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Operación Rosa: cómo comenzó la construcción del muro que dividió a Berlín en dos y conmocionó al mundo

Entre dos millones y medio y tres millones de personas huyeron de la República Democrática Alemana entre su creación, el 7 de octubre de 1949, y el mes de agosto de 1961. Un 20 por ciento de la ...

Entre dos millones y medio y tres millones de personas huyeron de la República Democrática Alemana entre su creación, el 7 de octubre de 1949, y el mes de agosto de 1961. Un 20 por ciento de la población total de Alemania escapó de la zona de ocupación soviética para buscar mejores horizontes en el territorio occidental de ese país, la República Federal Alemana.

Para cortar definitivamente el éxodo masivo, los ocupantes de la Unión Soviética idearon un infame sistema de restricción que conmovió al mundo: levantaron un muro en el corazón de Berlín, para que ya nadie pudiera abandonar el lado comunista de la ciudad.

Este brutal proyecto que dividió una ciudad y atentó contra las libertades básicas de los individuos comenzó en la madrugada del 13 de agosto de 1961. Hace exactamente 65 años.

Las dos alemanias

En 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el territorio de la derrotada Alemania se dividió en cuatro regiones, cada una bajo el mando de las distintas fuerzas de ocupación de los países vencedores: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética. Y lo mismo ocurrió con Berlín.

En esta división territorial, los soviéticos se quedaron con el sector oriental, tanto del país como de Berlín. En octubre de 1949 fundaron allí un estado socialista al que llamaron República Democrática Alemana (RDA).

Pronto comenzaron a existir tensiones entre las autoridades de la República Democrática Alemana, que respondían a directivas de la URSS, y sus vecinos occidentales, las autoridades de la República Federal Alemana, que no los reconocían como estado. Sostenían el concepto de “una sola Alemania”.

Todos los conflictos que se reflejarían luego en la Guerra Fría se palpaban en aquella Alemania dividida en dos. El este respondía a la organización económica comunista mientras que el oeste defendía el capitalismo de mercado.

Mientras el sector occidental comenzaba a crecer económicamente gracias a lo que luego se conocería como “el milagro alemán”, el oriente socialista del país se estancaba en una economía poco eficiente que no llegó a alcanzar nunca el nivel de su vecina occidental.

Un éxodo del este al oeste

La llamada Construcción Planificada del Socialismo propuesta por el Partido Socialista Unificado (SED) que gobernaba en la FDA, prosoviético, tenía como base el control de los medios, las organizaciones sociales y los trabajadores, a los que sometía a una vigilancia extrema.

Por todo esto, fueron millones los ciudadanos que se trasladaron de oriente hacia occidente, en busca de una vida mejor y con más oportunidades. Lo hicieron especialmente jóvenes, profesionales y trabajadores calificados.

Las autoridades de la República Democrática veían cómo se escapaban de a miles de su territorio, en un éxodo que ocasionaba enormes trastornos económicos. Fue entonces que, desde lo más alto del gobierno socialista alemán, se tomó la decisión de hacer algo drástico para detener esta sangría.

“Operación rosa”

Como suele ocurrir en los regímenes con tono autoritario, la verdad en principio se vio falseada. Cuando en junio de 1961 ya se rumoreaba que la SED se iba a poner más firme para cerrar las fronteras hacia occidente, Walter Ulbricht, presidente del Consejo de Estado de la RDA afirmó con contundencia: “Nadie tiene la intención de construir un muro”.

Esa aseveración llegó el 15 de junio de 1961. Menos de dos meses después, en la noche del 12 de agosto se convocaron a unos 50.000 agentes, entre policías, grupos de combate, soldados y obreros, para blindar los límites entre Berlín oriental y el occidental.

La expeditiva medida, que comenzó a llevarse adelante en la madrugada del 13 de agosto -un sábado de verano en que muchos berlineses disfrutaban de salidas nocturnas-, tenía por supuesto la venia de Moscú y se conocería con el nombre de “Operación Rosa”.

Esa noche se instalaron barricadas, obstáculos antitanque y alambres de púas y se cerraron todos los pasos hacia Berlín Occidental. “Desde la una de la madrugada, los soldados cavan un foso de medio metro de profundidad y de ancho”, señaló un corresponsal alemán que hacía su crónica desde la Puerta de Brandeburgo, en pleno centro berlinés.

Los medios de transporte también se interrumpieron y a partir de ese momento ya nadie podría salir de la parte oriental de Berlín hacia el sector occidental. Del mismo modo, como la ciudad se encontraba en territorio de la RDA, el muro se extendió por todo el perímetro “occidental” de Berlín, para separar la ciudad del interior socialista del país.

La longitud total del muro planificado alcanzaba los 155 kilómetros. 43 kilómetros partieron Berlín en dos mientras que otros 112 kilómetros impidieron el contacto entre Berlín occidental y el resto de la RDA.

Los precarios alambrados de la primera noche fueron solidificándose en poco tiempo. El muro, que primero es de alambre, luego se convierte, gracias al trabajo a destajo de cientos de obreros, en una robusta construcción de ladrillo, y luego de hormigón. Su altura llegaría a ser de 3,6 metros.

En distintos puntos de vigilancia hubo guardias apostados las 24 horas del día. Tenían orden de disparar a cualquiera que intentase la odisea de atravesar la oprobiosa pared. En muchos sectres existió un muro interno y uno externo. En el medio, entre los dos muros, estaba la llamada “franja de la muerte”, que en ciertas partes era campo minado o tenía rejas electrificadas. Allí murieron cientos de alemanes en su intento de fuga.

“Defensa contra agresiones fascistas”

La ciudad quedó partida en dos literalmente de la noche a la mañana. El muro divisorio atravesó parques, plazas, fábricas y vías fluviales. Y también familias.

Padres e hijos, amigos, compañeros de trabajo y vecinos, quedaron, desde la madrugada del 13 de agosto de 1961, separados por un muro y sin posibilidad de reencuentro. Permanecieron así por casi tres décadas.

Los socialistas que ordenaron la construcción de la muralla usaron eufemismos para mencionarla. Para ellos, nunca se trató de un muro. Hablaron, de forma oficial, de la creación de un elemento “de defensa contra las agresiones fascistas”. También una barrera para evitar el ingreso del “yugo capitalista”.

Del lado occidental, hubo protestas airadas contra el levantamiento del muro. Willy Brandt, alcalde entonces de Berlín del oeste, exclamó: “El Senado de Berlín acusa ante la comunidad mundial las medidas ilegales e inhumanas practicadas por aquellos que están dividiendo Alemania, oprimiendo a Berlín Oriental y amenazando a Berlín Occidental”. Luego expresó que el muro representaba una barrera “de campo de concentración”.

Pero, en la práctica, nadie detuvo el levantamiento de la muralla, que seguía creciendo bloque tras bloque, con una celeridad de asombro. Los aliados apenas se encargaron de que no haya muertos ni heridos en las numerosas fugas que se intentaron en los primeros días de la construcción.

“Nuestra capital estará limpia”

La RDA, por su parte, no cejó en su intención de darle una buena prensa al muro a través de la propaganda. Según el portal alemán Wall Stories of Berlín, en la radio estatal del régimen comunista, sonaba una canción que decía: “Nuestra bella Berlín va a quedar limpia, ya hemos cerrado la trampa humana de los guerreros del frío Rin (...). La paz y la tranquilidad están llegando y nuestra capital estará limpia. Sí, limpia”.

Posiblemente quien dio la mejor reflexión de lo que significaba esta construcción fue el escritor estadounidense John Brainbridge: “Los países han construido muros para mantener a sus enemigos fuera. Die Mauer (en alemán ‘el muro’), es probablemente el único que se ha construido para encerrar a todo un pueblo”.

Pero las ansias de libertad a veces pueden más que cualquier construcción opresora. Poco más que una semana después del comienzo del muro, una mujer, Ida Slekmann, intentó escapar hacia el sector occidental colgándose con una sábana desde el tercer piso de su edificio.

Su intención era reunirse con su hermana, que vivió en el lado occidental. Pero cayó desde las alturas, su cuerpo golpeó violentamente contra el pavimento, y se convirtió así en la primera víctima mortal del muro.

Entre el comienzo del levantamiento de este particular paredón y su caída final, en noviembre de 1989, se calcula que fueron unas 100.000 personas las que quisieron huir de la Berlín amurallada. Lo hicieron a través de túneles o con documentos falsificados. Pero de todos ellos, solo unos 5000 alemanes orientales lograron cruzar exitosamente la ominosa muralla. 140 de ellos, en tanto, murieron en el intento. La mayoría fueron asesinados.

Hace 65 años, entonces, comenzaba a construirse el muro de Berlín, una pesadilla de hormigón, símbolo de la Guerra Fría, que oscureció con su sombra nefasta los sueños de libertad de millones de alemanes.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/operacion-rosa-como-comenzo-la-construccion-del-muro-que-dividio-a-berlin-en-dos-y-conmociono-al-nid13082026/

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