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Alejo García Pintos: es parte de un suceso, dirige un teatro con “presencias” inquietantes y recibió amenazas por su rol más recordado

La trayectoria profesional de Alejo García Pintos no es predecible. Desde sus primeros trabajos, el actor expuso su ductilidad para abordar la máscara dramática de la actuación y el compromiso ...

La trayectoria profesional de Alejo García Pintos no es predecible. Desde sus primeros trabajos, el actor expuso su ductilidad para abordar la máscara dramática de la actuación y el compromiso de los materiales que asumió.

Con casi 20 años rodó La noche de los lápices, un clásico contemporáneo del cine nacional estrenado hace cuatro décadas y que recuerda un hecho luctuoso de la historia política y social de nuestro país acontecido medio siglo atrás, el 16 de septiembre de 1976.

Sin embargo, la comedia, esa otra faz inexcusable, también le resulta afín. De hecho, es uno de los protagonistas de Una Navidad de mierda, uno de los grandes éxitos de las dos últimas temporadas del teatro porteño, donde se luce junto a un elenco encabezado por Verónica Llinás en la sala del Teatro Premier.

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En simultáneo a sus trabajos actorales, se formó en el ámbito de la gestión cultural, conocimientos que hoy le permiten ejercer el rol de director del Teatro Coliseo Podestá de La Plata, una de las salas más bonitas del país y con una historia que arranca con la fundación misma de la escena rioplatense de la mano de la familia Podestá y que acaba de ser reconocida por el Premio Teatro del Mundo que entrega la Universidad de Buenos Aires y cuyo jurado es coordinado por el Dr. Jorge Dubatti.

Además, es uno de los actores fundacionales del ciclo Teatro x la Identidad, organizado por Abuelas de Plaza de Mayo. “Comenzamos para hacer un par de funciones y nos quedamos varios meses a sala llena”, rememora.

Recibe a LA NACION en su departamento de Villa Urquiza, un refugio capitalino cuando no pernocta en La Plata, la ciudad donde nació hace casi 60 años y en la que germinó su fervor por Gimnasia y Esgrima, “tripero” de pura cepa.

View this post on Instagram La comedia

Reír o no reír, esa es la cuestión. Aunque William Shakespeare no se planteó tal dilema, bien podría caberle a Alejo García Pintos, quien se luce en la pieza Una Navidad de mierda.

“Me encanta la comedia”, se enorgullece el actor, a quien se lo percibe sumamente cómodo en el rol interpretando a un pater familias antihéroe en el marco de una familia de vínculos patológicos. Tomás Fonzi y Anita Gutiérrez, junto a la mencionada Verónica Llinás, completan el compacto elenco que timonea la pieza.

“La gente empatiza mucho con este pobre hombre castigado, que apela a todas las terapias alternativas posibles y padece a esa esposa virulenta; la obra es una suerte de Los Simpsons al modo argentino”, define.

Una familia en las vísperas de la Navidad. Una hija que llega para presentar a su novia. La resistencia de sus padres y una sucesión de malos entendidos en una trama que ubica algunos temas sumamente actuales en un contexto desbordado. La parábola de Una Navidad de mierda también permite pensar en algunas confrontaciones generacionales.

“Cuando Carlos Rottemberg la vio, reconoció que le hizo recordar a lo que sintió cuando vio, por primera vez, Toc Toc”, cuenta. “Me convocaron mucho para interpretar papeles dramáticos, pero me seduce este género que es tan difícil de llevar a cabo”. Indudablemente, los disparadores del drama suelen ser más acotados, a diferencia de lo expansivo de las posibilidades de la comedia y el humor. Está claro que hay tantas formas de ser permeables al humor como seres humanos.

“A pesar de que la figura de Verónica (Llinás) es muy fuerte y omnipresente, se trata de una obra muy coral, un juego de cuatro”, sostiene en torno a la producción de RGB, la compañía de Gustavo Yankelevich. La dirección del material es de la propia Llinás y de Peto Menahem.

-Hace dos años que llenan la sala porteña y han tenido una gran temporada en Punta del Este. ¿A qué atribuís la repercusión de la obra?

-Es muy difícil encontrar una comedia con tantos gags, por eso, jamás descansamos, no sentimos que la obra esté hecha de antemano, siempre le vamos encontrando la forma de hacerla crecer; somos muy meticulosos, nada está automatizado. No podés relajarte, porque, si te pasás de tono, te convertís en un mamarracho y, por otra parte, el público no se termina sorprendiendo. Carlos Gandolfo decía: “El día que pierdas la capacidad de sorpresa, estás muerto como actor”.

-En un contexto económico hostil para mucha gente, ¿a qué atribuís el suceso del espectáculo?

-Estamos bendecidos. ¿Quién no desea participar de una experiencia donde te garantizan pasarla bien durante una hora y media? No es casual que, en este momento, las diez obras más vistas de Buenos Aires sean comedias o musicales.

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Durante el verano, el material no viajará a los centros turísticos, sino que continuará su temporada en el Premier.

El recuerdo más sentido

Que la producción de Una Navidad de mierda pertenezca a Gustavo Yankelevich, no es algo novedoso para el actor, quien ha trabajado en reiteradas ocasiones tanto con el productor como con Cris Morena, su exesposa, y los hijos de la pareja, Tomás Yankelevich y Romina Yan.

“Tengo un vínculo personal muy estrecho con toda esa familia, los quiero, me han dado mucho trabajo. Trabajé un montón con Cris y fui muy amigo de Romina”.

-¿Aparece en tus pensamientos?

-La siento muy cerca, hay una energía que me lleva a pensarla. Seguramente tiene que ver con que nuestra obra la produce Gustavo (Yankelevich). Muchas veces miro al cielo de noche y observar alguna estrella me lleva a pensar en Romina (Yan). Nos queríamos mucho. Tenía muy pocos amigos del medio, yo era uno de los que iba a comer a su casa.

García Pintos se emociona al recordar el proyecto que la prematura muerte de su amiga dejó inconcluso: “Era un programa infantil que se iba a llamar La casa disparate”.

Romina Yan falleció durante la tarde del 28 de septiembre de 2010 en San Isidro. El actor recuerda que la noticia se la comunicó su madre: “Me llamó para contarme que lo había escuchado en la radio. Inmediatamente lo llamé a Darío (Giordano), su marido, quien no me contestó, e, inmediatamente, busqué comunicarme con un productor muy amigo de ella; él fue quien me confirmó la noticia, no lo podía creer”.

Si esa noticia era, per sé, movilizadora, la situación personal de García Pintos complejizaba el cuadro emocional: “Al día siguiente me iba de mi casa, porque me estaba separando de la madre de mis hijos”.

La primera vez que lo convocó Gustavo Yankelevich para trabajar en Telefe fue para realizar un papel en El gordo y el flaco, una estupenda comedia encabezada por Juan Carlos Mesa y Gianni Lunadei. A través de los años, fue parte de la factoría Cris Morena conformando los elencos de tiras como Chiquititas, Amor mío o Casi ángeles, entre otras producciones.

-Hoy no hay ficción nacional producida para la televisión abierta...

-Es una tristeza, aunque entiendo por qué.

-¿Por qué?

-El entretenimiento es un gran negocio, nadie produce para salir hecho. La torta publicitaria es muy chica y ganar poco tampoco les sirve a los productores. Me encantaría que vuelva la ficción a la televisión abierta. ¿Cuánto va a durar la seguidilla de realities y programas de chimentos? Estamos precarizando el trabajo de los actores. Incluso, comenzó a aparecer la IA metiéndose en nuestro oficio.

-Con todo, el teatro sigue siendo el refugio del actor en cuerpo presente.

-No lo podés hacer con IA, ¿qué sucede con ese tipo de experiencias si se corta la luz? El actor no puede ser reemplazado por un holograma, por eso creo que el teatro nunca va a morir. Hace más de 2500 años que hacemos teatro.

Público y privado

Su nombre jamás estuvo asociado al escándalo. “Salí con algunas actrices, pero no se enteró nadie. Busqué mantener una vida de bajo perfil”, se ufana, todo un caballero. Es padre de Juana (26) y Pedro (23), quienes no siguen sus pasos artísticos.

Sin pareja desde no hace demasiado, define su presente como “un momento de tranquilidad, de silencios”. Ofrece café, muestra algunos objetos de diseño que lo acompañan y pide al cronista no ubicar su bagaje sobre el piso porque asegura que “trae miseria”. Se convirtió en propietario de su vivienda hace poco más de un año: “Luego de alquilar toda mi vida, me siento muy a gusto en esta casa”.

Conoce de los sinsabores de su gremio y de la ausencia de una oferta laboral nutrida, lo que convierte a su oficio en una vocación con inestabilidades. “Hice de todo para subsistir”. Hoy, disfruta de la sala llena del Premier. Cara y ceca de una misma moneda, como las máscaras del teatro.

Saber

-¿Cómo nació Teatro x la Identidad?

-Fue en el año 2000, a partir de A propósito de la duda, un texto de Patricia Zangaro. La idea era hacer cuatro funciones de 20 minutos y terminar, pero, el primer lunes tuvimos que hacer dos funciones seguidas. Fue tal el suceso que la temporada duró más de dos años. En esa primera etapa, gracias a ese espectáculo, aparecieron dos nietos; hoy son varios más. Por eso, cuando dicen que nuestro trabajo no es esencial, me enoja. Qué lindo oficio el de los actores, podemos despuntar el vicio y, a la vez, encontrar un nieto.

-El arte es una arista esencial de todo ser humano.

-No todo el mundo sostiene eso. En pandemia, fuimos los primeros en dejar de trabajar y los últimos en volver. A partir de ese tiempo de pandemia, todo pasó a ser un formato de Instagram. Incluso, se nos pide generar contenido de manera gratuita para las redes sociales.

-El artista como moneda de cambio.

-La dirigencia política nos busca para que nos subamos al escenario y aplaudamos como focas y, cuando asume, se olvida de nosotros. Se olvida que tenemos una obra social en bancarrota. Nuestro sindicato es muy chiquito, no somos la UOM ni la UOCRA, somos la Asociación Argentina de Actores, muy poquitos y con tan escaso trabajo que resulta muy complejo mantener la obra social. Alguna vez, la querida Cecilia Cenci, cuando estaba al frente de la obra social, respondiendo a una queja que yo le hacía, me explicó que una cobertura de 10 días de terapia intensiva de una figura muy conocida costó más que los aportes de Guillermo Francella, uno de los más exitosos de nuestro país y que más recauda y aporta a la obra social. Eso habla de la complejidad del tema.

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Otra de las fotos que habitan su living lo muestra junto a Pablo Díaz, el personaje real que le tocó interpretar en el film La noche de los lápices. “La película nos atraviesa y nos interpela en un mundo negacionista”, sostiene.

-¿Cómo son tus encuentros con Pablo Díaz, sobreviviente de La noche de los lápices?

-Son de un aprendizaje enorme. Como él se enamoró de Claudia (Falcone) en un campo de concentración, reconoce que su lucha no deja de ser, en gran medida, una historia de amor. Esos chicos, que tenían una militancia que iba más allá de lograr la recomposición del boleto estudiantil, fueron víctimas del terrorismo de Estado, pero los valores de estos pibes siguen en pie.

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El 16 de septiembre de 1976, en La Plata y a pocos meses de iniciada la dictadura militar, un grupo de adolescentes fue secuestrado por las fuerzas de seguridad. El sometimiento a torturas derivó en la desaparición de los mismos. Solo Pablo Díaz pudo sobrevivir y reconstruir aquella historia trágica. “Si alguien desea conocer algo sobre la dictadura, no puede dejar de ver la película”, apunta García Pintos.

Cuando el actor aceptó la invitación de Héctor Olivera, recibió amenazas y un hecho, resabio de los años de plomo, no logró anular su decisión: “En 1986, un auto se me puso al lado, se bajaron dos personas y, sin decirme nada, me pegaron. Con los años, me enteré que a mi mamá también la llamaban para amenazarla”.

El actor se crio en una familia con actividad política. Su abuela, de militancia peronista, estuvo detenida luego del golpe de estado de 1955 y su madre cobijaba en su casa a personas amenazadas por la dictadura instalada en 1976: “Yo era chico y veía a desconocidos en mi casa”.

-Recuerdos que dejan huella.

-Te digo más: mi abuela me llevó a presenciar la llegada de Perón a Ezeiza, todavía tengo el olor a pólvora grabado en mis retinas, no lo puedo olvidar.

Gestor

-¿Cómo se inserta en tu camino como actor, la gestión como director del Teatro Coliseo Podestá de La Plata?

-Me preparé, cursé un posgrado universitario en Gestión Cultural en Flacso, y, cuando Julio Alak decidió presentarse como candidato a intendente de La Plata me convocó. No lo conocía y me resultó una persona muy culta, una rara avis en la política de nuestro país. Se interesa por el teatro, la música. Hice aquel posgrado y debuté en primera división.

-Una sala con historia y reconocimiento, aun en aquellos que no la hayan visitado.

-Es donde nació el teatro rioplatense, el de los hermanos Podestá; allí se estrenó el Juan Moreira, considerada la primera obra del teatro argentino.

-La sala contiene una verdadera reliquia.

-Debajo de la platea se conserva la última pista de circo criollo que queda en pie. Allí mismo se hizo Juan Moreira y trabajaba Pepino el 88.

Orgulloso de la gestión, cuenta: “Realizamos la primera producción integral con fondos propios generados por la sala, se trata de Laberinto Podestá, una experiencia que permite reconocer los secretos del teatro y que fue propuesta por la jefa administrativa del lugar. El público sigue a los actores, quienes van contando sobre los Podestá y sobre los mitos de los fantasmas que habitan el teatro”.

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-Todo teatro tiene sus historias al respecto. ¿Percibiste algún sonido por fuera de la razón?

-Sí, claro.

-No hay teatro sin sus espectros. ¿Qué te sucedió?

-Seguramente son los Podestá. A la tardecita, cuando ya se fue todo el mundo, me gusta sentarme en la platea, observar la araña preciosa que está en el centro de la sala, y, de pronto, comienzo a escuchar pasos, y hasta se me han cerrado puertas de los palcos. En un par de fotos, tomadas no hace mucho tiempo atrás, aparecieron imágenes muy particulares.

-¿Por ejemplo?

-En una de las imágenes se ve a un señor con ropa de los años 50, ubicado en el sector donde, en esa época, se había matado un técnico de la sala. Otra de las fotos, tomada desde el escenario hacia la platea y en la que posan alumnos de un colegio que acababan de realizar una visita guiada, se puede ver claramente a una mujer con vestido largo apoyada de la baranda de la tertulia, sin ser percibida por los chicos ni el fotógrafo que se encontraban en el escenario.

Un portarretratos electrónico permite que se sucedan las imágenes de la sala. En una de ellas se puede ver al actor Johnny Depp, visitante ilustre que presentó su film sobre la vida de (Amedeo) Modigliani en este espacio.

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“Me interesa poder desarrollarme en todos estos ámbitos, disfruto de la multiplicidad de tareas”, finaliza aclarando lo evidente.

Para agendar

Una Navidad de mierda. Jueves a las 20.30, viernes a las 21, sábado a las 19.30 y 21.30 y domingo a las 20, en el Teatro Premier (Av. Corrientes 1565, CABA).

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/alejo-garcia-pintos-es-parte-de-un-suceso-dirige-un-teatro-con-presencias-inquietantes-y-recibio-nid25092026/

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