La calle en el aula: mi experiencia
En mis cursos hay sólo un par de palabras prohibidas: teóricamente y supuestamente, porque me suenan a afirmaciones en las cuales el alumno que habla no cree. Yo demando que me hablen de lo que r...
En mis cursos hay sólo un par de palabras prohibidas: teóricamente y supuestamente, porque me suenan a afirmaciones en las cuales el alumno que habla no cree. Yo demando que me hablen de lo que realmente piensan, no importa si coincide con mis pensamientos. En las líneas que siguen vuelco mi experiencia como profesor universitario, durante más de medio siglo, a la luz de todo lo que se dice sobre inteligencia artificial y dispersión mental de los jóvenes.
Al respecto, conversé con el australiano Graham Shardalow Lee Tucker (1924 - 1980), quien fue entrenado como navegador en la Fuerza Aérea Australiana. Corrió serios riesgos al transportar, a través del Pacífico, aviones dañados y “reparados”. Así recordó al meticuloso Piero Sraffa, con quien trabó relación en la universidad de Cambridge: “Traté de incluir los resultados en una monografía. La reescribí seis veces hasta que llegó un punto en el que Sraffa dijo que podría haber algo en ella. Parece que soy el único que lo quiere como supervisor”. Enseñó en las universidades de Melbourne y Nacional de Australia.
– Noel George Butlin a usted lo recuerda particularmente como profesor.
– En el obituario que me dedicó dijo que mi insistencia por mantener altos estándares académicos restringió mi tasa de publicación, y que les trasmití esta presión a mis estudiantes. Todo lo cual implicaba que lo que publicaran debía haber sido explorado hasta el límite, y pulido a su expresión más sintética y clara posible. Por sobre todas las cosas fui un profesor dedicado, deseoso de entregarme al cuidado y atención de mis estudiantes, y a perfeccionar mis clases. En general, estaba completamente inmerso y versado en el tópico de cada clase y hablaba con absoluta claridad y confianza. La universidad era toda mi vida y a ella le brindé todas mis habilidades.
– Para mí la clave en el aula es la interacción entre los alumnos y los profesores.
– Para mí también. La educación es conversación, lo cual no quiere decir superficialidad. Si la mente de los alumnos es cada vez más dispersa, la clase magistral no sirve para nada. Cuando algún alumno decía algo en clase, Milton Friedman le preguntaba: ¿cómo lo sabe?, porque quería que el estudiante diferenciara entre lo que sabía, lo que creía y lo que deseaba. La dinámica de la clase se complementa con la lectura de los textos, donde los teoremas se exponen de manera rigurosa; en la clase el profesor verifica si el alumno entendió el teorema o simplemente lo recita, para lo cual no hay nada mejor que pedirle que dé un ejemplo.
– ¿Cómo ingresa la calle al aula?
– Exigiéndole a los alumnos que lleguen a clase con un diario leído. Como no lo habrán leído impreso, enséñeles que no se queden con los títulos sino que vayan a los textos y busquen los originales. No qué dijo De Pablo sobre el informe del Indec referido a la balanza comercial, sino qué dijo el Indec. Recordando que siempre primero los hechos, y luego las posibles interpretaciones.
– ¿Y si aparecen en la clase sin haber leído algún diario?
– Los invita a retirarse y que vuelvan 30 minutos después, para que los vagos no se beneficien del trabajo ajeno. Como profesor a los alumnos no solamente les tenemos que trasmitir la técnica, sino educar la disciplina. ¿Tiene ganas de hacer el trabajo práctico que le encargué? Sí, me alegro; no, y a mí qué me importa. El aula es un experimento controlado; quien no sobrevive al profesor difícilmente pueda salir a la calle a vivir la vida.
– ¿En todas las materias es igual?
– El enfoque es ciertamente más importante en los cursos introductorios y en los últimos, como el de política económica argentina. Pero aún en las materias intermedias, que son más duras desde el punto de vista técnico, es altamente aconsejable que el profesor sugiera cuál es la posible conexión entre lo que está explicando y lo que ocurrió, ocurre o puede ocurrir, en la práctica.
– La relevancia también se plantea dentro del material utilizado en clase.
– Buen punto. En microeconomía primero hay que explicar el monopolio, y luego la competencia; porque cualquier maximizador tratará de endogeneizar el mercado en el cual opera, como monopolista cuando vende y como monopsonista cuando compra. Desde esta perspectiva, el competidor no es un ser humano de buen corazón, sino un monopolista frustrado. Por otro lado, la realidad es inevitablemente incierta, por lo cual luego de explicar brevemente los modelos que suponen certeza (de información, de gustos, tecnología), hay que plantear el análisis en condiciones de riesgo e incertidumbre, aunque los modelos no sean tan nítidos.
– Hay excelentes profesores a los cuales esta conexión les puede costar mucho.
– Entiendo, y una buena formación pasa por exprimir a cada profesor en su ventaja comparativa. La intuición, la derivación a partir de los primeros principios y demás. A propósito: hay dos clases de buenos profesores: los prolijos, de los cuales uno aprende de inmediato; y los desordenados, de los cuales uno aprende cuando, en función de la experiencia, recuerda lo que escuchó “al vuelo”, en una clase. El proceso educativo tiene un componente formal, que a lo sumo termina en la universidad, se complementa con la experiencia laboral y termina cuando uno se muere.
– Planes de estudio, autoridades que no siempre están a la altura de las circunstancias, inteligencia artificial, ¿cómo se puede encarar la enseñanza en estas condiciones?
– Emilio Perina, en un contexto diferente (la presidencia de Arturo Frondizi) hablaba de la máquina de impedir. Quiero ser brutal al respecto.
– Adelante.
– El maestro o profesor que tiene a su cargo el dictado de un curso tiene que tener el poder, o asumir que lo tiene, para decidir qué enseñar y cómo hacerlo, en función de su responsabilidad. Si pide permiso las autoridades demorarán en contestarle y probablemente se recuesten del lado del temor y la comodidad. El programa de estudios es una guía, no un corset. Si la dinámica de una clase lleva la discusión a un lado diferente del tema previsto en el programa, ¿qué importancia tiene, si lo que tenemos que hacer en el aula es enseñarles a los alumnos a pensar? Quien afirma que nada se puede hacer hasta que no se modifique el plan de estudios, no está entendiendo cuál es su rol como profesor. José de San Martín y Manuel Belgrano desobedecieron algunas de las instrucciones recibidas por las autoridades.
– ¿Qué le parece completar la formación recibida en Argentina con estudios en alguna universidad extranjera?
– Buena idea, explicándole a los alumnos que lo que estudien “allí” no se puede aplicar “aquí” de manera mecanicista, sino que hay que adaptar lo que dicen que funcionó allí a la realidad local.
– Don Graham, muchas gracias.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/la-calle-en-el-aula-mi-experiencia-nid05092026/