La nueva elite del mundo del espectáculo se cultiva en las tierras de YouTube
Todavía seguimos hablando del rating televisivo. También seguimos hablando de las estrellas de cine, identificadas con la élite del entretenimiento. Ambas cosas tienen algo de actualidad porque ...
Todavía seguimos hablando del rating televisivo. También seguimos hablando de las estrellas de cine, identificadas con la élite del entretenimiento. Ambas cosas tienen algo de actualidad porque el cine tal como lo conocíamos y la televisión tradicional siguen ahí, aunque ya no con el peso y el arrastre -o, para decirlo crudamente, como el negocio- que representaban.
La revolución digital ha triunfado definitivamente y no habrá un “reemplazo” completo de aquel modelo puramente analógico a otro donde lo que queremos aparece cuando lo queremos, totalmente a demanda. Aun las personas quieren encontrarse de verdad y tener experiencias colectivas, como lo marcan la recuperación de la asistencia a los cines de este año o cómo el negocio de los recitales en vivo se ha convertido en el núcleo de la industria de la música. Pero las elites, aquellos nombres que marcan el ocio de una sociedad, ya están naciendo en otro lado y, novedad de novedades, carecen de límites y de fronteras.
Viene a cuento a raíz de una pequeña noticia en Variety, fiel de la balanza del show-business norteamericana desde hace más de un siglo. La agencia de representación William Morris, más que centenaria institución del espectáculo, acaba de incorporar como cliente a Alejo Igoa para “expandir sus negocios de giras, medios de comunicación y contenido digital, a la vez que desarrolla sus alianzas de marca, libros, emprendimientos y líneas de licencias”.
Cabe la posibilidad de que el lector ya sepa quién es este argentino de 29 años que hace contenidos para chicos en YouTube, dado que en abril vendió 70.000 entradas para su show en el Movistar Arena y apareció en la tapa de la versión local de Forbes. Es lógico: tiene el récord Guinness de cantidad de suscriptores para un creador de contenido de habla hispana (más de 100 millones y contando en su canal de YouTube). Cualquier otro número de sus redes sociales es apabullante: 15 millones de seguidores en Instagram, casi 7 en TikTok. Su video más visto en YT, con más de 136 millones de visualizaciones se llama “100 botones misteriosos debajo del agua solo 1 para escapar!!” (sic gramatical). Alejo y una de las integrantes de su troupe están sentados en dos cajas cuyas paredes tienen botones de colores. Desde fuera, cada botón implica que les arrojen cosas dentro de la caja -en general, líquido- hasta que uno de ellos libere una llave que les permita salir. Nada grave sucede: les arrojan agua de color, pochoclo, tierra, bolas de plástico, crema y la diversión es ver cómo reaccionan a ello. Dura ocho minutos con siete segundos.
En otros videos, Alejo y su grupo recorren parques temáticos; pasan 24 horas dentro de un baño, un auto o una juguetería, viajan y juegan. Salvo por algunos términos que no se utilizaban en el campo de la TV infantil de los setenta y ochenta, hace lo mismo que aquellos programas de la hora de la leche, aunque sin cantos o bailes. No le hace falta.
Recorrer un poco su campo es descubrir que a los chicos les ha gustado siempre lo mismo: el juego libre, disfrutar sin reglas y reírse con cosas comunes o insólitas. Las diferencias son otras. Primero, alcanza con poco equipo técnico para hacerlo (y todo se va sofisticando en la medida en que las visualizaciones se traducen en dinero). Segundo, se van ajustando de acuerdo con la respuesta inmediatamente mensurable de los usuarios, en un ida y vuelta mucho más dinámico que en los medios tradicionales. Tercero y fundamental, no depende de nadie: ni de los medios tradicionales que den a conocer lo que hace, ni de las marcas que patrocinen, ni de una estructura a la que responder. Su audiencia la conforman chicos para quienes Marcelo Tinelli es a lo sumo un nombre del pasado y que tienen un lazo inmediato, de interacción (claro que un poco ilusoria) con Alejo. Un circuito no tradicional pero, hoy, cada vez más dominante.
Igoa es el ídolo más importante de la Argentina que desconocen todos los que tienen más de 25 años.
Y aquí es donde viene la mayor de las novedades. William Morris, se dijo, es una empresa centenaria. Hoy representa a estrellas de cine (Denzel Washington, Charlize Theron, Hugh Jackman), deportistas (Novak Djokovic, Serena Williams); músicos (Justin Timberlake, Adele) y hasta políticos o figuras sociales (Michelle Obama). Hay bastantes “latinos” (el argentino Bizarrap, Shakira) y es la primera en mirar el negocio de los creadores digitales como el Vloguero eslovaco David Dobrik o la fashionista Emma Chamberlain. Lo que han descubierto es que estos nombres de la web con grandes audiencias propias son la semilla del negocio que viene.
Igoa no tenía, de hecho, representación, pero para crecer en el negocio y formar parte de una nueva elite que tiene todos los números para reemplazar a las del modelo tradicional es necesario algo así como una tutoría. ¿Por qué? Porque el sistema todavía está en transición y los grandes capitales que invierten en la visibilidad del show business requieren de una organización menos caótica que la de las redes y las plataformas como YouTube. Y porque el verdadero negocio es físico: la venta de merchandising, de la marca y la franquicia que es lo que más dinero mueve y rompe las fronteras del monitor de la PC.
Pero queda demostrado que esa elite nueva que se está formando carece de fronteras. Es decir, cualquiera puede formar parte, de cualquier lugar del mundo, con tal de generar los números adecuados. Es cierto, todavía son contenidos no demasiado diferentes de lo que conocemos. De hecho, las mismas cosas que hace Alejo Igoa, los mismos desafíos, son parte del repertorio de otros creadores de contenidos en castellano, en inglés o en francés. Lo diferente es el personaje y el lazo que establece con su audiencia. En eso, estamos en el mismo modelo de creación en serie de la televisión más común.
Pero las audiencias (también las de niños) comenzarán a sofisticarse y pedir otras cosas. Y, como se dijo, el creador de YouTube es mucho más plástico para adaptarse a esto que los paquidérmicos estudios de Hollywood o canales de televisión. Es una nueva era y ya estamos plenamente dentro de ella.