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Freddie De Tommaso: la pérdida temprana que lo marcó y forjó su carácter y cómo será su debut en el Colón, el gran teatro en el que cantó su ídolo

Para el nostálgico de la ópera que añora el sonido de los viejos tiempos. Para el melómano que atesora las voces pasadas o recuerda con melancolía el legado de aquellas glorias, una revelació...

Para el nostálgico de la ópera que añora el sonido de los viejos tiempos. Para el melómano que atesora las voces pasadas o recuerda con melancolía el legado de aquellas glorias, una revelación entre las grandes voces líricas llega a la ciudad. Se llama Freddie De Tommaso. Dicen en todo el mundo que canta como los dioses —los grandes dioses de la ópera italiana— y esta noche se presenta en una gala para el Ciclo Aura, en el Teatro Colón.

Comparado con los “tenores de antes”, las leyendas y titanes à lo Mario del Monaco o Franco Corelli, la voz lírico-spinto de Freddie De Tommaso es apreciada no solo por la potencia y belleza de su timbre, sino también por ese don evocador de un esplendor pasado. Don que heredó y aprendió escuchando de chico las viejas grabaciones que —tal como lo pinta el estereotipo de Hollywood al italiano característico, entre hombres vestidos de traje y peinados con gel, comiendo pasta y escuchando a Caruso— se repetían en el ristorante del padre que murió antes de verlo triunfar.

Tras ganar el premio del Concurso Viñas en 2018, su nombre saltó a la fama y a los grandes escenarios. En 2021 inauguró la temporada de la Staatsoper de Viena con Butterfly y con Tosca debutó en la Royal Opera House de Londres donde, además, con 28 años, se convirtió en el tenor más joven en interpretar el rol en esa prestigiosa casa. De allí en adelante continuó su carrera meteórica en todas las salas relevantes incluidos el Met de Nueva York, las óperas de Berlín, Múnich, Milán y París. Como artista exclusivo de Decca Classics, es el primer tenor que ingresa al sello después de las estampas legendarias de Luciano Pavarotti, y en alcanzar el número 1 en las listas de música clásica y ganar el premio BBC Music Magazine al artista revelación con su álbum debut, Passione.

En diálogo con LA NACION, Freddie De Tommaso resume su imagen de la Argentina en dos virtudes: el Teatro Colón, donde cantó su máximo ídolo, Enrico Caruso. Y la mejor carne del mundo que, como hijo de un chef, reconoce como plato favorito.

–¿Si pensaras tu vida como una película, en qué escenas marcarías los puntos de giro que cambiaron el rumbo de tu trayectoria?

–En dos momentos fundamentales: uno tiene que ver con el canto, el otro con mi vida familiar. En cuanto a la trayectoria de cantante, sin dudas fue haber ganado el primer premio de Concurso Viñas en Barcelona. Pasé de ser un simple estudiante en Inglaterra a quien nadie conocía a, de repente, convertirme en algo así como un superman. Y antes de eso, en mi vida personal, el hecho de haber perdido a mi padre a una edad temprana. Él contrajo cáncer en la sangre y murió de leucemia cuando yo tenía 18 años. Era muy chico para semejante golpe y esa experiencia me forjó. Fue muy difícil. Nosotros somos tres hermanos varones, y yo soy el mayor. Así que cuando nuestro padre murió, me dije: “Bueno, ahora yo soy el hombre de esta familia”. Es un gran peso y responsabilidad para un chico. Al día de hoy, podría decir que ese dolor me aporta una experiencia vital. Tengo de donde nutrir mis expresiones cuando canto sobre la pérdida, la tristeza, la muerte y el dolor.

–¿Fue ese padre que hoy no está, que tampoco te vio triunfar en el mundo de la ópera, el que te inculcó el amor por el género?

–Mi padre era chef y tenía un típico ristorante italiano en cuyo local siempre estaba sonando la ópera. Maria Callas, Luciano Pavarotti y todos los grandes. Era lo que se escuchaba como música funcional. Y es el recuerdo que tengo: estar allí desde muy chico, 6 o 7 años escuchando cantantes líricos. A mi madre también le gustaba, así que a veces nos llevaba a Glyndebourg u otro festival a ver alguna puesta de ópera, de modo que tuve una educación musical temprana.

–¿De qué manera sigue presente la imagen de tu padre cuando estás en escena?

–No en escena, sino más bien antes de salir a escena. Muy a menudo, en ese preciso momento que es muy especial antes de entrar al escenario, pienso en él y digo : ¡Por favor, ayúdame! ¡Ayúdame a salir bien de ésta!

–¿Te ha ayudado representar tan cabalmente el estereotipo italiano para que te identifiquen con el repertorio?

–Salvo por el hecho de que no hablábamos en italiano (risas). No sé por qué razón, pero no lo hablábamos con mi padre. Y viéndolo en retrospectiva, pienso: ¡Qué genial hubiera sido hablar en italiano con él! Ahora sí hablo el idioma, pero de chico, no. Incluso y a pesar de que vivíamos en la campiña y asistíamos a una escuela típicamente inglesa, crecí en un hogar tan italiano.

–¿Qué hacía a ese hogar italiano?

–Muchos aspectos de la vida familiar. Mi padre era un hombre tradicional a la antigua usanza en los más mínimos detalles. Su forma de vestir, por ejemplo. Él siempre iba elegante incluso cuando no iba a trabajar. Usaba camisas, pantalones de vestir y buenos zapatos. Nunca usaba un jean, remera, zapatillas. Jamás se vestía casual sino a la manera italiana, al punto que mis amigos bromeaban diciéndome que parecía de la mafia porque se vestía como ellos. Y mi madre, por otro lado, es la quintaesencia de la dama inglesa.

–¿Cómo definís tu voz?

–Lírico-spinto, que con el tiempo quizás se vuelva más dramática. El problema actualmente es que hay tenores de voces muy ligeras que cantan lírico, líricos que hacen dramático, wagnerianos que cantan italiano. Yo por ahora estoy cómodo en esa frontera del lírico-spinto hacia el dramático. Y a pesar de que hoy no se estila la especialización en un campo concreto, yo prefiero centrarme. Los cantantes del pasado que admiro hacían eso: se dedicaban al repertorio específico en el que destacaban. No me interesa eso de cantar un poco de cada cosa.

–¿Tus modelos han sido aquellas grabaciones del ristorante?

–Absolutamente. El edificio sigue allí, pero mi madre vendió el ristorante cuando murió mi papá. Esas grabaciones fueron mi punto de partida. Primero Caruso, Pertile y Lauri-Volpi. Después toda la camada que más escuché de los grandes de los años 40, 50, 60. Franco Corelli, Mario del Monaco, Carlo Bergonzi. Todos estos han sido mis modelos en diferentes aspectos. Para Verdi, excepto Otelo: Bergonzi, que cantaba con elegancia, un estilo verdiano auténtico, con una línea vocal hermosa y refinada. Para los roles spintos como Tosca y Andrea Chénier: Franco Corelli, que tenía la amplitud emocional y realista en la voz. Para los papeles dramáticos e intensos, como Otello: Mario del Monaco. Y de los tenores de nuestro tiempo, el gran maestro: Luciano Pavarotti.

–¿Cuándo y cómo decidiste convertirte en un cantante lírico?

–Desde los siete años formé parte del coro de mi escuela que tenía un buen departamento de música. La persona a cargo vio potencial en mí así que comencé a cantar, de un modo despreocupado, pero formándome desde la etapa escolar hasta los 18. Después fui a la Universidad de Bristol, donde por dos años no canté en absoluto porque fui rechazado en la audición para la sociedad de la ópera y el coro. Pensé que quizás el canto no se me daba bien y dejé de cantar. Después las cosas cambiaron y unos años más tarde ingresé a la Royal Academy of Music. Hice una audición para quien era allí el director de canto. Canté unos 5 minutos una aria inusual para barítono, la cuerda en la que comencé, y me dijo: ¡Está bien, tenés que venir!

–¿Qué imagen tenés de la Argentina y qué expectativas para este debut?

–Con Nadine Sierra venimos de cantar una nueva producción de Luisa Miller en Viena. Nos llevamos muy bien, hemos hecho muchas óperas juntos, pero nunca conciertos. Haremos una combinación muy agradable de arias y dúos fantásticos. ¿Mi imagen de la Argentina? Un teatro increíblemente hermoso, muy grande y con una acústica fantástica. Mi ídolo, Enrico Caruso, cantó en el Colón, así que me resulta emocionante sentir que sigo sus pasos. ¡Y bueno, de la Argentina, la carne! Que me encanta. Por último, no sé si es solo mi imaginación, pero tengo la idea de que el público argentino es especialmente entusiasta, que son verdaderos amantes de la ópera. ¡Y es precisamente el tipo de público al que me gusta cantarle! Gente que conoce y comprende esta forma de arte extraordinaria, que sabe las grandes voces y puede valor la historia.

Para agendar

Gala Lírica. Cierre de temporada del Ciclo Aaura. Con Freddie De Tommaso (tenor) y Nadine Sierra (soprano). Orquesta del Ciclo Aura. Dirección: Constantine Orbelian. Programa: arias y dúos de óperas de Puccini, Verdi, Bellini, Mascagni, Giordano, Bizet y Gounod, entre otros.

Lunes 26, a las 20, en el Teatro Colón.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/freddie-de-tommaso-la-perdida-temprana-que-lo-marco-y-forjo-su-caracter-y-como-sera-su-debut-en-el-nid26102026/

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