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Cómo fue el proyecto de paisajismo que transformó los jardines de La Rural

Los jardines de La Rural de Palermo sumaron una capa nueva a su historia. Entre 2025 y 2026 se planificó y se ejecutó la renovación de tres sectores del predio: el cantero del Restaurante El Cen...

Los jardines de La Rural de Palermo sumaron una capa nueva a su historia. Entre 2025 y 2026 se planificó y se ejecutó la renovación de tres sectores del predio: el cantero del Restaurante El Central, el ingreso por la calle Sarmiento y el área del mástil. La superficie total intervenida alcanza los 1.250 metros cuadrados. La propuesta tiene un objetivo preciso: que el verde ofrezca interés visual en las cuatro estaciones y que lo haga en diálogo con la arquitectura que lo rodea.

Al frente del proyecto de Estudio Paisajismo estuvo la paisajista Lucía Schiappapietra, que define el método de trabajo con una frase: “Antes de elegir las plantas, hay que entender el lugar. La arquitectura, su historia y la manera en que las personas lo recorren son parte del diseño”. El encargo fue integral. El estudio se ocupó del diseño paisajístico, de la provisión de plantas y materiales, de la instalación del sistema de riego y de la ejecución y la dirección de la obra.

Nuevos canteros en La Rural.movUn edificio como punto de partida

La referencia fundamental fue El Central. Los arquitectos Eduardo Lanús y Pablo Hary lo proyectaron en 1909 para la Exposición Internacional del Centenario y se inauguró en 1910. Es una obra de riguroso estilo Beaux Arts que remite a la arquitectura francesa de mediados del siglo XVIII, con el Grand y el Petit Trianon de Versalles como modelo más representativo. Hoy es Patrimonio Histórico Nacional.

La construcción no nació como pieza aislada. Integra un conjunto con la Pista Central, los pabellones y las tribunas, donde edificios, pista y jardines se leen como una unidad. Esos jardines rodean El Central y completan su imagen de palacio. La puesta en valor de los edificios históricos comenzó en el año 2000 y el conjunto conserva hasta hoy el carácter de 1910.

Frente a esa fachada formal y clásica, la renovación eligió el registro de los jardines ingleses, con una composición que combina estructura, movimiento y floración. La decisión no contradice al edificio. Lo acompaña con una mirada más suelta, en la que la regularidad de la arquitectura convive con la variedad de la vegetación.

La lógica del cantero

El cantero de El Central se organizó en tres franjas vegetales estratificadas. Esa disposición da profundidad y permite combinar arbustos, herbáceas y gramíneas en distintos planos. El diseño evita la uniformidad y apuesta por la diversidad de formas, alturas, texturas y colores, sin perder la lectura armónica del conjunto.

La paleta responde a una planificación por estaciones. Salvias, gauras, nepetas, agapantos, verbenas y rosas blancas comparten espacio con gramíneas que aportan ligereza y movimiento. Algunas especies se repiten a lo largo de la composición, una decisión que Schiappapietra defiende con énfasis: “En paisajismo, repetir una especie no significa hacer siempre lo mismo. La repetición construye unidad y permite que el ojo recorra el jardín, reconozca sus formas y encuentre un ritmo”.

El desafío del invierno

El mayor reto del proyecto fue sostener el atractivo del jardín en la estación fría. El invierno es el momento de la tradicional Exposición Ganadera, una de las citas más importantes del calendario del predio. Por eso se eligieron especies de floración temprana o invernal y también plantas que conservan su valor por la textura y el color del follaje.

Los junquillos se valoran por sus flores y por su perfume, que suma una dimensión sensorial al paseo. Las coronas de novia anticipan la primavera y ofrecen tonos ocres en los meses fríos. Las rosas blancas ‘Iceberg’, las salvias y las gauras completan una secuencia en la que una floración toma la posta de la otra. En las macetas se optó por buxus, cuyas formas compactas y ornamentales conversan con el carácter clásico del edificio.

La paisajista resume el criterio: “Buscamos que el jardín tenga presencia en todas las estaciones. No se trata solamente de que esté florecido en primavera o verano, sino de que conserve su estructura, su textura y su interés visual también en invierno”.

Lo que ya estaba, también cuenta

La intervención no partió de cero. Un gomero de aproximadamente 160 años, parte del patrimonio vegetal del predio, recibió una poda especializada en altura para favorecer su conservación. Su edad es casi la misma que la de la institución, fundada en julio de 1866.

La escultura del jardín se trasladó a una posición central dentro del cantero y quedó integrada a la nueva composición. Así, arte, arquitectura y naturaleza se relacionan de manera más directa y los elementos preexistentes adquieren una lectura distinta sin perder su lugar en el espacio.

Una obra pensada para el uso intensivo

La Rural recibe grandes cantidades de público y tiene actividad durante todo el año. Por eso el diseño debió contemplar, además del resultado estético, las condiciones de circulación, uso y mantenimiento. La ejecución también requirió una planificación cuidadosa, porque el predio no se detiene.

El trabajo del estudio no termina con la obra. Estudio Paisajismo, fundado en 1993, también tiene a cargo el mantenimiento de los sectores intervenidos. El seguimiento permite acompañar la evolución de las plantas y proteger la calidad del diseño frente a las exigencias de los grandes eventos. “Un jardín es un espacio vivo. El diseño es el comienzo, pero después hay que acompañar su crecimiento, entender cómo evoluciona y cuidar que conserve la intención con la que fue creado”, afirma Schiappapietra. La paisajista se formó en la Escuela Argentina de Espacios Verdes y dirigió el área de Espacios Verdes de Vicente López.

La mirada institucional

Para La Rural, los espacios verdes forman parte de la identidad del predio desde sus orígenes. Claudio Dowdall, Director General de La Rural, recuerda que para la Exposición del Centenario de 1910 se completaron, junto con edificios y pabellones, los jardines que acompañan al conjunto. Con los años se sumaron otros espacios de valor simbólico, como la Plaza del Bicentenario, inaugurada en 2010, que reúne vegetación representativa de cada región del país.

El criterio de conservación es explícito. “La Rural entiende este patrimonio como un legado que debe preservarse y transmitirse”, sostiene Dowdall. Esa línea se expresa en la puesta en valor iniciada en el año 2000 y en un trabajo anual de mantenimiento y modernización. En 2025, por ejemplo, se reacondicionaron los pabellones equinos 8 y 9. La gestión del predio incorpora además criterios ambientales, como el parque solar de 1.100 paneles instalado en 2022 y la primera medición de huella de carbono de un predio ferial en la Argentina, realizada en 2025.

En esa misma continuidad se inscribe la renovación de los jardines. El criterio que lleva a la institución a cuidar cada año sus instalaciones se traslada al paisaje: conservar lo que existe, sumar una capa nueva y sostenerla en el tiempo. A 160 años de su fundación, La Rural entiende que el verde también es patrimonio y que un jardín bien cuidado puede actualizar la identidad de un lugar sin borrar sus huellas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-jardin/como-fue-el-proyecto-de-paisajismo-que-transformo-los-jardines-de-la-rural-nid06112026/

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