Macarena Achaga: su nueva serie, cómo vive el desarraigo y el ritual argentino que le contagió a su novio, Juanpa Zurita
Hay personajes que llegan a la vida de un actor por casualidad y otros que, de alguna manera, parecen haberlos estado buscando. A Macarena Achaga le gusta pensar que Zoé, la protagonista de Colisi...
Hay personajes que llegan a la vida de un actor por casualidad y otros que, de alguna manera, parecen haberlos estado buscando. A Macarena Achaga le gusta pensar que Zoé, la protagonista de Colisión, pertenece a este segundo grupo. “Yo tengo la teoría de que uno como actor está todo el tiempo tratando de retratar personajes que le resuenen. Me gusta pensar que ese personaje te está buscando a vos, que hay como una sinergia”, dice quien en la nueva serie de HBO Max interpreta a una joven que, después de varios años en el extranjero, regresa a México tras la muerte de su padre para ocupar el lugar que le corresponde como heredera en la empresa familiar.
Sin embargo, su vuelta no será sencilla: su madre, Belén —interpretada por la colombiana Margarita Rosa de Francisco— ya tomó el control del negocio y no está dispuesta a cederlo. Entre secretos, viejas heridas, amores prohibidos y una muerte cuya verdadera causa permanece bajo sospecha, madre e hija quedarán enfrentadas en una disputa en la que no solo está en juego la compañía, sino también el poder y los vínculos familiares.
“Tiene mucho más de mí el personaje de lo que uno piensa”, admite Achaga a LA NACION mientras reconoce en Zoé varias características propias: su espiritualidad, su alma de justiciera, su decisión de abandonar lo conocido para perseguir sus sueños y esa necesidad de adaptarse a nuevos mundos.
Radicada en México desde hace años, la argentina decidió emigrar en busca de oportunidades y lo que en un principio era un viaje de un par de semanas terminó convirtiéndose en una estadía de 15 años. “Vamos hacia donde están las puertas que nos permiten alcanzar nuestros sueños. Ese ha sido el norte durante todos estos años”, explica la modelo e influencer que cuenta con una importante trayectoria fuera del país.
View this post on InstagramSu carisma, talento y belleza lograron que la industria azteca cayera rendida a sus pies. Tras debutar como conductora de MTV, la hermana de Santiago Achaga trabajó en proyectos como Miss XV (donde también integró la banda musical Eme 15), Gossip Girl Acapulco, Sitiados (la serie chilena de Benjamín Vicuña y Andrés Parra), Cumbia ninja y Amar a muerte, la tira producida por Univisión.
Uno de sus trabajos más reconocidos llegó con Luis Miguel, la serie, donde interpretó a la versión adolescente de Michelle Salas, la hija del célebre cantante. La biopic de Netflix no solo le dio popularidad a nivel mundial, sino también la posibilidad de conocer a su novio, el actor Juanpa Zurita, que en la ficción le dio vida a Alejandro, uno de los hermanos del famoso cantante.
“Es un honor”Entre esa actriz que emigró de chica y la mujer que vuelve a su tierra cada vez que puede, Achaga construyó una identidad hecha de retazos de ambos lugares. Extraña el asado de los domingos, la vida porteña y fantasea con tener algún día una base en el país. Mientras tanto, disfruta de esa nueva puerta que le abrió Colisión, este culebrón que la tiene como protagonista y que combina poder, misterio y secretos familiares.
—¿Qué significa este nuevo protagónico en tu carrera?
—La verdad es que estoy muy emocionada porque es un proyecto que hicimos con mucho amor. Hicimos muchos capítulos; son 39, y se van a estar liberando semanalmente en HBO Max. Es un honor porque es la primera telenovela que se hace en Latinoamérica en español y eligieron hacerla en México conmigo y con Margarita; con lo cual las dos nos sentimos muy honradas.
—¿Qué podés anticiparnos sobre la historia?
—Es la historia de dos mujeres, madre e hija, que están luchando por el poder de una compañía, pero también por un poder más allá de la empresa. Están peleando por cosas que no pueden hablar, que no se pueden decir. Siento que es algo que suele pasar en las familias, aunque la enemistad entre una madre e hija es un tema que no se toca generalmente.
—Está basada en los libros de Corín Tellado, ¿los habías leído?
—No, pero Margarita sí. Ahora me da demasiada intriga leerlos . Me contó que venían como en fascículos con una revista de modas (Vanidades), entonces siento que esto que hizo HBO es súper interesante porque retrató de alguna manera esta cosa que pasaba a través de unas páginas; una manera de traducir inclusive dos generaciones (la de la madre y la de la hija) primero con el libro y ahora con la serie. Me parece una sincronía muy bonita.
—Siento que Zoé tiene muchas cosas de vos: es muy espiritual, se va al exterior a perseguir sus sueños y tiene que hacerse cargo de cosas muy importantes a muy temprana edad... ¿Es así?
—Ay, se me pusieron los pelitos de punta mientras hablabas porque pensaba: “Claro, tiene mucho más de mí el personaje de lo que uno piensa”. Yo tengo la teoría de que uno como actor está todo el tiempo tratando de retratar personajes que le resuenen. Me gusta pensar que ese personaje te está buscando a vos, que hay como una sinergia. Hay un dicho en México que me gusta mucho que dice: “Cuando es para ti, ni aunque te quites. Y si no, ni aunque te pongas”. Y es así. Para mí los personajes tienen una personalidad propia y necesitan que alguien en específico los retrate. Entonces, confiando en eso, seguro que Zoé —y también los otros personajes que he interpretado a lo largo de mi carrera— tienen algo intrínseco de Macarena. Que se fue al extranjero a perseguir sus sueños, que no quería lo tradicional, que es una persona súper justiciera; en eso también me siento muy identificada. Es una chica que llega siendo una nena y se convierte en una mujer; entonces, en ese retrato traté de exponer el tema de madurar y crecer; con lo bonito y lo doloroso que tiene crecer.
—También se habla sobre salud mental, un tema que por suerte ya no es tabú...
—Exacto. Zoé atraviesa ataques de pánico durante toda la temporada y es un tema que a mí me interesaba mucho tratar. A mí me gusta abordar temas que después lleven una conversación a la mesa familiar. Es algo que vivimos todos los días, entonces está bueno normalizarlo y que tenga visibilidad. Explorar a través de los personajes cosas que le pasan a uno es otro de los objetivos míos en un set. A mí me gusta pensar que estoy retratando las historias de otras personas que no tienen voz ni la claridad para saber lo que les está pasando. Muchas veces uno atraviesa las crisis y en el tiempo (como en retrospectiva) las puede analizar. Entonces ayudar a través de la ficción es muy valioso.
—¿Cómo fue compartir el set con Margarita Rosa de Francisco? ¿Cómo trabajaron ese vínculo tan conflictivo entre madre e hija?
—Desde el inicio fue muy fácil trabajar juntas. Nos conocimos en el casting y desde que entré a la habitación ya nos agarramos, como que conectamos. Era una escena importante y Margarita dice que yo la hice distinta a como la venían haciendo las otras chicas (porque obviamente había otras Zoés audicionando). Como que le dio más miedo hacerla conmigo y juro que ella me dio miedo a mí . Así que así arrancó Colisión... con la primera colisión entre nosotras, que fue muy positiva porque enseguida conectamos. Dicen que colisión es el intercambio de energías donde se mezcla materia y yo creo que Margarita y yo desde ese momento intercambiamos algo.
En busca de los sueños—La disputa y los secretos familiares son uno de los ejes de esta historia... ¿Sos familiera? ¿Cómo vivís el desarraigo después de tantos años?
—Mis papás viven acá, y mi hermano (Santiago Achaga) y yo vivimos donde trabajamos. Hay una canción de Calle 13 que me gusta mucho que dice: “Pues si trabajo aquí, aquí tengo mi casa” y es un poco eso. Vamos hacia donde están las puertas que nos permiten alcanzar nuestros sueños. Ese ha sido el norte durante todos estos años. Yo creo que uno nunca se quiere ir de su casa y creo que, una vez que te vas, pasa “el mal del extranjero”: nunca terminás de estar completo en ningún lado. Porque cuando estás allá, te faltan cosas de acá y cuando estás acá, te faltan cosas de allá porque uno se aggiorna, se adapta, se integra como modo de supervivencia. A mi familia le tocó irse de la Argentina cuando yo y mi hermano éramos muy chicos por motivos de fuerza mayor y eso hace que uno esté acostumbrado a adaptarse a lo que venga, a lo que sea. Siento que eso me dio la oportunidad de agarrar lo que más me gustaba de un lugar y del otro, y hacerme a mi propia semblanza.
View this post on Instagram—¿Qué es lo que más extrañás de la Argentina?
—Uno nunca deja de extrañar a la familia, el asado de los domingos, el mate (soy fan, es mi ritual de todas las mañanas), la ciudad, la vida que tiene Buenos Aires. ¡Todo se extraña! Quizá en algún momento pueda tener una base acá también y pasar más tiempo.
—Igual estuviste haciendo algunas cositas acá... Por ejemplo, La ira de Dios donde trabajaste con tu hermano.
—Sí, también hicimos de hermanos . Es una de las películas que más disfruté hacer en toda mi carrera con Juan Minujín y Diego Peretti. Argentina es un lugar que siento que siempre me trae algún premio. De hecho, ahora estoy haciendo algo que no puedo contar, pero que va a ser algo muy hermoso. Ya me la estoy pasando muy bien; lo estoy disfrutando mucho.
—Te vimos en el Mundial alentando a la Selección junto a tu novio, Juanpa Zurita, que era un hincha más. ¿Qué costumbres argentinas le contagiaste?
—El mate y la entraña, que son cosas como muy mías. En realidad, muchas cosas porque yo siento que tenemos muy buenos rituales en la Argentina, entonces trato de incentivar a todo el mundo en México. Es más, yo debería ser nombrada ”embajadora del mate en México” porque todos los que trabajan conmigo, mis amigos, todos tienen un mate que yo les regalé. Así que me considero una gran vocera.
—La serie empieza con ese llamado desesperado de tu papá... Si tuvieras la posibilidad de hacer un último llamado, ¿a quién sería y qué le dirías?
—Se me puso la piel de gallina (se vuelve a tocar el brazo mientras se le llenan los ojos de lágrimas). A mi hermano le haría ese llamado. No sé, lloraría mucho y le diría que lo amo, que viva la vida al máximo . “Santiago, te amo”.