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Ver al santo padre disciplinar al presidente amoral es una bendición

NUEVA YORK.– Tal vez tenga que volver a la iglesia. Mi madre siempre me decía que la Iglesia Católica era mucho más grande que los hombres que la dirigen. Pero fue tanta mi desil...

NUEVA YORK.– Tal vez tenga que volver a la iglesia.

Mi madre siempre me decía que la Iglesia Católica era mucho más grande que los hombres que la dirigen.

Pero fue tanta mi desilusión con los hombres que la manejaban en la época en que me tocó cubrir los escándalos de abusos sexuales que ya no pude soportar ir a misa.

La Iglesia que me había ayudado a desarrollar el sentido de lo bueno y lo malo siendo niña de repente parecía desconocer qué era lo bueno y lo malo.

Pero el papa León XIV, o el papa Bob –como a veces llaman de manera afectuosa al primer papa estadounidense–, quizá me conquiste.

El presidente estadounidense Donald Trump se mueve por el mundo como una bestia feroz y salvaje a la hora de la cena. ¿Quién podría hacerle frente?

Humilde y de voz afable, León, que se esfuerza por aunar, levanta la guardia contra un Trump rimbombante y solipsista que se esfuerza por dividir. Y ver al santo padre disciplinar al presidente amoral es una bendición.

Estoy segura de que su santidad miró con malos ojos cuando el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, presentó el conflicto con Irán como una guerra santa e intentó poner a Dios del lado de Estados Unidos mientras se les pedía a las tropas que dejaran caer una lluvia de “muerte y destrucción desde lo alto” sobre los “apocalípticos” enemigos iraníes.

En marzo, Hegseth vaticinó “una violencia abrumadora contra aquellos que no merecen piedad” y le pidió a Dios “quebrantar los dientes de los impíos”.

Esta semana, recitó un fragmento que era una adaptación de una adaptación de un fragmento bíblico de la película “Pulp Fiction” de Quentin Tarantino: “Y castigaré con gran venganza y furia a quienes intenten capturar y destruir a mi hermano”.

Hegseth también calificó a la prensa de “fariseos” que conspiran para perjudicar al gobierno de Trump del mismo modo que los fariseos conspiraron para perjudicar a Jesús.

George W. Bush tuvo que dar marcha atrás cuando utilizó la palabra “cruzada” para referirse a la guerra contra el terrorismo porque evocaba ofensivamente a los cruzados papales que aniquilaron a los musulmanes en Tierra Santa.

Pero Hegseth no es historiador. Uno de sus libros se llama La cruzada estadounidense. Suele llevar la Biblia de los Cruzados, conocida por sus ilustraciones violentas de las primeras guerras cristianas. Tiene un tatuaje de la Cruz de las Cruzadas y otro con la inscripción “Deus vult”, que en latín significa “Dios lo quiere”.

Hegseth podría aprender una lección de George H.W. Bush. En la Segunda Guerra Mundial, Bush era un joven piloto y fue derribado cerca de una isla japonesa. Durante la campaña presidencial, le preguntaron en qué pensaba mientras flotaba en el Pacífico y corría el riesgo de ser capturado por el enemigo.

H.W. Bush respondió que solo pensaba en los “valores fundamentales”, como “la separación Iglesia-Estado”.

Durante la semana pascual, el Papa pareció desacreditar a Hegseth cuando dijo que muchas veces se distorsionó la misión cristiana “por un deseo de dominación, ajeno por completo al camino de Jesucristo”.

El domingo de Pascua, Trump lanzó una perorata que amenazaba con destruir la civilización iraní y concluyó de manera chabacana con un “alabado sea Alá”. León calificó la extorsión existencial de “totalmente inaceptable”, una transgresión de las normas morales.

Trump retrucó. Posteó un meme de sí mismo con una apariencia similar a la de Jesús y atacó al santo padre en las redes sociales con calumnias pecaminosas como que el Papa es “débil contra el crimen” y “piensa que está bien que Irán tenga un arma nuclear”.

León, de una tenacidad propia de los nacidos en Chicago, no se echó atrás. En la red social X declaró: “Dios no bendice ningún conflicto. Cualquier persona que sea discípula de Cristo, el Príncipe de la Paz, nunca estará del lado de los que antes blandían la espada y hoy lanzan bombas”.

León le recordó al autoritario presidente que debería promover la paz a través del diálogo y el multilateralismo.

“Hoy hay demasiadas personas sufriendo. Murieron demasiadas personas inocentes”, dijo León ante la prensa, y agregó: “Creo que alguien tiene que levantarse y decir que hay un camino mejor”.

Obediente, JD Vance, que se convirtió al catolicismo hace relativamente poco tiempo, saltó a la palestra para intimidar al Papa y endulzarle la oreja a Trump. El vicepresidente estadounidense sermoneó a León con “ser cuidadoso al hablar de cuestiones de teología” y parloteó sobre “la tradición de la guerra justa”.

Cuando se analiza en detalle si es una guerra justa o no, la respuesta es: probablemente no.

El jueves, en una reacción pueril que parece una venganza, Trump canceló un contrato federal de 11 millones de dólares con la entidad benéfica Catholic Charities en Miami destinado a albergar y alimentar a niños migrantes que ingresan a Estados Unidos solos. (La medida indignó incluso a mi hermana, que le perdona todo a Trump.)

Es difícil que el presidente estadounidense le tenga al Papa el respeto que se merece porque Trump piensa claramente que es el Mesías.

Justo antes de que León fuera elegido, Trump posteó un meme de sí mismo como papa. Se pavonea, fanfarronea, hace todos los papeles: rey, papa, Jesús.

Pero el presidente debería leer el cuento de hadas de los hermanos Grimm sobre el pescador pobre que vive en una choza. Un día, saca un pez mágico y lo devuelve al agua. Cuando vuelve a su casa, su esposa le recrimina que no le haya pedido ningún deseo. Así que el pescador vuelve a la orilla del mar y le pide al pez una casa más grande. Después vuelve y le pide una mansión, luego ser rey, emperador, papa… El pez le cumple todos esos deseos. Pero cuando la codicia de la esposa la lleva a pedir convertirse en un ser “igual a Dios”, el pez los devuelve la choza en la que habían vivido.

Es peligroso hacer el papel de Dios, salvo que uno sea Dios.

Traducción de Ignacio Mackinze

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/ver-al-santo-padre-disciplinar-al-presidente-amoral-es-una-bendicion-nid19042026/

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