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FIBA: más de 50.000 personas disfrutaron del festival

Anoche, con funciones que tuvieron lugar en el Teatro Sarmiento, el Regio y el Centro Cultural Borges, culminó el...

Anoche, con funciones que tuvieron lugar en el Teatro Sarmiento, el Regio y el Centro Cultural Borges, culminó el Festival Internacional de Buenos Aires, FIBA, que organiza el gobierno porteño en su nuevo intento por recuperar el terreno perdido a lo largo de las últimas ediciones. De hecho, fue tan claro este proceso de desgaste del festival dedicado a las artes escénicas que el año pasado sus organizadores decidieron para la pelota, discontinuarlo por primera vez y volver al ruedo ahora reformulando ciertas ideas centrales de esta historia que se inició en 1997. Según información oficial, “más de 50.000 personas disfrutaron de las 12 jornadas del festival que reunió 17 proyectos internacionales, 29 nacionales, 8 works in progress y 15 actividades especiales en 44 salas y 35 sedes de distintos barrios porteños”.

Como en los viejos tiempos cuando la apertura de este encuentro estaba a cargo de un creador o compañía de fama mundial que se presentaba en un gran escenario, en esta oportunidad el encuentro escénico que dirige artísticamente el crítico Federico Irazábal rescató en parte una fórmula que supo dar sus frutos. El FIBA 2026 tuvo su kilómetro cero con la obra póstuma del gran director norteamericano Robert “Bob” Wilson que presentó Dorian en el Teatro Coliseo, una producción de un teatro lituano y otro alemán basada en la relectura que Darryl Pinckney hace de la novela de Oscar Wilde.

Con dos brillantes intérpretes y una puesta de un despliegue visual exquisito, no ayudaron en nada las dos pantallas laterales de subtitulado que, por su ubicación, hacían casi imposible acceder a la traducción. En 1999 ya se había presentado un montaje en el marco del festival internacional.

Las entradas para ver Dorian costaron entre 30.000 y 80.000 pesos (el valor de un espectáculo de la escena comercial), mientras que la mayoría de los espectáculos internacionales tuvo un costo de 25.000 pesos.

Entre las 17 propuestas internacionales anunciadas en dos momentos por las autoridades (la obra La Luna en el Amazonas, del grupo colombiano Mapa Teatro, no entró en el último corte y dos de los títulos anunciados fueron aportados por el Teatro Alvear y el Teatro Colón) hubo dos focos dedicados a Corea del Sur y Brasil. En el Teatro 25 de Mayo, del país vecino llegó Encantado, una magnética propuesta de la bailarina y coreógrafa Lia Rodrigues con integrantes de la compañía que fundó en 1990 en la favela Maré, de Río de Janeiro. Como Bob Wilson, ella también había formado parte de una lejana edición del FIBA. Esta vez, trajo una potente propuesta en la que los 11 performers se valen de cientos de colchas de colores chillones que ellos se encargan de enaltecer en medio de un clima en las que las raíces afroamericanas evocadas van armando este ritual expansivo contagioso en el que la fuerza y la alegría de lo colectivo impone su propia magia.

Matheus Macena fue parte de la compañía de Lisa Rodrigues. En el Politeama presentó Edson, propuesta basada en la vida de Edson Luís, un estudiante asesinado por la dictadura militar brasileña en 1968. A lo largo de 75 minutos, el joven creador despliega sus múltiples facetas como actor, bailarín y cantante al servicio de la reconstrucción histórica de un hecho de enorme repercusión en su momento al que le suma datos ficcionales. Con música en vivo, la propuesta aporta escenas muy potentes y cuidadas aunque un tanto confusa en su dramaturgia. En la línea de lo biodramático, en el Sarmiento se presentó Mónica, una performance belga/española en la que Federico Vladimir y Pablo Lilienfeld recrean los pasos de la vida de sus respectivas madres del mismo nombre, Mónica, que tuvieron un pasado en la provincia de Buenos Aires antes de emigrar a España. Si en el inicio este relato escénico muy cuidado en lo visual tiene su propio encanto, a medida que avanza la historia va perdiendo su atractivo original.

En la sala San Martín, el coreógrafo francés Rachid Ouramdame presentó una producción de Chaillot, Théâtre national de la Danse, que él dirige. Contre-nature, así se llama, claramente fue otro de los platos fuertes del FIBA en base a una propuesta que logra un delicado equilibrio entre la danza contemporánea y la acrobacia al servicio de una poética propia con momentos verdaderamente asombrosos, hipnóticos, deslumbrantes. El joven creador reparó en su propia historia personal, la muerte temprana de un hermano suyo, para crear esta obra. Hay imágenes que dan a entender ese hecho pero, lamentablemente, la información disponible en la página del FIBA volvió a ser sumamente escueta dejando de lado ciertos datos que enriquecerían al espectador.

Como es costumbre, la oferta del festival escénico más importante del país se completó con la programación nacional, el punto más atractivo para los curadores extranjeros que pasaron por Buenos Aires; un ciclo de montajes site-especific y diversas actividades paralelas. En relación al último FIBA, la cifra de los 50.000 espectadores de este año implica un crecimiento de público de las 43.000 personas de 2024.

En 2027, el FIBA festejará sus 30 años de vida. Al haber vuelto a la modalidad de bienal, el festival más antiguo dentro de la oferta que organiza el Ministerio de Cultura porteño, no podrá festejarlo con su público. Aunque, como prometieron las autoridades, de algún modo se evocará el inicio de esta historia.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/teatro/fiba-mas-de-50000-personas-disfrutaron-del-festival-nid21092026/

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