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Cáncer. La desigualdad también se juega en el acceso al tratamiento

“Cuando me dijeron que me tenía que operar, hubo una demora para conseguir un turno porque no había camas. En ese tiempo el tumor se expandió”. “Tuve que reprogramar tres veces los turnos ...

“Cuando me dijeron que me tenía que operar, hubo una demora para conseguir un turno porque no había camas. En ese tiempo el tumor se expandió”. “Tuve que reprogramar tres veces los turnos porque la medicación no llegaba”. Estos no son casos aislados. Son algunos de los testimonios recopilados por la Fundación Donde Quiero Estar entre pacientes con cáncer de distintas provincias argentinas.

Las historias son distintas, pero tienen un mismo protagonista: el tiempo y el acceso. Conseguir un turno, completar estudios, obtener una autorización o recibir un medicamento oncológico, sobre todo los de alto costo, puede llevar semanas o meses.

Una investigación realizada por LA NACION, que integra trabajos desarrollados en distintas provincias, una encuesta nacional entre oncólogos y entrevistas con especialistas de algunos de los principales hospitales públicos del país, muestra que la brecha entre los distintos subsistemas comienza desde el diagnóstico y se profundiza a medida que aparecen tratamientos cada vez más sofisticados. En casi todos los casos, quienes dependen exclusivamente del sistema público enfrentan mayores obstáculos para acceder a estudios moleculares, medicamentos innovadores o terapias dirigidas. Incluso algunos nunca llegan a recibir la opción terapéutica más adecuada para las características biológicas de su tumor. A su vez, hay oncólogos que denuncian “presiones” por parte de las obras sociales para las que trabajan para evitar que receten terapias de alto costo.

Un estudio realizado en el Hospital Centro de Salud Zenón J. Santillán, de Tucumán, siguió el recorrido de pacientes con cáncer de pulmón avanzado atendidos en el sistema público y encontró un dato tan contundente como preocupante: ocho de cada diez perdieron la oportunidad de acceder al tratamiento dirigido más adecuado para las características de su tumor.

En una enfermedad donde la progresión puede ser rápida, los investigadores observaron que el proceso de testeo molecular y gestión del tratamiento demoró una mediana de 52,5 días, un tiempo suficiente para que muchos pacientes perdieran la ventana terapéutica ideal.

El impacto fue directo sobre las decisiones terapéuticas. La mitad de los pacientes debió iniciar una quimioterapia citotóxica empírica de urgencia porque no podía esperar el acceso a una terapia dirigida, mientras que tres de cada diez presentaron una progresión fulminante de la enfermedad o fallecieron antes de poder recibir un tratamiento de primera línea, quedando limitados a cuidados de soporte.

Según Juan José Zarba, jefe del Servicio de Oncología del hospital tucumano y uno de los autores del trabajo, el cuello de botella comienza mucho antes de que el paciente llegue al oncólogo. “En cáncer de pulmón, primero tiene que conseguir un turno con el neumonólogo, realizar una fibrobroncoscopía, una tomografía y otros estudios. Solo ese proceso puede demorar cerca de dos meses. Después aparece otro desafío: obtener el diagnóstico molecular, gestionar la autorización y conseguir la medicación. Muchas veces la enfermedad no espera y debemos comenzar una quimioterapia. Y esto sucede con muchos tipos de cáncer. En cáncer de cuello uterino, por ejemplo, también vemos demoras de tres o cuatro meses desde los primeros síntomas hasta el inicio del tratamiento”.

A pesar de lo descripto, según el Ministerio de Salud de la Nación, si bien el cáncer continúa siendo la principal causa de muerte por enfermedad entre las personas de 5 a 59 años, una reciente publicación del Sistema de Vigilancia y Reporte del Cáncer (SIVER-Ca) muestra una tendencia descendente en la mortalidad de la mayoría de los tumores más frecuentes en la Argentina entre 2015 y 2024.

En cuanto al acceso al diagnóstico, los datos del RITA (Registro Institucional de Tumores de Argentina), que reúne información de aproximadamente 40.000 pacientes atendidos en hospitales públicos entre 2012 y 2025, muestran que, en los cinco tumores más frecuentes (cáncer de cuello uterino, mama, colorrectal, pulmón y neoplasias hematológicas), transcurren entre dos y tres meses desde el inicio de los síntomas hasta la primera consulta, y alrededor de un mes a un mes y medio hasta alcanzar el diagnóstico. En relación con el acceso al tratamiento, la mediana fue de un mes para los tumores hematológicos y de 2,3 meses para el cáncer de cuello uterino.

Lo observado en Tucumán no constituye un caso aislado. La fotografía nacional más completa sobre acceso a la atención oncológica fue elaborada por la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC) a partir de una encuesta respondida por 390 oncólogos de todo el país.

La primera gran brecha aparece en el acceso al tratamiento indicado. Según los oncólogos, el 68,7% de los pacientes con medicina prepaga recibe desde el inicio el esquema terapéutico completo prescripto por el especialista. Ese porcentaje desciende al 54,8% entre quienes tienen obras sociales provinciales, al 47,4% en las obras sociales sindicales, al 34,9% en PAMI y apenas alcanza el 9,9% entre quienes dependen exclusivamente del sistema público.

Sobre el acceso a inmunoterapias, el 89% de quienes tienen medicina prepaga accede de manera habitual. Esa proporción en el sistema público cae al 36,1%, mientras que el 10,8% nunca logra acceder.

En los estudios moleculares que permiten definir si un paciente puede recibir inmunoterapia, el 95,5% de los pacientes con cobertura privada accede de manera habitual, mientras que en el sistema público ese porcentaje desciende al 72,6%. El 8,8% directamente no llega a acceder.

El relevamiento de la Fundación Donde Quiero Estar mostró las dificultades para acceder al diagnóstico y al tratamiento. El relevamiento evaluó el recorrido de 153 pacientes oncológicos en la Ciudad de Buenos Aires, Tierra del Fuego y Misiones. Uno de los puntos más preocupantes de las conclusiones del trabajo fue que las pacientes con cáncer de mama esperaron 125 días desde la primera consulta hasta el inicio de la terapia.

A su vez, las complicaciones varían según el lugar de residencia. Mientras que el 55% de los pacientes de la provincia de Buenos Aires reportó problemas para obtener la medicación indicada, esa proporción fue del 50% en Tierra del Fuego, del 38% en la Ciudad de Buenos Aires y descendió al 26% en Misiones.

Esa realidad también quedó reflejada en un estudio realizado en el Hospital San Bernardo de Salta, que evaluó el acceso al tratamiento de 78 pacientes oncológicos atendidos en esa institución durante 2024. Allí, uno de cada dos inició la terapia después de las cuatro semanas recomendadas y, en el 94,7% de los casos, la demora estuvo vinculada a un mismo motivo: la falta de medicación. Las mayores dificultades se concentraron en los anticuerpos monoclonales. Apenas cuatro de cada diez pacientes que necesitaban estas terapias lograron recibirlas y la demora promedio alcanzó las 8,8 semanas, más del doble de la observada con la quimioterapia convencional.

Desde el Ministerio de Salud señalaron que el acceso al diagnóstico molecular es uno de los principales desafíos para consolidar la medicina de precisión en oncología. Según explicaron, hoy las pruebas diagnósticas y los tratamientos suelen tener circuitos regulatorios y de financiamiento separados, lo que puede generar demoras y dificultades de acceso. Frente a ese escenario, la estrategia oficial apunta a evaluar en conjunto el test y la terapia, bajo un enfoque de medicina basada en valor, con modelos de financiamiento sostenibles y mecanismos de cobertura que prioricen aquellas intervenciones con beneficio clínico demostrado.

En paralelo, indicaron que se trabaja en fortalecer redes de laboratorios de referencia, mejorar la capacidad diagnóstica y actualizar los marcos regulatorios para incorporar biomarcadores y medicina de precisión dentro de las políticas públicas.

LA NACION intentó contactar a autoridades de obras sociales para conocer su visión sobre la problemática, pero hasta el momento no enviaron una respuesta.

Para Diego Kaen, jefe del Servicio de Oncología del Hospital Enrique Vera Barros de La Rioja, expresidente de la AAOC, el escenario refleja un cambio profundo en los desafíos de la especialidad. “La ANMAT aprueba nuevas drogas y los pacientes saben que existen porque hoy están mucho más informados y llegan al consultorio preguntando por ellas. Pero después muchas veces las obras sociales o las prepagas no las autorizan por el costo”, describe.

Kaen advierte además sobre una situación que, asegura, comenzó a repetirse con mayor frecuencia en distintos puntos del país. “Estamos recibiendo denuncias de oncólogos que son presionados para ser removidos de las cartillas por indicar medicamentos de alto costo. Es una forma de presión sobre el médico. El oncólogo termina administrando costos cuando su única preocupación debería ser indicar el mejor tratamiento posible”, resalta Kaen.

Para Kaen, otro de los grandes desafíos es el acceso al diagnóstico molecular. “Por ejemplo, hoy prácticamente ningún paciente con cáncer de pulmón debería iniciar tratamiento sin un estudio molecular. Sin embargo, en la Argentina menos del 30% accede a ese análisis y la enorme mayoría de esos estudios terminan siendo financiados por la propia industria. El otro 70% directamente no se estudia porque no tiene acceso”.

El especialista considera que el problema excede a cada hospital y requiere una estrategia nacional. “No podés dejar a Jujuy, La Rioja o Tierra del Fuego negociando individualmente medicamentos oncológicos. Las provincias más chicas terminan comprando a través de droguerías y pagan mucho más caro. Al menos para los hospitales públicos debería existir una compra centralizada con una distribución equitativa”, sugiere.

La preocupación también alcanza a uno de los principales centros públicos especializados en cáncer del país. En el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo, dependiente de la Facultad de Medicina de la UBA, reconocen que las mayores dificultades aparecen una vez indicado el tratamiento, aunque destacan que el Roffo no es el encargado de proveer las drogas, sino que son los bancos de drogas de las provincias los que deben enviarlas.

“Cuando el paciente ingresa al Roffo y podemos asumir su atención, los tiempos para cirugía o radioterapia suelen ser relativamente cortos. El problema aparece con las terapias de precisión”, explica Adalberto Rodríguez, director del Área Técnica del instituto. “Hoy hablamos de mejores terapias, pero más costosas. Eso genera cada vez más pedidos de autorizaciones, auditorías y documentación adicional, lo que genera demoras”, describe.

Un importante oncólogo de un hospital público nacional de alta complejidad, que pidió reserva de identidad por tratarse de un tema sensible, resume el dilema cotidiano que enfrentan muchos equipos médicos: "A veces sabemos cuál sería el mejor tratamiento para un paciente, pero terminamos indicando otro porque es el único que probablemente podamos conseguir en un tiempo razonable. Son decisiones muy difíciles porque la enfermedad no espera”.

En paralelo, varios de los especialistas consultados expresaron preocupación por la decisión del Gobierno de integrar las funciones del Instituto Nacional del Cáncer a la estructura del Ministerio de Salud, bajo el nombre de Dirección Nacional del Cáncer (DNC). Mientras la cartera sanitaria sostuvo que se trata de una reorganización administrativa destinada a reducir estructuras duplicadas, que no afecta al funcionamiento ni a los programas presentes y futuros.

“En los últimos años se debilitaron varios programas de prevención y detección precoz. Antes existían estrategias nacionales consolidadas para cáncer de mama, cuello uterino y colon. Hoy muchos de esos programas funcionan con mayores dificultades. La reorganización del Instituto Nacional del Cáncer probablemente influyó en ese proceso: por ejemplo, el programa de test de VPH lleva tiempo con problemas para acceder a reactivos y ya no existe el mismo nivel de coordinación que había”, lamenta Zarba.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/cancer-la-desigualdad-tambien-se-juega-en-el-acceso-al-tratamiento-nid14072026/

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