La nueva batalla de los péptidos: la FDA revisa las sustancias promocionadas en redes sociales mientras sus científicos cuestionan su eficacia
En abril, especialistas consultados por LA NACION advertían que no todos ...
En abril, especialistas consultados por LA NACION advertían que no todos los péptidos podían ponerse en la misma bolsa. Mientras algunos dieron origen a medicamentos que transformaron el tratamiento de enfermedades como la diabetes y la obesidad, otros comenzaron a promocionarse en redes sociales con promesas de rejuvenecimiento, aumento de masa muscular o recuperación acelerada sin evidencia comparable que respaldara esos beneficios.
Ahora, un debate que se desarrolla dentro de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) volvió a poner el foco sobre esas sustancias.
Esta semana, un panel asesor de la agencia votó por estrecho margen a favor de ampliar el acceso a varios péptidos populares en el universo del bienestar y la longevidad, entre ellos el BPC-157, una de las moléculas más promocionadas por influencers, clínicas de wellness y figuras mediáticas vinculadas a la salud alternativa.
Sin embargo, mientras el panel se mostraba favorable a flexibilizar las restricciones, los científicos de la propia FDA presentaron una evaluación mucho más crítica. Según señalaron durante las deliberaciones, existe poca evidencia de que compuestos como BPC-157, TB-500 o KPV sean eficaces para los usos médicos que suelen promocionarse.
La discusión expone una diferencia fundamental que los expertos vienen remarcando desde hace años: hablar de “péptidos” no significa hablar de una única categoría de productos.
Los péptidos son moléculas formadas por cadenas relativamente cortas de aminoácidos, los mismos componentes básicos que integran las proteínas. El organismo produce muchos de ellos de manera natural y algunos cumplen funciones esenciales. De hecho, varios medicamentos ampliamente utilizados surgieron a partir de estas moléculas. La insulina y los análogos de GLP-1 utilizados para tratar la diabetes y la obesidad son algunos de los ejemplos más conocidos.
Pero el éxito de esos tratamientos también generó un efecto colateral. Durante los últimos años comenzaron a multiplicarse productos comercializados como péptidos antiage, regeneradores, estimulantes del crecimiento muscular o aceleradores de la recuperación física. Muchos de ellos se venden a través de internet, gimnasios, clínicas privadas o circuitos de bienestar con escaso control regulatorio.
Ese es precisamente el grupo de sustancias que hoy preocupa a los reguladores estadounidenses.
Entre los casos más discutidos aparece el BPC-157, una molécula que suele promocionarse como una herramienta para la recuperación de lesiones musculares y tendinosas. El compuesto ganó notoriedad gracias a figuras mediáticas como Joe Rogan, que afirmó públicamente haberlo utilizado para tratar una lesión. Sin embargo, los científicos de la FDA sostienen que la evidencia disponible sigue siendo limitada.
Según la agencia, los cinco estudios identificados sobre BPC-157 fueron de corta duración, incluyeron pocos participantes y evaluaron dosis consideradas exploratorias. Los reguladores advirtieron además sobre posibles riesgos vinculados con contaminación, reacciones alérgicas y problemas de control de calidad.
La situación es aún más extrema para otro de los compuestos analizados. En el caso del TB-500, funcionarios de la FDA indicaron que ni siquiera pudieron encontrar estudios clínicos realizados en seres humanos.
La preocupación no se limita a la falta de evidencia sobre beneficios. También existe incertidumbre acerca de la composición exacta de algunas de estas sustancias. Durante la reunión, responsables de la FDA señalaron que determinados péptidos ni siquiera están reconocidos como ingredientes farmacéuticos oficiales en Estados Unidos, lo que complica cualquier evaluación sobre calidad, pureza y seguridad.
Pese a esos cuestionamientos, los defensores de los péptidos sostienen que restringir el acceso no elimina el problema. Según argumentan, muchas personas continuarán adquiriendo estos productos a través de canales informales o importándolos desde otros países, por lo que consideran preferible permitir su elaboración bajo supervisión farmacéutica.
La decisión final todavía no fue tomada. Las recomendaciones del panel no son vinculantes y la FDA puede optar por seguirlas o rechazarlas.
Con información de AP.