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De cuero crudo, nylon o tendones de ñandú, el lazo criollo es una herramienta imprescindible en el campo

El lazo (esa soga o cuerda que se usa en tareas ganaderas para atrapar animales) llega a América con los conquistadores europeos. Los caballeros españoles ya lo conocían y era ampliamente usado ...

El lazo (esa soga o cuerda que se usa en tareas ganaderas para atrapar animales) llega a América con los conquistadores europeos. Los caballeros españoles ya lo conocían y era ampliamente usado en casi todo el mundo. Es un elemento hijo de la conquista que hoy existe desde Canadá hasta Tierra del Fuego, no obstante cada país lo ha ido adaptando según sus necesidades.

Comúnmente es de cuero crudo (los más característicos en nuestro país) aunque también existen de nylon, cáñamo, tendones de ñandú (muy antiguos) y otras fibras sintéticas. Se lo elabora cortando tientos (tiras de cuero) del cuero crudo de un yeguarizo o vacuno, los cuales formarán el largo del lazo que varía de 10 a 20 metros de largo. A los tientos se los va entreverando de forma torsionada (lazo torcido) o trenzado (lazo ídem, de 4, 6 u 8 tientos). Cada uno de los dos tiene sus características y resistencia: el trenzado es más vistoso, el torcido es más tosco y fuerte.

El cuero crudo (trabajado sin aditivos industriales, sobado solo a mano, estirado, raspado a cuchillo, maceta, ceniza y sal) es el material perfecto ya que tiene resistencia y elasticidad, condiciones básicas para un buen lazo. Aún conservo un lazo de mi padre, largo, de cuero crudo de burro, torcido, con una tonalidad gris oscuro que supongo tomó por el proceso de sobado ya que todos los cueros sin pelo son de color claro.

Una vez confeccionado el lazo en el largo deseado (sea para pialar, más corto o para enlazar de a caballo más largo) se le adosa una argolla de acero en una punta y una presilla de cuero. Con la argolla se da forma a la armada (círculo que caerá sobre las astas o cabeza, pata o mano del animal) y con la presilla se fija a la encimera del recado y se transporta colgando los rollos del recado o en el lomo, entre recado y la cola del caballo. En otras culturas el lazo se ata al pomo de la montura (cowboys y charros mexicanos) o a la cola del caballo (llanero venezolano).

Al caballo, una vez domado, se lo “hace de lazo”; esto significa que se le enseña a tolerar sin asustarse el revoleo (y su característico silbido) de la armada y rollos sobre su cabeza al galope y también a mantener el equilibrio cuando se conduce a un animal enlazado. Un buen caballo de lazo persigue al animal elegido de la misma forma que un caballo de polo va tras la bocha.

El criollo enlaza de a pie (pial a manos o cabeza) o a caballo (galopando o al tranco), en un corral o a campo abierto. Se arroja un rollo abierto (armada) y varios más para dar distancia al tiro. El tiro de lazo debe tener el rumbo correcto y a la vez se lo debe recoger a tiempo para que “cimbre” (es decir, se ciña) bien al lugar deseado, ya sea cabeza o pata. Para que el tiro sea seguro, cuando se enlaza de a caballo, el enlazador, una vez atrapado el animal, debe acompañar el recorrido de este por dos razones: una es evitar el estrangulamiento del animal y otra es para cuidar que el lazo no se tensione demasiado pudiendo cortarse con el consiguiente chicotazo (vuelta del lazo) hacia el enlazador, acción muy peligrosa; más de un ojo vaciado o cicatriz en la cara son el resultado de esa mala maniobra. A campo se enlaza del derecho, es decir, se corre al animal a la izquierda del mismo, arrojando el lazo hacia la derecha, lugar donde asimismo se halla la presilla al recado; esto hace que el lazo en tensión quede bien posicionado. Si tiráramos hacia la izquierda, el lazo apretaría el cuerpo del jinete con el peligro que eso conlleva. Hay varios tipos de tiros: de derecha, de revés, sobre el brazo, de atrás, por arriba del animal, a los pies.

En nuestra historia también tuvo otros usos; fue un arma de guerra, desmontando enemigos en batalla por enlazado o como trampa tendida en un camino.

Los avances en el campo (el uso de mangas, bretes móviles, cepos y mesas de capar), sumado a que enlazar a caballo es una actividad de riesgo que cada vez conoce menos adeptos, no serán la causa de la desaparición de esta herramienta básica. Seguirá presente en el campo por mucho tiempo, y además su uso en exhibiciones y yerras tradicionales sigue garantizado.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/campo/de-cuero-crudo-nylon-o-tendones-de-nandu-el-lazo-criollo-es-una-herramienta-imprescindible-en-el-nid25072026/

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