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Constantino Hevia: “Si hay consenso sobre la forma correcta de manejar la macro, si en el medio nos desviamos un poquito, no importa”

“La teoría pura dice que hay que sostener los principios macroeconómicos, pero las restricciones políticas dicen: vamos a desviarnos un poco por la sostenibilidad política”, señala. “Cie...

“La teoría pura dice que hay que sostener los principios macroeconómicos, pero las restricciones políticas dicen: vamos a desviarnos un poco por la sostenibilidad política”, señala. “Cierta discrecionalidad en la política económica parece ser necesaria”, puntualiza. “Cualquier tipo de discurso que pueda generar incertidumbre va a impactar en la política monetaria hoy. Y es parte de la razón de por qué la inflación está tardando en bajar un poco”, reflexiona. “En el tema de la morosidad, siempre hay un trade off, ninguna de las dos cosas es perfecta: salvo al sistema financiero para evitar algo mucho peor, pero eso puede generar incentivos medio perversos para que el sistema financiero se aproveche y sea imprudente en el futuro. La misma idea puede aplicarse con las personas”, señala. “Hay una razón política por la que a veces se opta por salvar al mercado financiero: es que las personas son muchísimas y tienen menos poder de lobby. El sector financiero tiene mucho poder de lobby”, señala. “Pero hay una razón económica: que las personas son individuales, no van a generar un efecto cascada sobre toda la economía. El sector financiero sí puede hacer eso. Por eso existe un regulación al sistema financiero”, compara.

“En política monetaria, tanto o más importante que el instrumento que se maneja son las expectativas hacia el futuro”

“En política monetaria, tanto o más importante que el instrumento que se maneja son las expectativas hacia el futuro”, afirma. “Si el Gobierno sigue con esta idea de tener una cantidad de dinero que se mantenga más o menos estable, en el mediano o largo plazo va a hacer bajar la inflación”, asegura. “Está la teoría de que si se hace política monetaria muy contractiva, se puede profundizar una recesión. Pero por otro lado, si uno estabiliza la inflación y las expectativas, eso tiene que ser reactivante”, analiza. “Hay un objetivo de bajar el tamaño del Estado. Si el déficit de un mes da positivo y otro mes da negativo, no importa”, dice. “Lo que no querés es tener un déficit permanente y consistente del 3 o 4 por ciento del PBI”, agrega. “No hay que ir al dato mensual de si hay superávit hoy o mañana; hay que pensar en un promedio. Y el déficit no necesariamente tiene que ser cero”, plantea. “Se puede vivir con un déficit bajito para siempre. Y parte de eso se financia con lo que se llama señoreaje, y con una inflación del 2 o 3 por ciento anual, no del 20 y pico por ciento. El señoreaje es la recaudación por la emisión de dinero que genera el Gobierno”, explica. “Los países avanzados que ya controlaron la inflación a veces tienen déficit, a veces tienen superávit. Tampoco es necesario que el déficit de 0 estricto en cada momento del tiempo, y de hecho probablemente no sea lo ideal”, desarrolla. “La clase media está sufriendo más. El salario del sector privado registrado está medio estancado y eso es lo que genera malestar”, reconoce. “La Argentina tiene un problema de credibilidad muy fuerte, pero no necesariamente de credibilidad del plan económico o de que esté mal el plan económico que se está implementando sino un problema de credibilidad en este sentido: que en un año se va a dar vuelta como una tortilla y vamos a hacer lo opuesto”, advierte. “La gente sí entiende un poco más que no se puede vivir con un déficit permanente”, valora. “Si hay un riesgo altísimo de pasar de un plan, que puede estar perfecto, a pasar a otra cosa diametralmente opuesta, eso afecta todo lo que pasa hoy. En economía funciona esto de que, por ahí, importa más lo que esperamos que pase en el futuro que lo que está pasando ahora”, analiza. “Si hay ruido político, se pueden desanclar todas las expectativas aunque el Gobierno tenga un buen plan”, concluye.

El respetado economista Constantino Hevia estuvo en La Repregunta. Hevia es director del Departamento de Economía de la Universidad Di Tella, donde también es profesor de macroeconomía. Es Doctor en Economía por la Universidad de Chicago. Su trabajo de investigación se enfoca en macroeconomía, política monetaria y finanzas.

Mora, ¿un conflicto entre privados o del plan económico? ¿El Gobierno tiene algo para hacer sin romper la macro? ¿La macro racional puede contemplar un salvataje? “Moral hazard”; ¿mercado financiero protegido, mercado de individuos desprotegidos? Mercado de votantes, ¿por qué hay menos incentivos para salvarlos? Lobby y efecto cascada. ¿Culpa del “riesgo kuka” o un buen plan económico es a prueba de todo? Credibilidad: ¿el consenso macroeconómico es el ancla? El otro mercado: ¿cómo responde la macro ortodoxa y racional al mercado de los votantes? Macro racional y el rol de la discrecionalidad del Gobierno. Consenso macro, ¿cómo hacerlo sostenible ante la alternancia política? ¿Por qué cuesta tanto que la inflación siga bajando? ¿Es la política monetaria mileísta o la política, o las dos? Superávit mileísta, ¿ficticio y pisando gastos o real y sostenible? Déficit, ¿por qué las economías desarrolladas pueden tener déficit? Superávit, ¿ajuste al bolsillo, pero con exenciones en el RIGI? Clase media, ¿la gran perjudicada? ¿Por qué deben desaparecer los regímenes como el de Tierra del Fuego? Hevia hizo su análisis.

Aquí, la entrevista completa.

Morosos. ¿Un conflicto entre privados, o el Gobierno tiene algo para hacer sin romper la macro?

-El tema de los morosos se ha vuelto candente, casi más que la inflación. La conversación social está centrada en la morosidad en la Argentina. ¿Es un problema de privados o es un problema del plan económico del Gobierno?

-Hay un poquito de ambos. Por un lado, están las decisiones de los privados cuando toman sus decisiones de ahorro, de inversión, de por cuánto endeudarse. Pero también las decisiones del Gobierno pueden generar cambios en la tasa de interés u otro tipo de cosas que afecten la capacidad de pago. Es una mezcla de las dos cosas, en mi opinión.

-¿Usted ve que en el movimiento económico de 2025 y 2026 hubo incentivos tácitos en el plan económico que llevaron a un endeudamiento de sectores que tradicionalmente no podían afrontar el endeudamiento?

-Según entiendo, mucho de la morosidad corresponde a jóvenes, gente de la generación Z o menor todavía.

“Cualquier tipo de discurso que pueda generar incertidumbre va a impactar en la política monetaria hoy. Y es parte de la razón de por qué la inflación está tardando en bajar un poco”

-Entre los de 18 y 30 años, la morosidad está en torno al 30 por ciento.

-Mi generación todavía, por suerte, no está tan afectada. En la Argentina tenemos una historia larga, algo que es parte del argumento que hace el Gobierno, de préstamos con tasas más o menos estables y después, con la inflación el valor real del préstamo baja. Y en este caso no pasó porque ahora estamos en un proceso de desinflación. Entonces el costo real no cayó. Quizás hubo alguna gente que pensaba en eso, que históricamente sacás un crédito y la inflación le juega a favor, como se dio hace muchos años cuando la gente sacaba créditos hipotecarios y después terminaba pagando 500 pesos por mes. Eso es una posibilidad. Por otro lado, las tasas de interés están altísimas. Si uno mira las billeteras virtuales famosas y te fijás el costo financiero total de un préstamo, es absurdamente alto.

-En esos casos, la morosidad puede estar en torno al 32 por ciento en algunos casos y al 18 por ciento.

-Con tasas están arriba del 100 por ciento. Si tenés esos costos financieros tan altos, es inevitable que un montón de gente caiga en la morosidad.

Mora. ¿Culpa del “riesgo kuka” o del plan económico?

-Me interesa entender el cerebro de un economista, un macroeconomista de la Universidad de Chicago que piensa en el caso argentino, que es argentino y que vive en la Argentina de este plan económico de Milei. Lo que quiero entender es esto: el tema de las tasas. El Gobierno hace esta lectura: que el año pasado la oposición dura kirchnerista buscó dar una especie de golpe de Estado en el Congreso intentando pasar leyes que aumentaban el gasto público y eso produjo una incertidumbre que impactó en la subida de la inflación. También le atribuye a ese contexto una responsabilidad en el nivel de las tasas. Ahora bien, hay otros economistas, inclusive economistas que están de acuerdo en términos generales con el plan del Gobierno, que ponen foco en el desarme de las LEFI y en el manejo de la cantidad de dinero que hizo el Gobierno el año pasado. ¿Un macroeconomista con su concepción económica ve ese problema?

-Pasaron las dos cosas. Por un lado, desde más o menos septiembre del año pasado, la política monetaria está un poco más clara. El Banco Central no es muy claro en cuál es la política monetaria; no es obvio cuál es el método. Pero si uno mira los datos, pareciera que están controlando los agregados, la cantidad de dinero. Antes de ese proceso, controlaban el tipo de cambio, pero nunca lo decían explícitamente. Y en el medio, en ese período de desarme de las LEFI, hubo un caos monetario, con las tasas de interés subiendo muchísimo. Ahí empezó todo: una volatilidad enorme que, en parte, es culpa de la política monetaria que tomó el Gobierno. Después vinieron las elecciones en la provincia de Buenos Aires, donde a Axel Kicillof le fue muy bien. Eso generó un montón de incertidumbre que ya excede la parte monetaria. Cuando la oposición ve que tiene posibilidades de que le vaya bien en las elecciones, hace anuncios más explosivos, y eso genera volatilidad. Por eso digo que pesan las dos cosas. Y el año que viene va a pasar lo mismo cuando estemos cerca de las elecciones. Ya ahora hay algunos indicios. La semana pasada hubo una serie de dirigentes de la oposición que empezaron a hacer anuncios un poco disruptivos: que vamos a echar a (Santiago) Bausili, que vamos a dar vuelta todo. Todo eso genera volatilidad e incertidumbre. Porque, en definitiva, dentro de la política monetaria, lo que pensamos ahora de política monetaria es que tanto o más importante que el instrumento son las expectativas que se generan hacia el futuro. Entonces cualquier tipo de discurso que pueda generar incertidumbre va a impactar en la política monetaria hoy. Y es parte de la razón de por qué la inflación está tardando en bajar un poco.

-El tema del año pasado es interesante. Hubo un desafío electoral en el que sale triunfante el kirchnerismo en septiembre y eso genera una incertidumbre hacia adelante.

-Generó una incertidumbre muy grande. Y si no aparecía (Scott) Bessent, Estados Unidos comprando pesos, capaz que no llegábamos a la elección porque había una crisis.

“Riesgo kuka”. ¿Un buen plan económico es a prueba de todo?

-Eso es un problema del plan económico y del Gobierno: la oposición va a generar incertidumbre porque tiene otra mirada sobre el mundo y compite con eso electoralmente. Ahora, si un plan económico necesita un salvataje de esa escala, tan único en la historia de la economía y de esa envergadura, es que está teniendo un problema intrínseco.

-De hecho, en la historia hay tres casos en los que Estados Unidos intervino de esta forma: una vez en Japón; una vez con Europa comprando euros y el tercero, Argentina. Así que sí, de acuerdo.

-Un plan sólido resiste una elección, el desafío electoral. ¿O no?

-Sí, pero también hay que ver de dónde uno viene. No es tan fácil. La política monetaria del Gobierno debería ser más explícita respecto de cuál es el instrumento que se maneja y tratar de generar expectativas hacia el futuro sobre lo que va a hacer. Ahora, si el próximo gobierno, el próximo cambio institucional grande puede pasar dentro de dos o tres años o cuatro años, es muy corto el tiempo. Eso puede desanclar todas las expectativas, si de repente hay ruido político.

-¿Aunque el Gobierno tenga un buen plan?

-Sí, aunque tenga un buen plan. Sí porque si hay un riesgo altísimo de pasar de un plan, que puede estar perfecto, a pasar a otra cosa diametralmente opuesta, eso afecta todo lo que pasa hoy. En economía funciona esto de que, por ahí, importa más lo que esperamos que pase en el futuro que lo que está pasando ahora.

-Es decir que un problema macroeconómico de la Argentina es en realidad un problema político: la alternancia con un signo ideológico muy polarizado.

-Es un problema de credibilidad muy fuerte, pero no necesariamente de credibilidad del plan económico o de que esté mal el plan económico que se está implementando sino un problema de credibilidad en este sentido: que en un año se va a dar vuelta como una tortilla y vamos a hacer lo opuesto. Sería ideal que haya cierto consenso entre la oposición y el Gobierno y cualquier tipo de oposición, como pasa en otros países como en Chile, en Uruguay donde no está en discusión si está bien o si es correcto emitir como loco para financiar el Tesoro. eso no está en discusión. Se sabe que si uno emite como loco para financiar al Tesoro, va a generar inflación, y todos los problemas que genera. Acá pareciera que no llegamos a ese acuerdo. La gente sí entiende un poco más que no se puede vivir con un déficit permanente. Pero bueno, sigue estando ahí. Generar esta credibilidad y generar un consenso en la población sobre lo que podemos hacer o no es un proceso largo.

El otro mercado. ¿Cómo responde la macro ortodoxa y racional al mercado de los votantes?

-Me interesa ese punto porque el tema de la morosidad vuelve a interpelar al plan económico en relación al impacto positivo o negativo que tiene en la vida de las personas. Y no hay continuidad posible si las personas no sienten el beneficio de un plan. ¿Cómo integra la macroeconomía las expectativas ya no del mercado financiero sino del mercado de votantes, de la gente común y corriente? Hoy en día el problema pasa por ahí.

-Yo no soy politólogo, pero puedo darte lo que pienso.

-Pero usted es macroeconómica y considera esa variable. ¿O no?

-En la teoría, sabemos que lo óptimo es tener estas reglas claras y tratar de no desviarse. Pero tenemos la práctica o esta situación de alternancia cada cuatro años, que puede cambiar muchísimo las expectativas.

-Sí, ése es un dato de la política.

-En economía decimos que el Gobierno hace cosas de manera discrecional, es decir que no anuncia una regla, ni las cumple a rajatabla, sino que va cambiando. Por ejemplo, se pasó del manejo del tipo de cambio a los agregados, o a manejar la tasa de interés. Pero no lo dicen mucho, no está muy claro. En parte, lo hacen a propósito. Sabemos que, en teoría, es mejor tener las reglas, pero hay circunstancias para las que el Gobierno quiere dejarse un grado de libertad para tener cierta discrecionalidad, para cambiar las cosas rápido.

-En ese marco, la pregunta para el macroeconomista es: ¿qué hace un plan macroeconómico racional en los términos que usted lo plantea, con esos principios que están muy claros, cuando tiene un problema de morosidad como el que tiene actualmente el Gobierno?

-Se pueden hacer dos cosas: atenerse a una regla y decir no voy a salvar a esta gente, ellos tomaron su decisión de manera privada. Si eligieron mal, es su problema. Es la posición del Gobierno. Si empiezo a salvar gente, en economía, esto se llama problema de “moral hazard”, problema moral.

-Lo dijo Bausili.

-La traducción al castellano no funciona bien. En este ejemplo, si sé que el Gobierno me va a salvar y me va a ayudar a pagar el crédito, entonces la próxima vez hago lo mismo: tomo un crédito y después no lo puedo pagar. Están estas dos cosas. Por un lado, si el Gobierno se atiene a la regla, va a estar sosteniendo los incentivos para que la gente no se endeude imprudentemente. Pero por otro lado, esto está generando un montón de morosidad. Evidentemente va a afectar también al mercado político.

“Hay una razón política por la que a veces se opta por salvar al mercado financiero: es que las personas son muchísimas y tienen menos poder de lobby. El sector financiero tiene mucho poder de lobby”

“Moral hazard”. ¿Protege al mercado financiero y desprotege al mercado de individuos? De EE.UU. a la Argentina de Milei

-Ahora, si el “moral hazard” tuviera que ver con el sistema financiero, ¿el Gobierno saldría en rescate del sistema financiero? Está claro que no sale al rescate de los individuos, de las personas de carne y hueso que están teniendo el problema. En una economía como los Estados Unidos, en la crisis 2008, el Gobierno salió a rescatar a los bancos. ¿El problema del moral hazard se aplica discrecionalmente? ¿Protege al mercado financiero, pero no a la gente común y corriente?

-Sí, Estados Unidos en la crisis 2008-2009 salió a salvar a una gran parte del sector financiero. Hay dos temas. Salvar al sistema financiero genera un problema de moral hazard. Se ha estudiado y hay mucha discusión sobre eso. Pero, por otro lado, si cae el sistema financiero, se puede generar un tsunami que paraliza la actividad. Hay un trade off, un intercambio o un balanceo entre dos cosas, que ninguna es perfecta: salvo el sistema financiero para evitar algo mucho peor, pero eso puede generar incentivos medio perversos para que el sistema financiero aproveche esa ventaja y sea imprudente en el futuro. La misma idea puede aplicarse al sector de los individuos, con las personas.

-En ese caso, en la crisis de 2008, Estados Unidos desprotegió a las personas, que perdieron sus casas, por ejemplo, con la burbuja inmobiliaria. Hubo un trade off que cae con todo su peso negativo sobre la gente.

-Sí, y la razón política es que las personas son muchísimas y tiene menos poder de lobby. El sector financiero tiene mucho poder de lobby. Pero hay una razón económica: que las personas son individuales, no van a generar un efecto cascada sobre toda la economía. El sector financiero sí puede hacer eso. Por eso existe un regulación al sistema financiero que es tan fuerte para tratar de evitar este tipo de cosas, tratar de evitar que se sobrepongan a riesgo y después, tener que salvarlos.

-En ese punto, la amplitud con la que el Gobierno le dio rienda suelta a las fintech y a las billeteras virtuales, ¿representa un problema de incentivos para que ese sistema financiero dé créditos que eran insostenibles para la gente en realidad?

-Las fintech tienen una regulación distinta que los bancos.

-Tienen menos restricciones.

-No deberían poder tomar depósitos a la vista como hacen los bancos. Es un tema técnico. Uno puede poner la plata en la billetera virtual, pero lo pone en un fondo común de inversión, no en una cuenta a la vista. Ahí funciona un poco distinto: las corridas que puede haber sobre los bancos van a ser distintas a los que puedan impactar en las billeteras virtuales. Se intenta regular mucho al sector financiero para evitar corridas bancarias, es decir, que salgamos todos corriendo a retirar los depósitos de los bancos como en 2001. En las billeteras virtuales no va a pasar eso.

-Pero sí tienen un impacto en la vida de la gente. Entonces la política debería considerar algún tipo de restricción o algún tipo de regulación.

-La política, probablemente sí. En la economía podemos discutir qué se puede hacer o no; no lo tengo claro.

Consenso macroeconómico. ¿Cómo hacerlo sostenible ante la alternancia política?

-Eso es interesante. Uno quiere un país con una macroeconomía racional, sana, con los principios que los países vecinos tienen: no caer en el déficit fiscal, no emitir y así evitar que haya inflación, tener un crecimiento sostenido de manera balanceada en distintos sectores de la economía, lo más competitivos, y aquellos sectores que no lo son tanto, que se reconviertan y se integren de otra manera, con bajas tasas de desempleo, baja informalidad como en Uruguay, que es del 23 por ciento. Uno quiere eso. Ahora, después están los efectos de las políticas, que tienen agujeros negros y generen incentivos negativos. Para que la macroeconomía racional se sostenga intertemporalmente, que es la utopía, por un lado consenso democrático y por otro lado consenso macroeconómico, tiene que poder dar respuesta a demandas muy puntuales que suceden en un momento dado, como la de los morosos. Si no, ¿cómo se sostiene ese consenso macroeconómico intertemporalmente?

-Sí, y además por un tema de sostenibilidad política, más que de sostenibilidad económica.

-Es que van de la mano.

-Sí, van de la mano, exactamente. Por ahí la teoría pura dice que hay que hacer esto, pero las restricciones políticas dicen: vamos a desviarnos un poco. En la medida en que haya una idea de largo plazo, si en el medio nos desviamos un poquito, no importa, pero si hay una idea de largo plazo y llegamos a un consenso sobre lo que queremos del país, es la forma correcta. Y en el medio va a haber ruido político, siempre lo va a haber. Entonces, en el medio, cierta discrecionalidad en la política económica parece ser necesaria.

-Sobre todo cuando la demanda social está presionando.

-Sí.

¿Por qué cuesta tanto que la inflación siga bajando? ¿Es la política monetaria mileísta?

-El gran tema es éste: el Gobierno hizo un gran trabajo bajando la inflación de 213 por ciento en el último año de Alberto Fernández-Sergio Masa a un 31 por ciento el año pasado. Se espera que esté en torno a ese número y que el año que viene sea menor. Ahora, hubo una subida desde mediados del año pasado hasta hace unos pocos meses. No está claro que se sostenga a la baja, porque tiene forma de serrucho. ¿Por qué cuesta tanto que la Argentina reaccione a un plan de estabilización económica? ¿Es la presión de la apetencia por el dólar como mecanismo para cubrirse hacia el futuro?

-La explicación de por qué la gente demanda muchos dólares está en la historia argentina: siempre te resguardás en el dólar. Esto de que la inflación empezó a bajar, después subió un poquito, bajó en parte, tiene que ver con esta incertidumbre sobre cuáles son los objetivos del plan o cuál es el instrumento económico y la incapacidad para anclar bien las expectativas a futuro. El otro tema es el ruido político. Ahora, desde septiembre del año pasado, más o menos, el Gobierno no lo anuncia así, pero si uno mira los datos agregados de la cantidad de dinero se ve que está bastante estable. Eso, a la corta o a la larga, va a hacer que la inflación baje. Eso es casi aritmético a menos que las expectativas se desanclen completamente. Si el Gobierno sigue con esta idea, por más que no la hagan explícita, de tener una cantidad de dinero que no crezca tanto, que se mantenga más o menos estable, eso, en el mediano y largo plazo, va a tener que hacer bajar la inflación. De hecho, en un año, los agregados monetarios tradicionales subieron muy poco, en torno al 5 por ciento, depende de qué agregado uno mira.

“Se puede  vivir con un déficit bajito para siempre. Y parte de eso se financia con lo que se llama señoreaje, y con una inflación del 2 o 3 por ciento anual, no del 20 y pico por ciento. El señoreaje es la recaudación por la emisión de dinero que genera el Gobierno”

-¿Eso no impacta en la actividad y en la recesión?

-Depende. Uno podría pensar que la inflación podría ser muy reactiva. Pero hay teorías distintas. Está la teoría de que si se hace política monetaria muy contractiva, se puede profundizar una recesión. Pero por otro lado, si uno estabiliza la inflación y estabiliza las expectativas, eso tiene que ser reactivante.

-Porque el poder adquisitivo empieza a crecer.

-Sí, empieza a crecer el poder adquisitivo y los inversores, las personas, tienen un horizonte de planeamiento más largo y pueden decidir dónde invertir o no. Muchas veces la gente se plantea: ¿qué hago? ¿Invierto o no? Se señala que en los últimos años no hubo una gran cantidad de inversión extranjera directa, aunque está el RIGI, pero no es muy grande, tiene que ver con eso. No sabemos cuánto va a durar esta economía, entonces el inversor espera.

-La elección de 2027 es el horizonte que responde esa pregunta.

-Sí. ¿Hay cuatro años más hasta 2031, o se acaba en 2027 y viene alguien que ya dijo que va a hacer lo opuesto?

¿Por qué no baja la inflación? ¿Es la apetencia por el dólar?

-La cantidad de dólares que están comprando los argentinos es muy significativa. La cantidad de dinero está fija o está cayendo, la base monetaria no está creciendo mucho y está estabilizada, por eso la inflación va a seguir cayendo, según usted plantea y parece confirmarse. Pero, por otro lado, los argentinos se siguen dolarizando, y ese envión no para.

-Depende del momento. Está toda la discusión del dólar. Siempre, cuando hay ruido, el argentino se va a dolarizar.

-¿Y eso no impacta en la inflación, con la idea de que pase a precios?

-Si la gente demanda muchos dólares, puede subir el precio del dólar y eso, eventualmente, podría irse a la inflación. Pero el pico raro de inflación que dio la Ciudad de Buenos Aires, 2.9 por ciento, que es muy alto, no se espera para la inflación del Indec. O sea, la inflación está bajando, Quizás no empieza con 1, pero va a tener que bajar en la medida en que se mantenga la política monetaria.

Superávit mileísta. ¿Ficticio y pisando gastos o real y sostenible?

-Eso está claro: inflación, morosos. Vamos tachando los temas de esta clase. Pasemos a otro. El Gobierno muestra como bandera esa baja de la inflación, ese control muy significativo que logró desde 2023, y por otro lado, el superávit. Pero hay economistas y macroeconomistas que sostienen que ese superávit está basado en gastos pisados, en gastos pateados para adelante. De hecho en junio hubo un aumento del déficit fiscal, tanto primario como financiero, porque el Gobierno tuvo que pagar el medio aguinaldo, entre otras cuestiones. ¿Hay un superávit, pero en realidad es algo ficticio en el sentido de que el Gobierno está pateando gastos significativos hacia adelante y triplica la deuda con los proveedores de bienes y servicios del Estado?

-Hay algo de eso. Está lo que se llama el “déficit caja”, los pesos que entran y salen, y el déficit devengado, que son las cosas que no pago y pateo para adelante. Los dos no son idénticos, pero esta discusión de si el número da positivo o 0.5 negativo es medio irrelevante. El punto es que hay un objetivo de bajar el tamaño del Estado. Si el déficit de un mes da positivo y otro mes da negativo, no importa.

-Está claro que en el primer semestre hubo superávit.

-Lo que no querés es tener un déficit permanente y consistente del 3 o 4 por ciento del PBI Después, en el medio, si hay un superávit de 0,5 o de 0,25 o si hay un déficit de 0,25, eso no importa mucho. La actividad económica cambia, la recaudación impositiva cambia: si estás en una recesión, es natural que baje la recaudación impositiva. El gasto no cambia tanto y por eso es natural que haya un déficit. No hay que ir al dato mensual de si hay superávit hoy o mañana sino que hay que pensar en un promedio. Y el déficit no necesariamente tiene que ser cero. Se puede vivir con un déficit bajito para siempre. Y parte de eso se financia con lo que se llama señoreaje, y con una inflación del 2 o 3 por ciento anual.

-¿Qué es el señoreaje, del cual se habla siempre?

-El señoreaje es la recaudación por la emisión de dinero que genera el Gobierno: cuánta plata imprime el Gobierno y con esa plata, cuántos bienes puede comprar.

-Es decir que hay un nivel de déficit para el que se puede emitir sin poner en riesgo la inflación.

-Sí, o con una inflación muy baja del 3,4 o 5 por ciento anual, no 20 y pico. Los países avanzados que ya controlaron la inflación a veces tienen déficit, a veces tienen superávit. Tampoco es necesario que el déficit de 0 estricto en cada momento del tiempo, y de hecho probablemente no sea lo ideal.

Superávit, más impuestos vs ajuste. ¿Ajustes al bolsillo, pero exenciones en el RIGI?

-Última pregunta. La utopía mileísta es una inflación a la baja, tendiente a un dígito anual. Ese es el objetivo. La otra utopía es sostener el superávit o, al menos, déficit racional que usted plantea como mínimo.

-Van de la mano: si no lográs controlar el déficit, no lográs contener la inflación.

“La gente sí entiende un poco más que no se puede vivir con un déficit permanente”

-Ahora, una manera de sostener el superávit podría ser recaudando más impuestos. El Gobierno tomó una decisión con el RIGI y el Súper RIGI: a ciertos sectores decidió darles exenciones impositivas por una cantidad determinada de años para incentivar la llegada de inversiones. Pero por el otro lado, es muy disciplinador en relación a la eliminación de subsidios a las tarifas y que el bolsillo de los ciudadanos privados se haga cargo de ese gasto. ¿Esa es una ecuación por lo menos discutible? ¿Podría plantearse que las empresas tengan menos exenciones y darle más gradualidad al ajuste de las tarifas para darle oxígeno al bolsillo de los argentinos, que terminan endeudándose también porque se achicó su poder de compra?

-Son varias preguntas. En relación al RIGI, mi interpretación es que responde al problema de credibilidad que tiene la Argentina. Como no se sabe qué va a pasar de acá a cinco o seis años, se promete que ahora no se cobran impuestos por hacer la inversión. En las mineras es más debatible porque tiene un periodo de recuperación muy largo.

-Hunden mucha plata y tardan mucho en ganar.

-Y también está la discusión, con la que puedo estar de acuerdo, respecto de algunos sectores: algunos economistas dicen que el Gobierno le está dando exenciones impositivas a gente que igualmente hubiera hecho esa inversión, por ejemplo, en Vaca Muerta. Es como generarle un beneficio adicional en una inversión que harían de todas maneras. Es un punto que me parece válido.

-El otro punto es: se le da exenciones a esos sectores, entonces ahí se resta un ingreso para sostener el superávit, pero a la gente se le exige el ajuste de tarifas. El Gobierno opta por ajustar a la gente o presionarla con la corrección de tarifas, pero protege al sector del RIGI.

-Hay que eliminar los subsidios a las tarifas.

-Estamos de acuerdo.

-Además, por cuestión de tamaño, como porcentaje del PBI llegó a ser un número muy grande.

-Sí, estamos de acuerdo. Ahora bien, ¿no es discutible la falta de gradualidad de esa corrección? ¿El shock no es discutible?

-A nadie le gusta pagar más. Siempre va a generar este descontento. Pero si uno quiere pensar en subsidiar a las personas pobres para que el cambio en las tarifas no les sea tan fuerte, es mucho mejor darle un subsidio directo que darle la energía más barata. Es mejor desde el punto de vista de eficiencia en la asignación: se puede subsidiar con una transferencia con AUH o la que sea. Eso a los más pobres.

-El problema es que la clase media está también bajo presión.

-Sí, la clase media está sufriendo más. Y los salarios también están medio estancados. Los salarios informales, sorprendentemente, no tanto: no están tan mal, por lo menos en relación a cómo estaban antes. No hablo del nivel: no estoy comparando niveles. Pero el salario del sector privado registrado está medio estancado y eso es lo que genera malestar.

¿Por qué la macro racional debe incorporar la variable política?

-¿Una mirada macroeconómica ortodoxa y racional tendría que incorporar también un tempo político?

-Sí, definitivamente. Están los libros, las cosas que escribimos con matemática, y después está la implementación. Son cosas distintas. Cuando uno habla con cualquier economista que fue funcionario, te va a decir que estas cosas son súper importantes. Definitivamente hay que tener en cuenta el componente político. Ahora, con respecto a los impuestos, hace falta una reforma impositiva. Tenemos un montón de impuestos recontra distorsivos. Es muy complicado porque hay algunos impuestos que son potestad de las provincias; otros, de la Nación. Ingresos Brutos, que es recontra distorsivos, es provincial. Hay que llegar a algún consenso fiscal, como se hizo en su momento con Macri. Hay que reducir ese tipo de impuestos, pero hay que compensar con otro tipo de impuestos. Por más odioso que sea, es el impuesto al ingreso.

-Impuesto a las ganancias.

-La base imponible tiene que ser mucho más grande: empezar a cobrar muy poquito, pero desde ingresos bajos. Y si uno quiere cuidar una cuestión progresiva, que la tasa crezca respecto del nivel de ingreso.

-Y remover los regímenes de exención impositiva que hay, por ejemplo, Tierra del Fuego.

-Sí, totalmente. Es un absurdo Tierra del Fuego y ese tipo de regímenes. Creo que todo el mundo estamos de acuerdo en eso.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/constantino-hevia-si-hay-consenso-sobre-la-forma-correcta-de-manejar-la-macro-si-en-el-medio-nos-nid16082026/

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