Generales Escuchar artículo

A los 75, Teté Coustarot cuenta cómo es su vida hoy

Su nombre completo es Stella Maris Coustarot, pero la versión oficial para todo un país es, simplemente, Teté. Su nombre y la frase “¡Qué noche, Teté!“, que se volvió parte del ADN pop d...

Su nombre completo es Stella Maris Coustarot, pero la versión oficial para todo un país es, simplemente, Teté. Su nombre y la frase “¡Qué noche, Teté!“, que se volvió parte del ADN pop de la televisión argentina gracias a Roberto Giordano.

Nacida en General Roca, en la Patagonia, llegó a Buenos Aires con una belleza impactante que la convirtió en modelo y chica de tapa. Pero ella quería más. Lectora y estudiosa por naturaleza, enseguida tuvo voz propia en el medio como conductora y periodista. Y así, en una época que exige reinvención constante, su rareza es otra: haber entendido que, a veces, la sofisticación no está en cambiar sino en sostenerse con estilo.

–¿Cómo es un día en tu vida, Teté?

–Le dedico bastante al programa que hago en América, Argentina de película. Veo cine, incluso cosas que ya disfruté en el pasado. Y después la radio, que hace años también es mi vida. Grabo notas en la semana, la verdad es que nunca estoy quieta. Pero puedo con todo, incluso con lo social, porque soy disciplinada.

–¿Toda la vida fuiste así?

–Sí, tal vez porque me crié con una madre que también podía con todo sin salirse de los estribos. Una mujer independiente, segura, organizada.

–¿Es esa belleza que está en tu foto de WhatsApp?

–Sí, Alba. Una italiana que llegó a la Argentina con tres años. Maestra, directora y profesora. Con ella aprendí la importancia del trabajo y la independencia. Me acuerdo cuando, orgullosa, nos pidió a mis hermanas y a mí que la acompañáramos para elegir su primer auto. Un Citroën típico, el rana. Ella, al igual que mi padre, siempre tuvieron una mirada valorativa hacia nosotras, nunca nos llenaron de miedos.

–¿Y seguís libre de miedos?

–Bastante. No soy hipocondríaca ni pienso en cosas feas porque vivo entretenida. Me gusta mucho lo que hago. Obviamente uno siempre le teme a que surja alguna imposibilidad que me detenga para hacer lo que me gusta en esta vida. Pero no me preocupa el paso del tiempo, no pienso demasiado en eso.

–Será porque tenés ejemplos alucinantes a tu alrededor, como el caso de Mirtha Legrand, tu gran amiga.

–¿Sabés que sí? Chiquita es extraordinaria y en ella te das cuenta de que los años son un tema de actitud. Su cabeza hace que se arregle, que salga. Porque podría quedarse encerrada, haciendo otras cosas. Pero no. Tiene una vida social bárbara, va al teatro, está siempre divina. Y eso es una gran enseñanza para mí. Antes, a una determinada edad, era como que se terminaba todo. Yo vi que mucha gente, pospandemia, cortó el vínculo social. Y eso no está bien. Noto que esas personas hablan sin volumen, están para adentro, muy quejosos. No hay un ejercicio de memoria.

–Hay una fantasía enorme acerca de esos tés que hace Mirtha los domingos...

–Son años y años de permanencia. Es un encuentro de amigos muy queridos. Más de 20 años de tés, así que imaginate todo lo que hemos pasado juntos. Algunos se han ido, como Pet Figueroa, Susana Reta hace poco, y Goldie ni qué hablar lo que se extraña. También aparecía Josecito... Millones de recuerdos maravillosos. Es un ritual adorable.

–¿Algún detalle de color, alguien que lleva algo siempre?

–Héctor Vidal Rivas siempre lleva algo, sí. Y de repente aparecen unos chipacitos, pasteles de Belén o algo que se le ocurra a alguien para sorprender. Imaginate que no hace falta porque la Chiqui es la mejor anifitriona. Nos quedamos hablando hasta que a las ocho el té muta en una comida informal, aparecen las pizzas riquísimas que hacen en su casa. Igual, lo maravilloso es la continuidad que tiene este encuentro. Siempre digo que no hay que perder los vínculos con los amigos.

–Susana es tu otra amiga adorada, siempre hablás de tu gran abanico de amistades.

–Bueno, Susana es una hermana. Yo soy extremadamente sociable. Tampoco me gusta definir cuál es mi mejor amiga, porque algunas no son tan conocidas. El otro día, que Mora Furtado cumplió 80 años, nos encontramos y éramos treinta y pico de mujeres. Realmente fue muy lindo porque con todas hemos compartido pedazos de vida muy importantes. Nos vemos y es como si no hubiera pasado el tiempo.

–En una época no convivías con tu pareja y era algo novedoso...

–Con Carlos estoy hace veintipico de años. Le digo marido, pero nunca nos casamos. Es verdad que en una época teníamos casas separadas, pero ya desde antes de la pandemia convivimos felizmente. Cada uno tiene sus espacios, somos respetuosos del trabajo del otro. Y sigo siendo independiente, haciendo programas sola, yendo a estrenos y demás. Somos independientes y respetuosos. Creo que el secreto es ese: no intentar cambiar al otro.

–Cosa que sucede mucho.

–Gran error. Si hay algún secreto en el matrimonio es no intentar eso. Son batallas inútiles. Hay que aceptar al otro como es y tratar de que el otro también te acepte a vos. A nosotros nos gusta mucho viajar, conversar. Charlamos muchísimo. Los momentos que estamos juntos los compartimos a full. Creo que todo siempre es aprendizaje. Cuando alguien se empecina con que el otro cambie, comete un error. ¡Nadie cambia a nadie!

–¿Cómo ves los medios hoy?

–Cuando estudié periodismo siempre tuve claro que nosotros somos un vínculo entre lo que sucede y la gente. Tenemos que ser muy cuidadosos y conscientes de la responsabilidad enorme que es estar frente a un micrófono. Yo trato de seguir todo eso, pero hay algunos temas de ego que son muy fuertes. Siempre digo que el ego es la más indomable de las emociones. Muy difícil.

-¿Dónde abunda más el ego? ¿La televisión sería el puesto uno?

-Está en la condición humana. No tiene que ver con profesiones. Abunda en la vida. Lo que pasa es que como trabajo en este medio me doy cuenta de lo que pasa acá, pero sucede en general.

–¿Te incomoda el chimento?

–Cuando me ofrecen un trabajo, lo primero que pregunto es cuál es el contenido, hacia dónde apunta todo. Me parece que cuando se trabaja sin tener en claro cual es la finalidad del programa, se adorna con una cantidad de historias de todo el mundo. Eso puede ser entretenido en una justa medida, pero muchas veces se pasan. Me quisieron meter en programas donde se habla de la gente, pero siempre les explico que no sé hacerlo. No puedo.

–Hace poco diste una clase magistral cuando te preguntaron por las edades y los supuestos largos de pelo que hay que llevar.

–Sí , es una nota vieja que volvió a aparecer. En general, yo trato de que la opinión de los demás no se meta en mis decisiones. Mi frase es: no te estoy pidiendo permiso, te estoy contando lo que ya decidí hacer. Todo el mundo opina desde su lugar. Y si vos vas y le preguntás lo mismo a diez personas, te van a contestar diez cosas diferentes. Con respecto al pelo, ahora me lo corté por los hombros, cuando hice la entrevista lo tenía más largo. Se viralizó porque yo hablaba de la libertad de llevarlo como te dé la gana. Terminar con eso de que a cierta edad hay que cortarlo para ser más señora. El largo, como las canas, son decisiones de una libertad absoluta de cada persona. ¡Cómo te vas a meter! En fin. Yo creo que a esta altura y a mi edad, no debo explicarle nada a nadie.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sabado/a-los-75-tete-coustarot-cuenta-como-es-su-vida-hoy-nid10052026/

Comentarios
Volver arriba