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Bernardo Stamateas: “Si le decís que no a un amigo y esa persona se enoja, esa amistad presenta rasgos tóxicos”

Una de las mejores cosas de la vida es la amistad. Todos necesitamos un amigo, una amiga. Pero es cierto que, a lo largo de los años, podemos encontrarnos tanto con buenos como con malos amigos. H...

Una de las mejores cosas de la vida es la amistad. Todos necesitamos un amigo, una amiga. Pero es cierto que, a lo largo de los años, podemos encontrarnos tanto con buenos como con malos amigos. Hoy te invito a aprender a distinguirlos analizando las principales características de ambos. Comencemos…

Un mal amigo:

Te busca solamente cuando necesita algo

Ya sea que se trate de dinero, de un contacto o de un hombro para llorar, lo cierto es que, una vez que lo obtiene, desaparece. “Si te he visto, no me acuerdo”. Eso es lo que se conoce como “vínculo utilitario”, similar al que arma el psicópata.

Disfruta más del chisme que de la verdad

Le encanta buscar información. Por eso, presta atención cuando alguien pregunte: “Ah, ¿vos sos amigo de Bernardo? Contame cómo es…”. Suele llevar y traer chismes que luego utilizará como moneda de manipulación.

Hace bromas que, en realidad, son ataques disfrazados

Muchas agresiones se esconden detrás del humor. Una cosa es que, con un amigo, se rían juntos; y otra muy diferente es que uno haga una broma que carga agresividad y hostilidad hacia el otro.

Compite con vos, en lugar de apoyarte

Cuando aparece la competencia, la amistad se empieza a fraccionar. Porque la competencia nace de la envidia, no del afecto genuino hacia un amigo.

Te hace sentir culpable cuando le ponés límites

Si le decís que no a un amigo y esa persona se enoja o deja de respetarte, esa amistad presenta rasgos tóxicos. En una amistad sana, los límites no se interpretan como un rechazo, sino que se respetan.

La amistad se construye con el tiempo. Es una historia compartida que crece a través de pequeños encuentros, conversaciones y experiencias cotidianas. Es un vínculo afectivo donde no hacen falta protocolos ni apariencias. Con un verdadero amigo no necesitás demostrar nada: podés relajarte, ser vos mismo, expresar lo que pensás y sentís, y permitir que la relación fluya con libertad, confianza y respeto.

La amistad siempre es bilateral: yo soy tu amigo y vos sos mi amigo. Es importante tener en cuenta que una verdadera amistad se basa en la reciprocidad: yo te escucho y vos me escuchás; yo te acompaño y vos me acompañás; hoy pago yo y mañana pagás vos. Cuando esa reciprocidad no existe y siempre es uno el que da mientras el otro solo recibe, el vínculo deja de ser una verdadera amistad y se vuelve asimétrico.

¿Y qué características podemos hallar en un buen amigo?

Un buen amigo:

-Celebra tus alegrías y tus logros.

-Desea sinceramente tu crecimiento y tu mejora continua.

-Te aconseja bien.

-Te apoya en tus equivocaciones (sin sermonearte).

-Te dice la verdad, aunque te incomode (sin agredirte).

-Protege tu reputación cuando no estás presente (te defiende).

-Respeta tus límites.

-Te escucha para entenderte, no solo para responder.

-Siempre te aporta paz.

La verdadera señal para identificar si una amistad es tóxica o saludable es cómo te sentís después de verla y de compartir tiempo con esa persona. ¿Te sentís valorado, escuchado y comprendido? ¿O, por el contrario, terminás con ansiedad, culpa o frustración? Prestá atención a esa voz interna. Y recordá: la lealtad y el cariño sincero son la base de toda verdadera amistad. No te conformes con menos.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/bernardo-stamateas-si-le-decis-que-no-a-un-amigo-y-esa-persona-se-enoja-esa-amistad-presenta-rasgos-nid14072026/

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