Se vende un histórico castillo argentino cerca del mar por el mismo precio que un dos ambientes en CABA
Con US$150.000 en la ciudad de Buenos Aires se puede comprar un departamento de dos ambientes. En Quequén, esa misma cifra alcanza para convertirse en dueño de un castillo de más de un siglo, co...
Con US$150.000 en la ciudad de Buenos Aires se puede comprar un departamento de dos ambientes. En Quequén, esa misma cifra alcanza para convertirse en dueño de un castillo de más de un siglo, con una torre panorámica, más de una decena de ambientes y casi 3000 m² de terreno.
La comparación parece exagerada, pero los números la sostienen. El precio promedio de un departamento de dos ambientes de 50 m² en CABA ronda actualmente los US$131.000 y, dependiendo del barrio, puede superar ampliamente esa cifra: en Recoleta, por ejemplo, el promedio se acerca a los US$145.000, mientras que en Belgrano supera los US$165.000.
Pero, a unos 500 kilómetros de CABA, en cambio, US$150.000 es el precio al que volvió a salir a la venta el histórico Chalet Astelarra, más conocido en la zona como “el castillo Astelarra”, una propiedad construida en 1904, vinculada a uno de los momentos de mayor esplendor de Quequén como destino de veraneo de las familias porteñas más acomodadas.
Ubicada en la zona de las calles 511 y 520 y a pocas cuadras de la playa, la construcción tiene aproximadamente 639 m² cubiertos sobre un terreno de 2920 m². Pero son su historia y una arquitectura difícil de reproducir en la actualidad las que explican por qué, más que una casa antigua, es una suerte de fotografía de otra época.
“Hablar del castillo es hablar de una parte de la historia de Quequén, de su pasado dorado”, cuenta Soledad Rey, quien comercializa la propiedad.
Cuando la aristocracia veraneaba en QuequénPara entender el origen de la casa hay que retroceder más de 120 años, a una época en la que la costa bonaerense comenzaba a transformarse.
Antes de que Mar del Plata terminara de consolidarse como el gran balneario argentino, Quequén había comenzado a atraer a familias de altos ingresos que buscaban pasar allí sus temporadas de verano. Muchas de aquellas residencias se levantaron alrededor del antiguo Hotel Quequén, epicentro de esa vida social.
Entre ellas estuvo la que mandó construir Martín Coronado, escritor, poeta, periodista y dramaturgo argentino, alrededor de 1904.
Coronado utilizó la propiedad como residencia de verano hasta su muerte, en 1919. Casi dos décadas después, en 1936, fue adquirida por el médico José Astelarra, quien también la destinó al veraneo familiar. Desde entonces comenzó a ser conocida como Chalet Astelarra, nombre que todavía aparece asociado a la propiedad.
“Lo interesante es que no estamos hablando simplemente de una casa antigua, sino de una propiedad que atravesó distintas épocas de Quequén y todavía conserva una arquitectura absolutamente particular”, explica Rey.
Es más, la construcción es tan única que en 1993, sus interiores se convirtieron en escenario cinematográfico: allí se rodaron escenas de El camino de los sueños, película dirigida por Javier Torre y protagonizada por Víctor Laplace, Sandra Ballesteros, Lito Cruz y Andrea Pietra.
Cómo es el castillo por dentroEntrar por sus puertas genera una sensación de viajar en el tiempo se vuelve más evidente una vez dentro. La casa se desarrolla en varios niveles, una distribución que todavía refleja la forma en que funcionaban las grandes residencias de principios del siglo XX.
En la planta baja se encuentra un amplio hall de entrada, acompañado por espacios de estar, pisos de granito conservados, tres habitaciones con vistas hacia el jardín, un baño y un comedor iluminado por grandes ventanales.
Desde allí, una importante escalera de madera conduce al primer piso, donde se distribuyen otras ocho habitaciones, un baño y grandes sectores de circulación y estar. En total, la propiedad reúne más de una decena de ambientes.
Pero quizá uno de los sectores que mejor permite entender cómo se vivía allí hace un siglo está debajo de la casa. En el subsuelo todavía se conserva una segunda cocina, el área de lavado, depósitos y dos grandes habitaciones que originalmente utilizaba el personal doméstico. Ese sector conforma actualmente una suerte de departamento independiente de cuatro ambientes.
La vivienda fue diseñada de acuerdo con las costumbres de las familias acomodadas de aquel momento: las áreas destinadas al servicio estaban físicamente apartadas de los principales ambientes sociales de los propietarios.
Todavía pueden identificarse recorridos internos que permitían, por ejemplo, trasladar la comida desde la cocina sin atravesar los sectores principales de la vivienda.
Pero hay un espacio que sobresale por encima de todos: una torre para mirar Quequén. Esta sala se encuentra en la parte superior de la construcción y es una especie de planta hexagonal rodeada completamente por ventanas.
La torre funciona como un mirador desde el que pueden observarse distintos puntos de Quequén, desde el paisaje marítimo hasta el entorno del puerto. “Para mí, es el lugar más especial”, cuenta Rey.
El futuro del chaletAunque actualmente tiene destino residencial, su tamaño y ubicación permiten pensar en otros proyectos. Entre las alternativas aparecen desde un hotel boutique o una propuesta gastronómica hasta un espacio cultural, oficinas, un emprendimiento turístico o un proyecto de usos mixtos.
Hay, sin embargo, un detalle llamativo teniendo en cuenta su antigüedad y su historia: el inmueble no cuenta actualmente con una protección patrimonial específica, según explica la inmobiliaria.
Es decir, su preservación dependerá en buena medida de qué decida hacer quien finalmente lo compre. Y allí aparece una de las razones detrás del precio.
¿Por qué un castillo cuesta US$150.000?La propiedad ya había pasado anteriormente por el mercado con un valor superior. Pero, su actual dueño, un vecino de la zona, decidió volver a ofrecerla y bajar el precio hasta los US$150.000.
“La compró un poco como un lujo que se dio porque quiere mucho el lugar, pero hoy no le encuentra un fin. Busca que el castillo siga contando su historia”, explica Rey.
Desde que apareció publicado con ese valor, asegura la broker, las consultas se multiplicaron. El precio también intenta contemplar que quien lo compre deberá invertir dinero para recuperarla y eventualmente adaptarla a un nuevo uso, pero sin cambiar su espíritu.