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Argentina, EE.UU. y un experimento que vale la pena

Los 250 años de la independencia de los Estados Unidos son útiles para reflexionar sobre la realidad de nuestros dos países, similares en cosas trascendentes, distintos en otras relevantes. ...

Los 250 años de la independencia de los Estados Unidos son útiles para reflexionar sobre la realidad de nuestros dos países, similares en cosas trascendentes, distintos en otras relevantes.

En aquellos tiempos de monarcas absolutos que interferían groseramente en los asuntos de otros países, antes de los triunfos y derrotas de Napoleón y del Congreso de Viena que consolidó los principios de no injerencia y de equilibrio de poder para preservar la paz, algunos americanos del norte y del Sur, Jefferson, Franklin, Washington, Belgrano, San Martín, Bolívar o Saavedra, iniciaron el experimento republicano, ingresando en un territorio desconocido. El noble francés Alexis de Tocqueville viajó al norte para entender que estaba pasando y volvió a su país escribiendo Democracia en América, donde anunciaba el fin de las monarquías absolutistas y el comienzo de un experimento inusitado, el de los hombres considerados iguales ante la ley, actuando en libertad. Si juzgamos por los resultados del experimento, se trató de la revolución más grande de la humanidad, que había mantenido su pobreza por decenas de miles de años y desde fines del siglo XVIII multiplicó sus riquezas de todo tipo por miles. Mi abuela nació antes del auto y vio al hombre en la luna y a Internet.

Es un lugar común decir que compartimos con los demócratas del norte los valores idénticos de nuestras constituciones y eso es verdad en los papeles, aunque hay una diferencia relevante. Nuestros dos tratados políticos de paz interna y de guía externa, que eso son las constituciones, reconocen que fuimos creados iguales y que tenemos derechos y libertades que ningún gobierno nos puede quitar y, si lo hicieran, ello nos autorizaría a reemplazarlos. La diferencia es que los colonos del norte creyeron religiosamente en su derecho al autogobierno y defendieron otro derecho y deber, que es el de ser responsables de su propia vida. Una palabra moderna define eso: agencia. El que toma las decisiones, se dice últimamente que tiene “agencia”. La prosperidad y fortaleza de los Estados Unidos se basa en el estado de derecho -que limita cualquier poder y garantiza justicia igual para todos bajo la misma ley-, y en la agencia personal. Cada persona decide y es responsable por su vida, tiene libertad para elegir entre el bien y el mal y asumir las consecuencias de su decisión y puede y debe ganar el pan con el sudor de su frente. El gobierno y la solidaridad de sus conciudadanos y los principios morales deben ayudar a igualar oportunidades y asistir en los altibajos de la existencia, para fortalecer y no para reemplazar la agencia personal. Nuestra historia colonial, en cambio, viene de la eterna tradición de la agencia estatal. Washington decía que no se podían pedir ni conceder privilegios; en nuestro virreinato el rey vendía los cargos de recaudador de impuestos y mucho después dicen que se vendía la jefatura de ciertas comisarías. “Hacéte amigo del juez”.

Los argentinos estamos haciendo nuevamente el experimento de la agencia personal y de la libertad para contratar desde la propia propiedad, pero un requisito esencial de la libertad personal es el respeto de las reglas de convivencia, la seguridad jurídica de toda persona, que no es otra cosa que la limitación de la decisión arbitraria del poderoso, del mafioso o del gobernante. El juez Holmes decía que el derecho consiste en saber qué es lo que se va a decidir en una controversia judicial, suponiendo que los jueces sean de la ley y no del poder. Eso generaría -como generó por breves años en nuestro pasado- progreso, prosperidad y poder nacional. Es un experimento de valor histórico, que vale la pena.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/argentina-eeuu-y-un-experimento-que-vale-la-pena-nid14072026/

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