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La pregunta incómoda que instaló Patricia Bullrich

Los hermanos Milei pusieron a Patricia Bullrich en la antesala del ostracismo. Simularon perdonarla después de que la senadora ...

Los hermanos Milei pusieron a Patricia Bullrich en la antesala del ostracismo. Simularon perdonarla después de que la senadora cuestionó en público posiciones muy arraigadas del Presidente. Pero el desafío ahondó el clima persecutorio que agrieta al Gobierno después de un trimestre que preferiría olvidar, entre escándalos judiciales, resultados económicos peores a lo esperado y un faccionalismo incontrolado.

“Está a dos tuits de que la declaren traidora”, decía el jueves un senador del oficialismo que siguió de cerca el desarrollo del conflicto que se inició cuando Bullrich anunció que ejercería su “objeción de conciencia” para incumplir la directiva de Milei de retirar el pliego judicial de María Verónica Michelli, cuyo pecado consiste en ser cuñada del periodista de investigación Hugo Alconada Mon.

Bullrich le había anticipado la jugada al Presidente en una reunión cara a cara. Lo contó ella misma a los medios, con lujo de detalles, y hasta explicó que había ofrecido la renuncia a la jefatura del bloque de La Libertad Avanza (LLA). Karina Milei la citó el miércoles a su despacho para evitar la escalada con una foto de ambas sonrientes; un souvenir que se han ganado varios libertarios poco antes de ser expulsados del paraíso.

Lo que expuso el episodio de Bullrich es algo más que un problema de disciplina interna. Instaló, a contramano del discurso oficial, la sospecha de que en el interior del oficialismo anida un proyecto presidencial alternativo para 2027. Dejó flotando la pregunta que el Gobierno prefería no hacerse: ¿puede Milei perder la batalla por la reelección?

El Presidente prometió esta semana que la Argentina está entrando en “los mejores 30 años” de su historia. Sus discursos articulan hipérboles, digresiones teóricas y descargas emocionales que convergen en una dirección común. Debe convencer al país y al mundo de que el cambio radical de modelo que promueve abrirá un ciclo de prosperidad palpable a tiempo para garantizar un cómodo triunfo el año que viene. Es lo que el ministro Luis Caputo quiso decir cuando pronosticó que “la economía se va a llevar puesta a la política”.

El énfasis delata el dilema central de Milei: la disociación entre los logros macroeconómicos (equilibrio fiscal, baja de la inflación, estabilidad cambiaria) y las penurias que se reflejan en la calle (caída del consumo masivo, mora en los créditos, salarios a la baja, cierre de fábricas). ¿Hasta cuándo durará la paciencia ciudadana al ajuste?

La confianza en el diseño del plan no es unánime entre los propios seguidores o aliados de Milei. La rebelión de Bullrich abrió una discusión soterrada respecto de si en realidad es la economía la que enderezará la política o exactamente lo contrario. En otras palabras: ¿puede un gobierno sin orden interno conseguir acomodar la endiablada economía argentina?

Milei desterró a la vicepresidenta Victoria Villarruel. Tiene a su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, inhabilitado como vocero y herido como gestor: no pudo aún explicar cómo creció su patrimonio desde que es funcionario público. Su principal asesor estratégico, Santiago Caputo, libra una batalla de poder contra la encargada de armar el esquema electoral del oficialismo, Karina Milei. Y ahora la jefa del bloque de senadores lo corre con los reparos éticos de un opositor. ¿Qué podría salir mal?

La interna Karina-Caputo permea hacia el Poder Judicial, que la hermana presidencial aspira a renovar con su impronta, de la mano del ministro Juan Bautista Mahiques. Se ramifica hacia los negocios vinculados al Estado y llega a situaciones inesperadas tiempo atrás, como la investigación interna que la Inspección General de Justicia (IGJ inicio sobre la Fundación Faro, el think tank recaudador de los libertarios. Su director, el ideólogo Agustín Laje, se había posicionado a favor de Caputo en la reciente discusión en redes contra el karinista Martín Menem.

Se viene el Mundial

Bullrich empezó su desafío cuando percibió que su ambición electoral de cara a 2027 chocaba con los intereses de Karina Milei y su comando central. Aunque le reconocían la capacidad de articular una mayoría no peronista en el Senado, irritaba su protagonismo ante cada proyecto aprobado. El primer gesto de desmarque fue el reclamo para que Adorni explicara sus bienes. Incómodo, Milei dijo que sería inminente, pero pasó un mes sin novedades.

El jefe de Gabinete sabe que la presentación de su declaración jurada reavivará la discusión que degradó su imagen pública. Sus allegados sugieren que expondrá una serie de inversiones que le permitieron acceder a los dólares con los que compró dos propiedades y las puso a nuevo, mientras se permitía hacer viajes de alto nivel. Cuentan en la Casa Rosada que ya les avisó a los hermanos Milei que pretendía esperar al jueves 11 para presentar los papeles. Da la casualidad de que ese día empieza el Mundial de Fútbol.

Bullrich volvió a despegarse el lunes con el rechazo en términos morales al veto presidencial a Michelli. Tocó una fibra muy sensible. La decisión de ir contra la aspirante a jueza por sus vínculos familiares la había tomado el propio Milei, aunque quien la transmitió al Senado fue su hermana Karina.

Legisladores aliados al oficialismo indican que se pasaron una semana intentando convencer a Milei de que era un error. “Hablamos con Mahiques, con Diego Santilli, por supuesto con Patricia. Pero todos terminaban admitiendo que era un pedido de Javier y que era inamovible”, relata un integrante de la Comisión de Acuerdos que quiso evitar el conflicto.

Solo después de la queja pública de Bullrich, Milei esbozó una justificación al insólito castigo a Michelli. Dijo que era para “evitar un conflicto de intereses”, sin especificar exactamente de qué manera el vínculo con un periodista podría condicionar a la jueza de un tribunal oral de La Plata. El argumento palidece ante otras evidencias. Hace un mes el mismo Milei envió el pliego para darle 5 años más como juez de la Cámara de Casación a Carlos Mahiques, padre del ministro de Justicia. En la misma tanda que Michelli fue el expediente de Ana María Juan. Es la esposa del juez Marcelo Martínez de Giorgi, que tiene a su cargo la investigación que salpica a Karina Milei sobre los sobreprecios en el área de Discapacidad.

En la prehistoria de este embrollo, Milei había dicho ante la Asamblea Legislativa, el 1 de marzo: “La Justicia no va a trabajar correctamente hasta que la política se decida a dejar de politizar los nombramientos de los jueces, fiscales y defensores públicos”.

La apelación a un conflicto de intereses sonó extraña en boca de un presidente que impulsó desde sus redes sociales la fallida criptomoneda $LIBRA, que tuvo entre sus creadores a un emprendedor que lo contrataba como docente antes de su ascenso al poder.

Bullrich apuntó a la institucionalidad cuando le pidió verlo para contarle su disidencia. “Él estaba muy firme en la decisión. No le dio ni bola”, explica una fuente cercana al Presidente.

En el karinismo le atribuyen a Bullrich intenciones menos inocentes. “Hizo ruido porque no la dejaron participar en la selección de jueces”. Sostienen esas fuentes que ella presionó para frenar la designación de Pedro Galván Greenway y Alejandro Catania, a quienes se asoció con Claudio Tapia y Pablo Toviggino, porque tenía interés en proponer opciones cercanas a ella para esos juzgados.

Le acusan también de actuar en tándem con Santiago Caputo, que rivaliza con Mahiques desde un principio. No tienen pruebas ni dudas.

La aprobación con dos tercios del dictamen de Michelli fue una derrota evitable para Milei. La maquilló con un tuit celebratorio sobre la “reconstrucción de la Justicia”: se aprobaron más de 70 pliegos, al cabo de una sesión que casi termina en escándalo y en la que los libertarios tuvieron que entregar varias banderas. Bullrich se abstuvo, no sin antes admitir en su discurso que el veto de Milei y su bloque era por cuestiones familiares de la jueza designada. Una forma nada sutil de alumbrar la arbitrariedad de la decisión presidencial.

Campaña y encuestas

La jugada de Bullrich agitó sospechas más profundas sobre sus propias ambiciones presidenciales, por más que no pare de matizar las críticas con palabras de apoyo a la reelección de Milei. ¿Puede entenderse su rebeldía como una señal de que el programa económico no marcha acorde al plan, pese a lo que juran el Presidente y sus ministros?

En el Gobierno extienden sus maquinaciones a Mauricio Macri, que gira por el país con la consigna de armar una candidatura nacional del Pro. ¿Tiene Bullrich -nómada de la política- intenciones de integrarse a ese proyecto? “Patricia puede romper porque está en su naturaleza. Pero que vuelva al Pro parece algo muy pero muy difícil”, responde una fuente muy cercana al expresidente. Macri no retomó el diálogo con su antigua ministra, así como no habla con Milei desde octubre, cuando se fue de Olivos indignado de enterarse que Adorni iba a asumir como jefe de Gabinete en lugar de Guillermo Francos.

Las encuestas de opinión coinciden en una caída del apoyo al Gobierno, pero ninguna muestra por el momento un escenario en el que florezca una tercera vía de centroderecha capaz de romper una eventual polarización entre los libertarios y el peronismo de origen kirchnerista. Es el karma del Pro: los votantes más ontológicamente macristas son los que más defienden a Milei. Nadie tiene hoy piso de intención de voto más firme que el Presidente, cercano a un tercio del electorado. La mayor incógnita es si el desempeño económico le permitirá crecer desde ese umbral.

“Patricia se apuró”, evaluaba un dirigente que trabaja en la reconstrucción del Pro.

En el Gobierno recelan de Bullrich, pero asumen que una ruptura con ella podría ser muy costosa en este momento. No solo por sus sólidas cifras de imagen positiva en el electorado oficialista. Sin ella, podría desarmarse la mayoría del Senado que cimentó el espíritu reformista de Milei a partir del triunfo en las legislativas de octubre pasado.

A los Milei les importa mantener ese ímpetu para conseguir la nueva ley electoral, que ven como una herramienta vital en el camino a un nuevo mandato. El punto clave de ese proyecto era la eliminación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). Implicaría quitarle una herramienta a la oposición para organizarse. Ni el peronismo ni el Pro ni los radicales quieren avanzar a ciegas con un cambio que los ate de manos prematuramente.

En los últimos días les llegó otra oferta a los gobernadores aliados: suspender por esta vez las primarias presidenciales y añadir la opción de listas colectoras para el Congreso. “Sugieren que adelantemos las elecciones provinciales y ellos nos ponen un sparring inofensivo. Y después podemos acompañar al Presidente con una lista de diputados propia en las generales”, resume uno de los que escuchó la propuesta.

Los gobernadores escuchan y negocian, pero desconfían de un gobierno que juega a quedarse con todo y les incumplió numerosas promesas en el pasado.

El caos interno potencia esos reparos. Se hace difícil creer que vienen los mejores 30 años de la historia si arrancan con una semana así.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/la-pregunta-incomoda-que-instalo-patricia-bullrich-nid05062026/

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