.

“Hay chicos que han pasado por mucha violencia y las adopciones fracasan. Por eso es muy importante rodearte de gente que ya pasó por esto e idealmente de terapeutas que te den herramientas para desarmar esas mochilas y aprender a ser hijos y padres, porque uno tiene que aprender y hacer acuerdos”, explica.

Dice que pasaron por rebeldías, enojos, como cualquier familia con hijos adolescentes. “Lo importante es que siempre les decimos que nosotras vamos a ser sus mamás toda la vida y que acá está su hogar”.

Cuando recuerda el primer cumpleaños que festejaron como familia, se ríe. Gastón cumplía 15 en la segunda semana que vivían en su nuevo hogar.

“Él estaba como en Disney porque recibió un montón de regalos. Somos una familia muy unida y muy grande. Así que de repente los chicos pasaron a tener muchos tíos y primos. Hasta una bisabuela, abuela de Ceci, que hoy tiene 95 años. Ellos estaban un poco atribulados con tanta gente. Mis sobrinos llegaban a la casa y les decían ´¡hola primo!”, recuerda.

Pasados siete años del día en que todo comenzó, Marisela dice que los cuatro hermanos pasan mucho tiempo con sus primos, que en las navidades son como 20 y que aman a sus abuelos y adoran a su bisabuela. “Los dos mayores, que ya tienen 23 y 21, no viven en casa. Tienen sus trabajos. Pueden ir a visitar a su bisabuela y no a mí. Después me dicen: ‘Ma, no te pongas celosa’. Y a mí me encanta que sean así”, dice con orgullo de madre.

Quiero una Familia

Esta nota forma parte de Quiero una familia, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca garantizar el derecho de cada niño a vivir y crecer en familia.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/hace-siete-anos-que-espero-tener-una-familia-la-frase-de-un-nino-que-conmovio-a-dos-mamas-nid28062026/

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