El Vaticano oficializó la excomunión de los lefebvristas y lanza una advertencia a los laicos que adhieren al grupo tradicionalista
ROMA.- A menos de 24 horas de ...
ROMA.- A menos de 24 horas de la consagración de cuatro obipos sin mandato pontificio en una megaceremonia en una pradera suiza transmitida en directa streaming en todo el mundo, tal como se esperaba el Vaticano reaccionó este jueves con un decreto que confirmó que es oficial la ruptura de la Iglesia católica con el grupo ultraconsevardor de los lefebrvistas, que ya no se beneficiará de concesiones como en el pasado.
Un decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF), el “ministerio” vaticano que se ocupa de salvaguardar la ortodoxia católica, confirmó que tanto los nuevo cuatro obispos como quienes los ordenaron, al hacerlo sin mandato pontificio y “contra la voluntad del Sumo Pontífice”, cometieron un “acto cismático” y quedaron “ipso facto” excomulgados.
Difundido poco después de las 9 de la mañana de Roma, el decreto constató que incurrieron en una excomunión automática, “latae sententiae” los nuevos obispos -Pascal Schreiber (suizo), Michael Goldade (estadounidense), Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier (franceses)-, así como su consagrante principal, el obispo español Alfonso de Galarreta y su asistente, el obispo suizo Bernard Fellay.
Y, en lo que representó un fuerte golpe a este grupo ultraconservador tradicionalista, que rechaza las principales enseñanzas del Concilio Vaticano II (1962-65), celebra la misa tridentina, en latín, preconciliar, de espaldas al pueblo, fue más allá. Y extendió potencialmente la pena a todos.
“Se advierte a los clérigos y a los fieles laicos que no adhieran al cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) porque incurrirían ipso facto en la pena de excomunión latae sententiae”, escribió, en un párrafo considerado clave ya que incluyó a todos los miembros del grupo esta sanción máxima, a menos de que se distancien de lo ocurrido y vuelvan a unirse a Roma.
Fechado 2 de julio y firmado por el cardenal Víctor Manuel “Tucho” Fernández, prefecto del DDF, esa frase dejó en claro que si el papa León XIV decidió reaccionar a este abierto desafío a su autoridad exactamente con la misma dureza con la que lo hizo en 1988 san Juan Pablo II.
Una nota explicativa del DDF que acompañó el decreto fue más allá. Después de destacar al principio que “desde los tiempos de san Pablo VI hasta las últimas conversaciones”, los “múltiples intentos de reconducir a los adherentes al movimiento que comenzó monseñor Marcel Lefebvre a la plena comunión con la Iglesia católica fueron vanos”, puso los puntos sobre las íes.
Recordó que lo ocurrido en 1988, como ahora, configuró un “delito de cisma, con consecuencias canónicas para los ministros sagrados y para los fieles involucrados”.
“En efecto, como ya declarado en 1988, ‘esa desobediencia, que implica el rechazo al primado romano, constituye un acto cismático’”, evocó. La nota citó justamente el decreto con el cual el papa polaco reaccionó a la consagración sin mandato pontificio de cuatro obispos realizada hace 38 años por el ya mencionado Lefebvre, siempre en la localidad suiza de Écône.
La nota explicativa, muy dura, siguió afirmando que, de ahora en más “Los ministros sagrados pertenecientes a la FSSPX, están en cisma y deben por lo tanto ser considerados cismáticos, resultando sujetos a la excomunión prevista por el derecho”.
“Por lo que se refiere a los fieles laicos, deben considerarse cismáticos y excomulgados aquellos que adhieren formalmente a la FSSPX en las condiciones establecidas en la nota explicativa del Pontificio Consejo de los Textos Legislativos de 1996, aún vigente y que esta dicasterio hace propia”, agregó.
Al citar ese texto de 1996, el Vaticano dejó en claro que se acabó ese período de condescendencia que comenzó años más tarde con Benedicto XVI (2005-2013), que en 2009 les levantó la excomunión a los cuatro obispos ilícitamente ordenados en 1988 y que puso en marcha una comisión para intentar, en vano, una reconciliación con el grupo rebelde.
“Entonces hubo un paréntesis que dejó a los lefebvristas en una especie de limbo o semi-cisma, que ahora se terminó”, explicó a LA NACION un prelado que prefirió el anonimato, experto en derecho canónico.
Por último, el decreto anuló otra concesión que, en otro gesto de buena voluntad, les había hecho el papa Francisco durante el Jubileo de la Misericordia.
“Se advierte, finalmente, al santo pueblo de Dios, que los ministros sagrados de la FSSPXS administran ilícitamente los sacramentos y que el sacramento de la penitencia administrado por ellos y el matrimonio por ellos asistido, son inválidos”, apuntó.
Reacciones“Los lefebrvistas nos han tomado el pelo durante décadas, pero ahora se acabó, se vuelve a la dureza y a la claridad de Juan Pablo II”, celebró ante LA NACION un prelado del Vaticano, que pidió el anonimato.
“Se creen muy listos porque dicen que rezan por el papa León y que no están en cisma, pero rechazan el Concilio Vaticano II y desobedecen al Papa, así que son cismáticos y punto y todos aquellos que los siguen, también”, añadió. Destacó, de todos modos, que la excomunión “es una pena medicinal, que busca sobre todo la conversión de pecador, por lo que si se convierten y ellos dejan de ser contumaces, la puerta está abierta”.
Coincidió el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, que, más allá de expresar “gran dolor” por el acto cismático y la excomunión automática, no excluyó que pueda haber cambios. “Mi esperanza es que pese a lo que sucedió, pueda retomarse el diálogo y se pueda llegar realmente a encontrar una solución”, dijo el purpurado.
Tal como recordó el diario La Repubblica, en la historia bimilenaria de la Iglesia, Roma fue testigo de varios cismas y de dimensiones mucho más dramáticas que el de los lefebvristas -que con 6 obispos, 733 sacerdotes, 264 seminaristas y medio millón de fieles, representan una realidad muy minoritaria.
“El punto fundamental es el Concilio, aceptar, o no, el Concilio Vaticano II”, puntualizó el cardenal Parolin, que remarcó que “no se puede pensar que la historia de la Iglesia se detiene en un determinado punto, porque el Concilia Vaticano II es un hito de la Iglesia que debe ser aceptado e implementado de modo correcto”.