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De Resistiré a Rolando Rivas y de Montecristo a Ricos y famosos, las escenas de notables novelas que dejaron sin aliento a los espectadores

Las telenovelas nos acompañaron durante muchas décadas, sumergiéndonos en sus historias de amor imposible, desencuentros, venganzas, traiciones, reconciliaciones, amores prohibidos, villanos cru...

Las telenovelas nos acompañaron durante muchas décadas, sumergiéndonos en sus historias de amor imposible, desencuentros, venganzas, traiciones, reconciliaciones, amores prohibidos, villanos crueles, enredos familiares y, siempre, mucha pasión. Varias de ellas tuvieron escenas que dejaron sin aliento a los espectadores y han quedado en la memoria colectiva. En esta nota repasamos escenas de cinco culebrones icónicos de nuestra televisión.

Sin final feliz

Piel naranja (1975) fue una de las primeras telenovelas que rompió el modelo tradicional de final feliz en este género. En el momento cumbre de la historia, cuando ya todo parecía resuelto porque Clara (Marilina Ross) decide quedarse finalmente con su gran amor, Juan Manuel (Arnaldo André) y escapar juntos a Paraguay, algo inesperado sucede. En la famosa última escena, Joaquín encuentra a los amantes descansando en una hamaca paraguaya y les dispara. Ellos, sorprendidos, se miran y se abrazan. Joaquín ordena: “soltála, ella es mía. No pueden quererse, es un mal amor. ¡Qué tengo que hacer para que no sigan abrazados!”. Clara y Juan Manuel caen al piso, tomados de la mano y mirándose a los ojos. “Rojaijú Juan Manuel. Cómo se dice adiós en su querido guaraní”, dice ella. Él, con el último suspiro, agrega: “No tiene traducción, Ah ama. Ya me voy”.

Un final trágico que nadie esperaba y por el que criticaron mucho a su autor, Alberto Migré. El mismo Migré reveló años más tarde que en esa época “el programa era muy cuestionado, y se planteaba que era inmoral porque se trataba el tema de la infidelidad y se incitaba a ella. Pero, en verdad, no lo era. Piel naranja fue avanzada para ese momento, no sólo por su final, sino también por los temas que trató, como por ejemplo la sexualidad (el personaje de Rossi era impotente), sumado al contexto histórico que atravesaba el país. A los pocos días del final, salí de mi casa y una mujer me tiró un balde de agua helada desde su balcón y me gritó ‘asesino’. He tenido novelas que terminan muy mal y eso no se perdona”.

También quedó en la memoria el “rojaijú” que se prodigaban Clara y Juan Manuel mirándose a los ojos y que, en guaraní, significa “te quiero”. Grabada en blanco y negro, porque aún no había llegado a nuestro país la televisión en colores, el país se paraba para ver esta historia de 32 capítulos, todos los viernes en el horario central de Canal 13. Terminó en diciembre de 1975, con un rating de 60 puntos. El elenco se completaba con China Zorrilla, María Valenzuela, Raúl Taibo, Dorys Del Valle, Fernanda Mistral, José María Langlais, Carmen Vallejos, Pablo Codevilla, Haydée Padilla, Marta Albertini, entre otros. Había, además, un relator, Julio César Bartón, y la dirección fue de Carlos Berterreix.

La trama relata la vida de Clara, una joven viuda que trabaja en una tienda cuyo dueño también queda viudo y le propone casamiento. Ella no está enamorada, pero siente que Joaquín puede ser como un padre, pues ha quedado sola en la vida, junto a su madre. Es un matrimonio por conveniencia, sin felicidad. La gran diferencia de edad y los celos del marido hacen insoportable la vida de la joven. Hasta que un día ella conoce a Juan Manuel, un muchacho paraguayo, humilde, dueño del almacén del barrio. Se enamoran, claro, y deciden jugarse por ese amor, huyendo a Paraguay, pero Joaquín los sigue, los encuentra, les dispara y luego también él muere, de un infarto. Un final trágico que sorprendió a todos y dejó contentos a pocos.

Arnaldo André compartió su vivencia de ese final con LA NACION: “Tuvo un final trágico y no sé si existe otro en alguna telenovela del mundo. En ese género siempre se espera el final feliz, con casamiento. Aquí no hubo boda sino sangre. Hasta el día de hoy me recuerdan ese final y me preguntan por qué fue tan desdichado”, cuenta el protagonista.

Fue el actor quien le sugirió a Migré que la novela no tuviera un final feliz. “Al principio la idea no le gustó mucho. Pero le expliqué que yo pensaba que había que dar vuelta la telenovela, que había que mostrar otra cosa, correrse de los lugares comunes. Después de todo, ¿por qué en las novelas tiene que haber un final feliz, si son los finales no felices los que más se recuerdan?”. Quizá la sugerencia de Arnaldo le quedó dando vueltas a Migré, porque cuando le preguntaban cómo terminaría la novela, respondía: “no voy a decirlo porque quiero mantener el suspendo y porque, además, ni yo estoy seguro de cómo va a terminar”.

Un reencuentro inesperado

Montecristo, que emitía Telefe en 2006, también tuvo su escena icónica cuando sus protagonistas, Paola Krum y Pablo Echarri en la piel de Laura Ledesma y Santiago Díaz Herrera, se reencuentran después de diez años, sobre todo porque ella lo creía muerto. Inspirada en el libro de Alejandro Dumas, El Conde de Montecristo, y escrita por Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, la novela rozó los 40 puntos de rating, marcando uno de los mayores índices de audiencia en ese entonces.

En 145 capítulos, la trama se centra en Santiago Díaz Herrera (Echarri), un prestigioso abogado traicionado por Marcos (Joaquín Furriel), su mejor amigo, quien lo abandona en una prisión marroquí tras asesinar a su padre para ocultar crímenes de la dictadura. Luego de 10 años, Santiago logra escapar y regresa a Buenos Aires para desenmascarar a los responsables, recuperar su vida y reencontrarse con su gran amor, Laura (Krum), quien lo creía muerto y se había casado con Marcos.

La ficción también marcó un hito dentro de su género al incluir en su argumento central el tema de los detenidos desaparecidos durante la última dictadura militar y la apropiación de menores en ese período. Ganadora de varios premios, la novela fue vendida a más de 45 países y reversionada en otros ocho. El elenco se completaba con Lito Cruz, Oscar Ferreiro, Viviana Saccone, Roberto Carnaghi, Rita Cortese, Ulises Dumont, María Onetto, Luis Machín, Esteban Pérez, Virginia Lago, Mónica Scaparone, entre otros.

El tan esperado reencuentro entre Santiago y Laura sucede en el capítulo 59, y la escena comienza cuando ella lo ve charlando con su hijo (Milton de la Canal), sin poder creer que el hombre por el que lloró una década está vivo. Lo mira con lágrimas y con el corazón latiendo con fuerza, pero Santiago entra en pánico porque teme que su plan de venganza se desmorone y huye. Laura lo sigue hasta una casona antigua, se miran a los ojos y el apasionado encuentro es inevitable.

Fue una escena extraordinaria que, si la ves al día de hoy, no podés dejar de emocionarte. Cuando chequeamos la escena en el momento en que su personaje ve a quien creía muerto, en el micrófono corbatero de Paola se siente que su corazón estaba latiendo a más no poder. Era una cabalgata. ¡Eso a mí no me pasó jamás actuando! Yo soy más de la piel para afuera. Nos quedamos muy impresionados todos", contó Echarri hace poco en LA NACION. El latido de la actriz musicalizando la escena quedó. “¡Qué privilegio haber sido parte de un suceso como Montecristo! Fue tan mágico como imprevisible… Marcó muy fuerte nuestro nivel de popularidad en el imaginario de la gente.

La autora Adriana Lorenzón le confió a LA NACION que “esas escenas son momentos de puntos de giro importantes en la historia. A veces es un manotazo de ahogado porque quizá la novela entra en una meseta y hay que hacer algo fuerte para sacudir la historia, y otras es consecuencia de lo que viene pasando. En Montecristo fue pensado para esos capítulos. En general, se charla con los actores antes para que sepan lo que va a suceder. En este caso, Echarri estaba muy involucrado y hasta lo gestó él… Hubo otra escena que no estaba en la historia original, pero se resolvió sobre la marcha cuando él decide salirse del masonismo que lideraba Lito Cruz, y le matan a sus padres de una manera muy violenta, que eran Patricio Contreras y Leonor Manso. Esa fue una escena que se decidió sobre la marcha de la historia y fue charlada porque esos personajes desaparecieron de la historia”.

El regreso de los muertos vivos

Ricos y famosos se emitió entre 1997 y 1998, con 517 capítulos escritos por Adriana Lorenzón, Oscar Ibarra y Daniel Delbene, y también tuvo su escena para el recuerdo: fue el reencuentro entre Luciano Salerno (Oscar Ferreiro) y Mercedes/Berta Ortegosa (Cecilia Maresca). Después de mucho tiempo y creyendo que ella estaba muerta porque él la había asesinado, ambos se reencuentran en la mansión de los Salerno.

La escena está construida con mucha tensión: Luciano, un empresario poderoso y controlador, cree ver a un fantasma. Mercedes, en cambio, sabe la verdad y mantiene una actitud firme y distante. A partir de ese momento él se obsesiona por la identidad de esa mujer tan parecida a su esposa muerta y esta intriga es el eje de gran parte de la historia.

Protagonizada por Natalia Oreiro, Diego Ramos, Carina Zampini, Antonio Grimau, Norberto Díaz, Jessica Schultz, Graciela Pal Elizabeth Killian, Diego Olivera, Segundo Cernadas, Betina O’Connell y un gran elenco, es la versión moderna de Romeo y Julieta, porque la trama gira en torno a la clásica historia de amor entre dos jóvenes cuyas familias están enfrentadas.

Había muchos villanos y hasta una que llegó de otra novela porque el personaje de Zampini, Carla Lucero, se trasladó de Por siempre mujercitas a Ricos y famosos, a pedido de Alejandro Romay. Fue la primera vez que un personaje pasa de una novela a otra, sin que ninguna de las dos tuvieran relación alguna.

Cecilia Maresca recordó esa escena para LA NACION. ”Se les ocurrió a los autores que apareciera en la historia esta hermana gemela, y a partir de ahí me pasé el resto de la novela haciendo dos personajes al mismo tiempo. Una era débil y la otra fuerte y ahí empieza la trama de confusiones. Fue interesantísimo porque no hay nada más lindo para una actriz que hacer dos personajes tan distintos al mismo tiempo. No era muy visto eso en la televisión argentina. Ricos y famosos es mi chiche mimado por esa razón. Recuerdo que fue muy gracioso porque había un cuadro que se les ocurrió de apuro y era tan desproporcionado que había que mostrarlo en segundo plano (risas). Todos me cargaban por eso. Pero nos corría el tiempo, como siempre en televisión, y se hizo con ese cuadro hasta que se mandó a hacer otro. Fue una genialidad del director hacer que el cuadro apareciera, pero no del todo, para poder hacer la escena. Nos divertimos mucho, francamente”.

Lorenzón contó que “hubo varios momentos fuertes y fue un sacudón que se decidió hacer porque la novela estaba en una meseta. Duró muchísimos capítulos, iban pasando gestiones de Canal 9 (se vendió dos veces en ese período) y la novela seguía adelante. Lo resolvimos con el equipo de autores. El villano había asesinado a su esposa, el crimen quedó sin resolver y la gemela idéntica de esa protagonista decide volver para vengarla. Hay un dato gracioso sobre eso porque el nombre que le pusimos al personaje era Berta Ortegosa, y había una actriz de los años 50 que se llamaba así y quiso hacer un juicio porque habíamos usado su nombre. Al final, le dieron un personaje en la novela y se resolvió”.

La huida de una heroína

Rolando Rivas taxista fue la telenovela más exitosa de la historia de la televisión argentina y logró trascender el género con una popularidad que aún conserva, a más de 50 años de su emisión original. El país se paraba para verla. Se emitió en 1972 y 1973, y tuvo 76 capítulos repartidos en dos temporadas. Y la gran sorpresa de esta historia escrita por Alberto Migré fue el cambio de protagonista, porque el gran amor de Rolando Rivas, Mónica Helguera Paz, sale de la historia y entra otro gran amor, Natalia.

Grabada en blanco y negro porque todavía no existía la televisión a color en nuestro país, fue la gran novela argentina que, por primera vez, atrapó al público masculino reflejando la cultura porteña, el mundo de los taxistas, los vínculos familiares y la diferencia de clases sociales. Además, hacía referencia a la realidad social y política que se vivía en ese momento.

Humilde y de buen corazón, Rolando Rivas trabaja como taxista y es sostén de su familia. Está de novio con la chica de enfrente, la Tere, una muchacha buena, de profesión costurera que vive junto a su padre, Don Félix, quien no ve con buenos ojos aquel noviazgo. Es un amor tranquilo que pasa desapercibido hasta que Rolando conoce a una joven que lo deslumbra, Mónica Helguera Paz, heredera de una gran fortuna, pero inmensamente desdichada. Desconsolada por algo que le sucede, abre la puerta en plena marcha y se arroja del taxi. La historia de amor apasionado no se hace esperar. Pero en la segunda parte, Soledad Silveyra decide no continuar y Nora Cárpena entra a la historia como Natalia, el nuevo amor de Rolando Rivas. Y ese cambio de protagonista, justamente, sorprendió a los televidentes porque la pareja de Solita y Claudio García Satur tuvo una química maravillosa.

Hubo una razón por la cual Soledad Silveyra decidió dejar la novela y fue muy personal. Y es que el amor de ficción se estaba volviendo realidad. “La cosa se puso picante, yo estaba muy enamorada de mi marido (José Jaramillo) y ese fue el motivo por el que me fui de la novela. Tuve temor de creerme esa historia de amor y preferí salir de ese lugar. No sé si Claudio se enamoró, no sé si es exactamente así, pero que la chiquita le gustaba, le gustaba. ¿Y a mí qué me pasaba con él? No, no, yo lo amo, es el día de hoy que lo amo, lo respeto, lo quiero muchísimo, lo adoro. Pero estaba enamorada de mi marido”, contó entre risas alguna vez.

A Migré no le agradó para nada esa noticia y aunque la entendió, también se enojó. Sin embargo, le propuso protagonizar otra novela y fue Pobre diabla, con Arnaldo André.

Migré convocó a Nora Cárpena y creó otra heroína, Natalia Ríos Arana. Y para que el público se olvidara de Mónica Helguera Paz “le hizo pasar de todo, para destruirla y que la gente la odiara, así aceptaban a Nora”, rememoró Solita.

Víctor Agú, autor y custodio de la obra de Migré, le confió a LA NACION: “Lo que hizo Alberto fue lo que hoy llamamos un focus group. Le preguntaba a la verdulera, al carnicero, a la modista, qué es lo peor que una mujer le podía hacer a ese hombre, sobre todo si ese hombre era Rolando. Y la gente decía que lo peor era abortar y no decírselo. Entonces, ¿cómo hacer que la gente quiera a Nora cuando amaba a Solita? La protagonista queda embarazada, pero no se cuida y se tira a una piscina y finalmente pierde el bebé. Y entra Nora, que fue una de las primeras heroínas casadas que hubo en la televisión, porque hasta ese momento todas eran puras y castas. Ella se va a vivir a la casa de enfrente del padre de Tere, que era la primera novia de Rolando. En un momento, Natalia abre la ventana, llama a su hijo Quique y Claudio se da vuelta y la mira, porque Quique se llamaba su hermano muerto, que matan por guerrillero”, relata Agú.

Pero Mónica Helguera Paz no desaparece en la primera temporada que sí tiene un final feliz, sino en el inicio de la segunda. En los primeros capítulos, Solita tuvo algunas apariciones, incluso se ve que ella está a disgusto en su nuevo hogar junto a Rolando porque es una familia de otro estatus social, y siente que no tiene nada que hacer allí. “Hay dos capítulos en los que están las dos protagonistas, Solita, que se estaba yendo y Nora, que recién entraba”.

Una novela de ciencia ficción

Resistiré fue una novela que rompió con todas las reglas del género y se acercó a la ciencia ficción. Protagonizada por Pablo Echarri, Fabián Vena, Celeste Cid, Carolina Fal, Hugo Arana, Claudia Lapacó y Daniel Fanego, entre un numeroso elenco, tuvo 220 episodios que se emitieron por Telefe, en 2003, con picos de 20 puntos de rating que, en el capítulo final, llegaron a 42. Los libros eran de Mario Segade y Gustavo Belatti.

Vena interpretó Mauricio Doval, el gran villano de esta historia que relata la vida de Diego Moreno (Echarri), un sastre que trabajaba en una tienda de ropa de alta costura. Un día conoce a Julia Malaguer (Cid) y su vida cambia para siempre. El novio de Julia es Mauricio Doval (Vena), quien está involucrado en la misteriosa muerte del hijo de Martina Manzur (Carolina Fal), que intenta asesinarlo en una fiesta en la que casualmente Diego frustra ese crimen. Ese hecho y otros más provocan un acercamiento entre Moreno y Doval, quien lo contrata para trabajar en su casa. Pronto Diego descubre un laboratorio clandestino en la casa de al lado, donde suceden cosas extrañas. Paralelamente, nace una historia de amor entre Diego y Julia.

La escena que dejó sin aliento a los televidentes es la final, con la muerte de Mauricio Doval que explota luego de ingerir una sobredosis de la vacuna de la vida infinita, lo que hace que su cuerpo se llene de gusanos, se le hinchen las venas y estalle. El duelo entre Diego y Mauricio es memorable, y durante un tiempo el público cree que el protagonista también está muerto. Este desenlace se convirtió en uno de los finales más esperados de la historia. La tensión fue tan grande que el capítulo final tuvo 42 puntos de rating y se proyectó, al mismo tiempo, en el Teatro Gran Rex con más de 3000 fans que lo disfrutaron en vivo.

Pablo Echarri contó en Cortá por Lozano, por Telefe: “Fue grandiosa, quizá la primera gran novela que hice. Los autores querían escribir una novela que no se pareciera a ninguna, y crearon una historia y un conflicto con un villano que traficaba plasma, que al final terminaba consumiendo pedazos de hígado para mantenerse joven. Y con una historia de amor potente. En los primeros tiempos fue difícil de digerir porque la gente no estaba acostumbrada a una historia tan rupturista. La novela tiene estructuras más clásicas, y acá los personajes salían del estereotipo. Los últimos meses fueron apoteóticos, de mucha audiencia”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/de-resistire-a-rolando-rivas-y-de-montecristo-a-ricos-y-famosos-las-escenas-de-notables-novelas-que-nid04082026/

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