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Sobrevivió a los dos peores desastres naturales en La Guaira y decidió no volver nunca más para no tentar a la muerte

CARACAS.- No muchas personas pueden contar que sobrevivieron a un desastre natural y a dos terremotos en un mismo lugar como el comerciante venezolano Grian Serrano. Él es uno de los que se salvó...

CARACAS.- No muchas personas pueden contar que sobrevivieron a un desastre natural y a dos terremotos en un mismo lugar como el comerciante venezolano Grian Serrano. Él es uno de los que se salvó milagrosamente en el deslave de 1999 y en los dos sismos que devastaron la semana pasada parte del estado costero de La Guaira, al norte de Venezuela.

Con moretones en el ojo izquierdo y en diferentes partes del cuerpo, Serrano, de 46 años, intenta sobreponerse a lo que vivió junto a su hijo y su madre la tarde del 24 de junio.

Los tres quedaron sepultados bajo una montaña de escombros y vigas retorcidas al derrumbarse el edificio de ocho pisos en el que vivían en la playa y barriada de clase media Los Corales de La Guaira, el estado más golpeado por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5.

“Es un milagro de Dios”, repite de manera incesante el vendedor de automóviles al relatar cómo, en medio de una absoluta oscuridad, logró salir empujando con sus manos restos de paredes y luego rescató a su hijo, de 8 años, y a su madre, de 69, con la ayuda de dos personas que pasaban por el lugar.

Los dos sismos consecutivos han dejado al menos 1900 muertos y varios cientos de edificaciones derrumbadas o dañadas principalmente en La Guaira, aunque también se han registrado daños de magnitud en Caracas, la capital del país, y en los estados centro occidentales de Carabobo, Miranda, Aragua y Yaracuy.

La Guaira –que hasta 2019 se llamaba Vargas– es el segundo estado más pequeño de Venezuela, pero tiene una importancia estratégica debido a que allí está asentado el principal aeropuerto del país y el segundo mayor puerto y se encuentra a unos 30 kilómetros al norte de la capital. Su población de 440.000 habitantes es mayoritariamente pobre y vive del turismo, el comercio y las actividades en torno a la terminal aérea y el puerto.

El recuerdo del deslave

Al recordar el terror que sintió la semana pasada, a Serrano le resulta inevitable rememorar lo que ocurrió el 15 de diciembre de 1999. Esa noche despertó de golpe al escuchar los gritos de la empleada doméstica de la familia que entró en pánico al ver cómo las fuertes lluvias que habían caído en los días anteriores habían desbordado un río vecino a su edificio en Los Corales.

Desde su ventana vio como la corriente del río arrastraba árboles, rocas gigantes y vehículos con personas adentro que golpeaban las ventanillas pidiendo ayuda.

Movidos por su instinto de supervivencia, Serrano y su mamá, su hermana y la empleada salieron del su departamento en el cuarto piso y subieron hasta la terraza. Desde ahí divisaron cómo el río había inundado los primeros niveles del edificio y unos inmensos árboles empezaban a impactar las columnas, lo que les hizo temer que la estructura colapsara como había ocurrido con las edificaciones vecinas.

Los temores se disiparon al amanecer cuando la lluvia cesó y el agua empezó a bajar. Tras dos días de espera y al ver que ninguna autoridad llegaba para rescatarlos, la familia decidió caminar entre el lodo, las rocas y los escombros hasta la casa de sus abuelos que estaba en un barrio vecino.

A los pocos meses volvieron al departamento, que permanecía sin luz ni agua, y allí vivieron por un año sin servicios hasta que Los Corales volvió a la normalidad.

En la “Tragedia de Vargas”, como se conoce popularmente a las inundaciones y deslaves que azotaron La Guaira en diciembre de 1999, murieron 782 personas, otras 2000 fueron reportadas como desaparecidas y unos 250.000 habitantes resultaron afectados, dijo a la agencia AP el ingeniero Ángel Rangel, exdirector de Protección Civil de Venezuela, quien tuvo a su cargo las labores de rescate durante ese desastre natural.

La nueva tragedia

Aún conmocionado por la devastación que causaron los sismos, Serrano siente que el estado costero está marcado por “una maldición”. “No es normal que en el mismo sitio pasen cosas tan horribles”, dijo ahora instalado en la casa de un familiar en Caracas.

Pero Rangel tiene una percepción diferente. El ingeniero explicó que las edificaciones que se cayeron en La Guaira estaban en “terrenos aluvionales” que se formaron durante muchos años por “el arrastre de material desde los sistemas de montaña”. La Guaira está bordeado por las playas de aguas cristalinas del Caribe y la Cordillera de Ávila.

“Esos terrenos son particularmente riesgosos para la construcción de edificaciones”, sostuvo el especialista al plantear que para levantar estructuras en esas áreas se requiere el “estricto cumplimiento de las normas de ingeniería sismorresistente” que Venezuela puso en vigor tras el potente sismo de 1967 que golpeó Caracas.

Pero muchos de los edificios que se cayeron en La Guaira datan de la década de 1970 y no se sabe si cumplían con las normas de resistencia sísmica.

Rangel detalló que algunos edificios que cayeron en la ciudad de Catia La Mar, cerca del aeropuerto internacional, estaban cerca de la línea de la costa donde hay “terrenos aluvionales muy sensibles y flojos” lo que permitió que las ondas sísmicas se expandieran con facilidad.

La cara norte de Venezuela es cercana a la Falla de San Sebastián y las placas tectónicas del Caribe y Sudamericana, cuya interacción incidió en la potencia de los dos terremotos de la semana pasada, detalló el especialista.

Tras perder su vivienda y todas sus pertenencias, Serrano admitió que no sabe qué hará con su vida, pero dejó en claro que no regresará a vivir a La Guaira para no tentar a la muerte. “Ya son dos veces. Pienso de repente que a la tercera ya sería como que va a ganar la batalla”.

Agencia AP

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/sobrevivio-a-los-dos-peores-desastres-naturales-en-la-guaira-y-decidio-no-volver-nunca-mas-para-no-nid30062026/

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