“La canción es un argumento plástico”
Años de carrera, circulación por el boca a boca y un roce intermitente con músicos del mainstream empujaron a los hermanos Esteban y Santiago Rial Ungaro hacia una zona difícil de nombrar, algo...
Años de carrera, circulación por el boca a boca y un roce intermitente con músicos del mainstream empujaron a los hermanos Esteban y Santiago Rial Ungaro hacia una zona difícil de nombrar, algo que no termina de pertenecer a ninguna escena, un sistema propio, armado por acumulación y desvío.
En ese plan artístico sin método ambos se mueven con una velocidad mental que mezcla crueldad, ingenio, música (mucha) y comedia traviesa; rasgos que invitan a pensarlos como unos Gallagher argentinos. Tal vez por eso llamaron la atención de escritores como Fabián Casas y Mariana Enríquez.
Casas, tras ver un show de DChampions —la banda liderada por Santiago, con Esteban en un rol de libertad total—, escribió hace unos años en una reseña publicada en la revista Rolling Stone algunas líneas que, lejos de envejecer, discuten el presente: “¿Cuándo el rock mutó hasta convertirse en una filial de la AFA, con cantos, bengalas y banderas? ¿Cuál fue el error, la distracción, que terminó en masacre? Pienso en estas cosas por oposición a lo que estoy viendo. Los Champions son pura energía, son ellos los dueños del show, nadie más. Me parece estar de nuevo en el lugar donde empezó todo. Tiene que haber sido así. Un cantante imantado por la fe en su arte, una banda decidida a seguirlo hasta el fin...”.
Enríquez también habló de ellos. “Es posible imaginar que DChampions es una de las bandas que más habla de música, y con más urgencia. Como si en esto se les fuera la vida, de verdad”.
En su infancia, los Rial salpicaron con tranco argentino las calles españolas y trajeron desconocidos brillos ibéricos al conurbano sur de principios de los 80. Sus padres se instalaron en Madrid en 1971, impulsados por un trabajo en la industria de los televisores —don Carlos Alberto Rial diseñó uno de los primeros modelos de Talent con control remoto—. La familia volvió a la Argentina en 1979. Todavía vibraba algo ajeno para los Rial, de otro tiempo, de otro lugar. Advertían una extrañeza en los gestos, las pronunciaciones y ciertas conjugaciones. Hasta el silencio de la hora de la siesta era otro.
Cuando jugaban a la pelota, ocurría algo similar: la forma de pararse en la cancha era distinta. Habían visto el Mundial 78 a todo color, un impacto similar al que un chico de hoy experimentaría si unos anteojos high tech le permitieran ver el debut de la selección en el próximo Mundial, desde la perspectiva de Lionel Messi. “Nuestros recuerdos no están identificados con amigos argentinos. Nací en 1971, se me hacen nítidos desde cuando volvimos. Vivimos en Madrid y luego unos años en Barcelona, donde nació Santiago. Somos futboleros, pero no tenemos ese rasgo nacionalista por la selección. Me gustan los grandes equipos y los jugadores hábiles. De tanto ver fútbol aprendí que están en el Río de la Plata y en los Balcanes. Acá, como allá, se juega bien por la mescolanza, más allá del éxito en el resultado hay algo espectacular en el arte del engaño de los jugadores de esa procedencia, creo que los dos llevamos eso a la música”. Para Esteban Rial, desafiar no es la intención inicial, es un efecto.
—¿Crearon un suplemento de fútbol dentro de una revista de rock?
—Esteban Rial: Cuando empezamos la carrera de Comunicación, a principios de la década de los 90, con Santiago editamos un fanzine llamado La Libélula. Nos fascinaba armar listas y reivindicar programas pop, como Montaña rusa. A raíz de eso conocimos a mucha gente, entre ella a los hermanos Guillermo y Gustavo Arizona, creadores de Morfi & Vinacho, la banda que reunió a Andrés Calamaro, Daniel Melingo, Willy Crook, Guillermo Piccolini, al escritor Rodrigo Fresán y a… nosotros.
El mito de los hermanos Arizona es un volantazo en el recorrido de los Rial, un paréntesis que los introduce en escena de manera enrevesada. Los Arizona tejieron un relato bohemio y musical que los cruzó con el conductor Bebe Contepomi, por entonces acordeonista y productor ejecutivo. “Guillermo Arizona, el menor y un genio creativo, murió en 1993, a los 26 años”, repasa Esteban. “Gustavo falleció el año pasado. Rodrigo Fresán había sido compañero de colimba de Gustavo y después lo ayudó a entrar en la redacción de la revista Cuisine & Vines, que dirigía Miguel Brascó. Guillermo era cadete de la revista, de ahí surgió el título Morfi & Vinacho, lectura barrial de la publicación”.
—¿Es cierto que Andrés Calamaro les cedió una canción a ustedes, para la banda Perdedores Pop?
—S.R.: Sí, el tema se llama “No quiero morir aplastado entre los fierros quemados de tu coche”, cuya letra dice: "Sé que es un soplo la vida y que no quiero probarlo (esta noche), soy una calcomanía de mil parabrisas...“. Es creación de Andrés y Cuino Scornik (compositor de varias letras con Calamaro, “Estadio Azteca” es una de muchas). La grabamos para la primera demo del disco Perdedores Pop, y alguna vez la tocamos en vivo.
—E.R.: A Andrés lo conocimos antes de que forme Los Rodríguez en España. Estuvimos en las sesiones grabadas de Morfi & Vinacho que finalmente, gracias a Bebe, fueron editadas y están en plataformas digitales. Pegamos buena onda de entrada porque somos hinchas de Independiente, como él. Éramos fans de él cuando Andrés no tenía fans (risas).
—S.R.: Nuestros referentes siempre fueron bandas underground. Andrés hasta 1990 tocaba para poca gente, es difícil entender hoy que en ese momento era under, él había tenido hits, incluso, pero era un artista de ahí.
—¿Perdedores Pop tenía el espíritu de Spinal Tap ?
—S.R.: Puede ser. Éramos muy ingenuos. Pudimos haber hecho cosas que mantuvieran nuestra estética y nuestra onda, pero no lo hicimos ni nos planteamos la idea de aprovecharlo y terminamos siendo una banda maldita de los 90. Para el segundo disco (Los perdedores usan drogas/Tiempo de jóvenes), el manager de bandas Daniel Almada nos sugirió: “Che, a Gustavo Cerati le gusta lo que hacen, digámosle que meta una viola”, y yo me decía a mí mismo enojado: “¡¿Qué?!, ¡La viola la grabo yo!” (risas).
—Estaban bendecidos por los grandes, pero eran unos ‘perdedores pop’…
—E.R.: Para mí, lo de Cerati confirma que todos los cantantes pop son perdedores pop; si no, preguntémosle a Britney Spears (risas). Cerati siempre me tiró la mejor onda, pero nunca pensé que íbamos a hacer algo con él. Nosotros consideramos que somos perdedores pop en sentido estricto.
—¿Cuál fue el último trabajo de Perdedores Pop?
—E.R.: En 2012 grabamos Museo celeste, cinco canciones que están subidas en Bandcamp. También tenemos un disco inédito llamado Aventuras vacías. Hay un documental sobre el grupo dirigido por el marplatense Agustín Arévalo. Se estrenó en el Bafici 2016; nosotros no tuvimos nada que ver, pero la verdad es que tiene un arco dramático la historia, porque en el desarrollo del documental se muere Charly Piesco, nuestro baterista. No podíamos creer que hubiera imágenes sobre la banda y que el metraje llegue a la hora de duración.
—¿Tocaron con Charly García?
—E.R.: No, hubiese sido divertido.
—S.R.: Fuimos a tomar algo con Charly. Le elogié el diseño de Say No More: “Mucho mejor que el de Tango 4, que no estaba bueno” (risas). Se copó con el comentario.
—¿Se consideran parte de la escena del rock de zona sur?
—E.R.: No, nosotros somos unos bárbaros que nacimos en España; un día nuestros viejos compraron un chalet en Adrogué, pero no vivimos nada de ahí.
—S.R.: Somos renegados. En una época, en Adrogué me cargaban porque me gustaba Pappo.
—¿Quién te cargaba?
—S.R.: Músicos amigos. Me decían que Pappo era un desastroso. Les mostraba temas de Ratones Paranoicos y les decía ¿no te das cuenta de que este pibe, por Juanse, imita a Pappo? Juanse es más lindo, entonces llegaba más a la gente. Sobre la música de la zona sur no compartimos la estética de la generación que nos precedió, esa que quedó reflejada en una buena cantidad de libros. Tenemos una relación muy respetuosa y mucha admiración hacia todos los que estaban antes, porque solamente el que vivió esa época sabe lo valioso que era que apareciera una banda underground.
Luz verdeEsa misma dinámica de cuerpo y mente en movimiento, artistas prendidos fuego, se trasladó para los hermanos al periodismo. Santiago firma notas en varios medios del país y publicó los libros Warhol para principiantes (con ilustraciones de Liniers, a quien también conocieron cuando estudiaban) y Surrealismo para principiantes (ilustrado por Sanyú). Esteban también fue columnista de diarios y revistas nacionales, pero hoy sostiene una banda de rock clásico. En los últimos años se puso al hombro la producción periodística de El punto, documental de Martín Serra sobre Ismael Quiles (1906–1993), que se estrenará en breve: recorre la vida del sacerdote jesuita, filósofo y educador español que desarrolló su obra en la Argentina. Fue rector de la Universidad del Salvador (USAL), fundador de la Escuela de Estudios Orientales y creador de la “filosofía in-sistencial”, centrada en el diálogo entre Oriente y Occidente, la antropología y la interioridad personal.
Santiago labra el sinuoso camino de DChampions, que celebrará 25 años de vida. Melopea, el afamado sello de Litto Nebbia, editará Esta canción no es para mí, séptimo álbum de la banda. “El disco es uno de los acontecimientos del año, grabar para Litto, que toque Diego De Marco (de Los Auténticos Decadentes). La verdad es que nos animamos a hacer algo distinto”.
—¿Pueden tocar juntos ahora?
—E.R.: No. En ensayos o en el escenario me peleo mucho con Santiago, tanto como con otros músicos, pero es algo normal para mí, no me afecta en nada. A él sí le afecta. Si bien tengo licencia para subirme al escenario y cantar con DChampions, no hacemos nada juntos.
—¿Y Santiago puede subirse a tocar en un show de La Ley de Alquileres, tu banda?
—E.R.: No, no lo dejo (risas).
—¿Cuál fue el mejor regreso del rock argentino?
—S.R.: Sin dudas fue Turf, además de ser una banda que nos encanta volvió con sus integrantes originales. Eso es un verdadero regreso.
—E.R.: Turf. La mejor banda de rock de la Argentina.
—¿Cuáles es para ustedes el top 5 de bandas en cuya formación hay hermanos?
—E.R.: Del primero al último: Beach Boys, The Kinks, The Jesus and Mary Chain, Devo y Los Reyes del Falsete.
—Ustedes, que son hermanos y no tocan más juntos porque se pelean, ¿no meten a Oasis en el top 5?
—S.R.: No. Antes están Los Reyes del Falsete. Oasis queda sexto.