El Nobel chino en el Colón: de Borges y Cortázar a Messi y Maradona y el fallido encuentro con Coetzee
Finalmente, el esperado encuentro histórico de los Nobel de Literatura 2003 y 2012, ...
Finalmente, el esperado encuentro histórico de los Nobel de Literatura 2003 y 2012, J. M. Coetzee y Mo Yan, en el Salón Dorado del Teatro Colón no tuvo lugar por motivos de salud del escritor sudafricano nacionalizado australiano, que hoy viaja a Cannes desde Buenos Aires, según informó su amigo, el escritor Fabián Martínez Siccardi a LA NACION. Ambos autores coincidieron en la ciudad de Buenos Aires para participar de actividades en la Feria del Libro porteña, que celebra su 50° aniversario, y en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). Mo Yan, que pisó por primera vez suelo argentino este jueves a la tarde, conversará el sábado a las 19 con Alejandro Vaccaro y Ezequiel Martínez en la Sala José Hernández y se presentará el lunes 11 a las 18 en el Auditorio del Malba.
La decepción por la ausencia de Coetzee -que ayer dio una entrevista pública en el Malba- no empañó la ceremonia ni impidió que la Feria del Libro porteña imprimiera un capítulo dorado a su historia. Con simpatía, Mo Yan aceptó sacarse fotos con todo aquel que se lo pidió; a su vez, él también quiso hacerse fotos con la ministra de Cultura Gabriela Ricardes y con las hermanas María Victoria y Mariana Kodama, que lo invitaron a conocer la Fundación Internacional Jorge Luis Borges; hubo intercambio de tarjetas entre las herederas y los representantes de la delegación china. También firmó ejemplares de su novela corta Cambios (Seix Barral, $22.900) que es, lamentablemente, una de las pocas que se consigue en librerías locales. Mo Yan dijo a LA NACION que había conocido a Coetzee en Beijing, en 2013.
“Mi primera impresión en llegar a tierra argentina, paseando esta mañana por la ciudad, fue pensar que tenía que venir más seguido”, dijo Mo Yan en la ceremonia, tras agradecer a los anfitriones. “La literatura argentina nos ha dado mucho a todos los lectores del mundo; gracias a Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y otros tantos maestros argentinos, y también gracias a Diego Maradona y Lionel Messi que dieron tantas alegrías al mundo”, agregó, tocando una nota sensible para la audiencia local.
Coetzee y Mo Yan fueron declarados huéspedes de honor de la ciudad de Buenos Aires, “como símbolo del afecto, del reconocimiento y de la profunda admiración de todos los porteños”, enunció la ministra Ricardes. Se les obsequió un fotolibro con imágenes del Colón.
La infancia en China del Premio Nobel Mo Yan, que esta semana visita la Feria del Libro
Vaccaro escoltó a Mo Yan -que en el discurso de recepción del Nobel se había definido como un “cuentacuentos”- desde su arribo al aeropuerto de Ezeiza. Esta mañana, antes del agasajo en el Colón, el escritor, que viajó acompañado por su esposa y una comitiva de jóvenes escritores chinos, tomó un café en La Biela, donde se fotografió con las estatuas de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges; luego, cruzó al Cementerio de la Recoleta, donde visitó las bóvedas de los Casares y los Borges, el panteón de Eva Perón y el mausoleo de Domingo F. Sarmiento.
Bien abrigado por una campera y un fular, el Nobel se dirigió después al Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) donde el director Andrés Duprat encabezó una visita guiada; Mo Yan se sacó fotos con joyas de la colección del MNBA: obras de Vincent Van Gogh, León Ferrari y Antonio Berni. “Hicimos una recorrida larga, se mostró muy interesado, parándose a ver las obras, y le dimos unos regalos: El idioma de los argentinos, de Borges, ilustrado por Xul Solar, un catálogo de la muestra que hizo José Emilio Burucúa de Aby Warburg y suvenires -contó Duprat a este diario-. Cuando le dije que yo había hecho el guion de El ciudadano ilustre, respondió que la había visto y que se sentía identificado con el protagonista ”, comentario que abre varias incógnitas. Mo Yan, de 71 años, reside en Beijing.
Con la presencia en el Salón Dorado de la ministra de Cultura y el jefe de gabinete Gabriel Sánchez Zinny; el director del teatro, Gerardo Grieco; el ejecutivo del CAF, Cristian Asinelli; el presidente de la Fundación El Libro, Christian Rainone y su pareja, la artista Paula Parisot; las hermanas Kodama; el director de la Feria, Ezequiel Martínez, y su hermano Javier (del Ministerio de Cultura); la editora Trini Vergara y su marido, el periodista Ignacio Zuleta, los directivos de los grupos Planeta y Random House, Gastón Etchegaray y Javier López Llovet, entre otros, y rodeado por un enjambre de fotógrafos, el Nobel se sentó en primera fila. Desde allí escuchó y grabó con su celular al pianista Juan Roleri, que interpretó tres piezas de corte piazzolliano. En el brindis, el Nobel se tomó fotos con el músico. “No soy muy cholulo, pero esta es una ocasión especial”, dijo Roleri a este diario. No hubo representantes de la Secretaría de Cultura de la Nación en el acto.
Tras agradecer a las autoridades del gobierno porteño y del Colón, Rainone presentó a los Nobel como “dos voces que han marcado la literatura mundial” y destacó que Buenos Aires tiene “la escala y la vocación cultural para recibir a los más grandes”. Reiteró que Coetzee tenía problemas de salud. “Es un honor tenerlos en la Feria”, dijo Rainone. Mientras, el profesor chino e intérprete Sun Xintang le traducía en susurros a Mo Yan, que asentía con la onomatopeya “Ah” y una sonrisa plácida.
Ricardes, que guio al Nobel y su comitiva desde la entrada del Colón, dijo que la presencia de los Nobel en la ciudad de Buenos Aires tiene un valor “profundamente especial” y comparó las obras de ambos con composiciones musicales (coral la del chino, de cámara la de Coetzee). Este motivo retornaría después del brindis, ya no como metáfora, cuando lo llevó a conocer la sala principal del Colón. Mo Yan, que vovlió a sacar fotos a la vez que era fotografiado por la prensa, quiso saber la capacidad de la sala y contó que en China su novela Sorgo rojo se había adaptado a la ópera. Con la velocidad de la luz, la ministra le propuso al Nobel traer esa versión al Colón y llevar a China el espectáculo de música y danza basado en el El Aleph, de Borges, que se estrenará en pocas semanas.
Martínez Siccardi dio un breve discurso en lugar del autor de Esperando a los bárbaros. “Acabo de pasar a saludarlo y me dijo que tiene un cariño muy grande por la Argentina, donde siempre se siente en casa -reveló-. El ejemplo que dio es que acá nunca lo cansan las filas largas de gente para que él les firme ejemplares de sus libros; lo hace con gusto porque el interés es genuino, algo que no pasa en todos lados”.
Antes de desearle éxitos a la Feria del Libro porteña en su 50° aniversario, el Nobel chino contó que había presenciado en Brasil la final de 2014 de la Copa del Mundo y que había cruzado los dedos para que la selección argentina ganara el Mundial. “Eso se cumplió unos años después -bromeó-. Espero que algún día la selección china juegue un partido con la selección argentina. Es un sueño, pero si se hace realidad, será muy importante para nosotros”. Teléfono para el Chiqui Tapia.