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Alejandra Radano: su llegada al musical por “casualidad”, sus 20 años de trabajo en Europa y su deuda pendiente

Es una actriz icónica de las comedias musicales. Protagonizó Chicago, Cabaret, Cats, La bella y la bestia y tantas más, pero Alejandra Radano dice que es pura suerte: “Podés dar el physique d...

Es una actriz icónica de las comedias musicales. Protagonizó Chicago, Cabaret, Cats, La bella y la bestia y tantas más, pero Alejandra Radano dice que es pura suerte: “Podés dar el physique du rôle o no”. Quizá sea suerte, pero hay mucho de talento, por supuesto. De chiquita quería ser cantante de ópera, y cambió de opinión cuando Pepe Cibrián Campoy la eligió para ser parte de Drácula, hace más de treinta años, en el Luna Park. Entonces, el mundo de Radano cambió. Hizo televisión, poco cine, muchísimo teatro y se dio el gusto de trabajar con grandes directores, entre ellos Alfredo Arias, quien la llevó a Europa donde trabajó por veinte años.

Hoy brilla en el musical Hairspray, de miércoles a domingos en el Teatro Coliseo, en el que interpreta a la antagonista, la ambiciosa Velma. En una charla con LA NACION, momentos antes de comenzar con el ritual de transformación para subirse al escenario, Radano habla de la magia de la creación y de los deseos, de su experiencia de trabajo en Europa, de la vertiginosidad del futuro y de su gran batalla.

-¿Hacer musicales fue una elección?

-Tuve mucha suerte de estar en musicales muy hermosos. Hoy es un día muy especial para mí, porque es el cumpleaños de Sandra (Guida, su compañera en Chicago y gran amiga), ya fallecida. La tengo muy, muy presente (se emociona). Nos hicimos muy amigas, y trabajamos mucho juntas. El trabajo del artista es intenso y pasajero también y hay personas con las que no volvés a cruzarte. Cuando terminábamos un trabajo, Omar Calicchio decía: “no te voy a ver nunca más en la vida”. Y algo de eso hay. En cambio, con Sandra seguimos. Y es curioso que en Chicago el personaje de Sandra era Velma Kelly y ahora mi personaje en Hairspray es Velma Von Tussle. Se llaman igual y eso me pareció un detalle muy significativo. Entonces, también tuve esa suerte. El musical es muy específico y también tenés que responder a un physique, a un carácter, una personalidad, la apariencia física. De alguna manera, confluí en un momento circunstancial, que hubiese audiciones para tal obra, que tuviese la edad.

-¿Y cómo se dio esa primera vez?

-Las cosas me fueron llevando. Yo quería ser cantante de ópera hasta que aparecieron las audiciones de Drácula, y estrenamos en el Luna Park. Y después vino Cats, y la oportunidad de trabajar con Hugo Midón y tantas más. Creo que direccioné algunos deseos de trabajar con directores específicos, eso sí. Con algunos no llegué a trabajar, pero hubo buena instancia de pruebas, porque para mí el encuentro con los directores tiene que ver con la formación. Uno aprende muchísimo de los directores, y de las obras, también. Estar haciendo Hairspray es acercarme al mundo de John Waters , alguien que propuso algo, que hizo una ruptura en una sociedad, que tuvo una voz, que supo decir cosas feas de manera linda. Esta obra sigue funcionando porque, lamentablemente, la segregación y la discriminación de la que habla siguen pasando. Pero también habla de la inclusión y de la superación.

-¿Cómo es trabajar con Damián Betular, que viene de otro lugar y debuta con Hairspray?

-Betular es un gran lugar de observación para mí. Las cabezas de compañía son muy importantes porque, de alguna manera, marcan el rumbo y el ánimo de todos al igual que el director, Fernando Dente. Y aprendo muchísimo de su disciplina, de su prolijidad. No olvidemos que el rol de Edna que hace Betular estuvo pensado para Divine, que era un transformista, y fue la musa de John Waters. Y las obras musicales tienen fórmulas. En este caso son figuras que pueden venir de otro ámbito. Fernando Dente tuvo la gran visión de captar qué puede hacer Betular y qué podemos hacer todos. Y dice: “vos podés hacer este personaje”, y aunque te parezca que no, tiene razón. Yo no tengo ningún tipo de prejuicio con que alguien venga de otro lugar, que no se haya formado. Es muy anárquico el escenario, muchas veces. Hay cosas que, por más que las estudies, no se aprenden… Como el carisma, el humor, la ironía.

-¿Y cómo te sentís en esta obra que tiene sus años, pero es tan actual?

-Me toca el personaje políticamente incorrecto, porque soy la antagonista. Originalmente, este personaje estuvo pensado para Blondie, que era la cantante de Velvet Underground, o sea que tampoco venía del teatro. Me siento muy entusiasmada y estoy en un estado de recepción ante el elenco con el que trabajo porque el 80% debutan con la obra. Algunos son también muy jóvenes y son increíbles. Todos los personajes tienen algo interesante, algo particular, como si todos fueran protagonistas. No hay una persona que no tenga carisma, que no tenga encanto, que no tenga talento. Observarlos es un ejercicio noche a noche.

-Decías que te interesan, particularmente, algunos directores. Ya habías trabajado con Fernando Dente …

-Si, trabajamos hace no tanto en Company y fue un gran descubrimiento. Fue y es, porque creo que cualquier cosa que hagas tiene una implicancia en el afuera. Entonces, si sabés gobernar bien lo que te toca gobernar, eso de alguna manera produce una onda expansiva en la sociedad, y no queda solamente en un hecho artístico. Y creo que pasa en todo, en definitiva.

-También compartiste muchas obras con otro director de larga e impecable trayectoria, Alfredo Arias. ¿Fue quien te abrió las puertas de Europa?

-Sí, fue él. Eso sí fue un trabajo mío, porque un día fui a ver Familia de artistas con Pepe Cibrián, en el Maipo, con Iris Marga, Lía Jelín, Norma Pons, y ahí surgió el deseo de trabajar con Alfredo. Pasaron diez años hasta que puede acceder a él, cuando hice Chicago, y Ricky Pashkus me dijo que Alfredo Arias estaba en la sala.

-Se alinearon los planetas…

-Exactamente. A partir de ahí, se sucede una epopeya de casi 20 años de trabajo. Durante todos esos años fui y vine de Europa y trabajé en Francia, en España, en Italia, en Alemania. Pero eso no fue deseo. Fue dejarme llevar. Nunca me instalé en Europa, sino que las cosas iban sucediendo. Y realmente se siguen sucediendo. Yo no sé qué va a pasar. Ahora tengo mi casa acá, pero quién sabe.

-¿Y cómo fue esa experiencia?

-Hay cosas que se acomodaron, y en otras hubo traspiés, proyectos a los que tuve que decir que no. Pero, en general, lo pude organizar. Fue una experiencia hermosa. Alfredo es un universo en sí mismo, entonces podía estar en cualquier lugar. La experiencia no era el lugar, la experiencia fue él, esa manera de pensar y concebir el teatro que tiene que ver con una época. Ahora todo cambió, aunque lo importante es también darse cuenta que uno se resiste. Yo me resisto al cambio, y hay cosas que me costaron muchísimo y se ubicaron cuando empecé a aceptar lo que la realidad proponía. Aunque esté muy gastado ese concepto, es así. Lo último que hicimos con Alfredo es Hello Andy, sobre el universo de Andy Warhol, en el Colón, y es interesante porque ahora en Hairspray estoy con el universo de John Waters y tiene una relación respecto a lo disruptivo que los dos propusieron.

-Decís que te resistís al cambio, pero siendo actriz y habiendo recorrido el mundo, el denominador común justamente parece ser el cambio.

-Es verdad, este trabajo tiene eso, que empezás sabiendo que va a terminar.

-Es como vivir al límite…

-Y vivís un poco al límite, sí. A veces es una súperinquietud y me preocupa qué voy a hacer, qué va a pasar, de qué voy a vivir. Yo solo sé hacer esto… Y además también es luchar contra lo que pienso de mí misma, que es bastante pesado a veces. Son años de trabajo y una elección de vida. Al principio, creo que esos miedos eran más de mis padres que míos.

-¿Eras chiquita cuando deseaste ser cantante de ópera?

-No quería ir a la universidad por ir. Quería ser algo que me gustara.

-Y te gustaba cantar…

-Primero estudiaba piano… Todo me costó mucho, en el sentido de que no tuve talentos naturales. Eso sí es una construcción… Yo hacía todo mal, y en mi cabeza lo sigo haciendo. Fue una gran batalla conmigo misma. Todo empezó con no querer estudiar cualquier cosa. Y pensaba, ¿para qué voy a ir a la universidad y tener un título si no me interesa? Mi papá enseguida aflojó porque era muy inteligente, y fueron muy permisivos también, los dos. Y, además, parece que yo era insoportable (risas), y cuando quería hacer algo luchaba hasta tenerlo. Así que no les quedó otra. Y me formé en canto, actuación, baile porque todas las obras te proponen algo distinto. Y te proponen que estudies, porque lo más interesante es entender en qué universo uno está situado.

-¿Qué dijeron tus padres cuando te vieron en un escenario en Europa?

-Estaban muy contentos. Una vez los pude llevar a Italia para que me vean Concha bonita, en Roma.

-¿Cuándo supiste que ser cantante de ópera no era el camino?

-Cuando entré a Drácula. Hice esa obra y se ordenaron también las cosas. Eso, de alguna manera, definió un rumbo. Hice televisión, mucho teatro y algo de cine… Hicimos una película con Alfredo, que es Fanny camina y fue al Festival de Biarritz; estuvimos en competencia, y fue también muy interesante. Y después tengo experiencias hermosas que hice con otros directores, como Fabián Luca y Diego Vila, con quienes tuvimos nuestras búsquedas personales que forman parte del trabajo de experimentación que me interesa muchísimo. Y trabajé con Luis Pascual, con José María Muscari, con quien hicimos una versión de Julio César con Moria Casán y nos fuimos a España. El teatro me captó de alguna manera, porque también es muy exigente.

-¿Tenés otros proyectos?

-Seguimos con Hairspray y este año también nos vamos a Chile con Tester, que hicimos durante dos temporadas en el Borges, con Carlos Casella.

-¿Qué otras pasiones tenés?

-Estudiar, leer. Me gusta mucho la arquitectura porque me parece un lugar para pensar todas las disciplinas. Me gusta meditar, hacer yoga, tomar clases. Y descanso, también. Todo tiene que ver con el mantenimiento del instrumento que es el cuerpo y hay que cuidarlo.

-¿Sos muy disciplinada?

-Trato, pero hay momentos en que me doy un gusto y después vuelvo. Me acuerdo que con Sandra (Guida) estábamos haciendo dos funciones por día en París, de martes a domingo, un día tuvimos una entrevista e íbamos a pedir un café, pero nos miramos y dijimos: “tomémonos una copa de champán”. Y nos tomamos una copa de champán y después teníamos las dos funciones, pero la disfrutamos.

-¿Te queda algo por hacer?

-Me gustaría conocer directores nuevos que me propongan, y sumar cambios estéticos. Me gustaría seguir trabajando con gente que no esté en la Argentina también, porque es realmente interesantísimo. Hay obras clásicas que me gustaría hacer, quizás de teatro de entre guerras. Me interesan las creaciones contemporáneas, el teatro musical contemporáneo.

-¿La música quedó como parte de la comedia musical o en algún momento estuvo ese deseo de explorar más por ahí?

-La música siempre ayudó mucho porque te hace entender el material, ver una partitura, saber qué quiso escribir un compositor. Todo un lenguaje en sí mismo. En realidad, todos tendríamos que poder leer una partitura. Pero bueno, eso no quiere decir nada porque hay gente que no lee partituras y es muy crac. Para mí, es interesante tener ese manejo de la comprensión desde un lugar más técnico.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/alejandra-radano-su-llegada-al-musical-por-casualidad-sus-20-anos-de-trabajo-en-europa-y-su-deuda-nid24072026/

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