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Perry Ouzts, el jockey que más carreras corrió y desafía al paso del tiempo, ganó a los 72 años

Hay jockeys que construyen un mito en dos minutos. Les alcanza un éxito en un gran premio icónico a nivel mundial, como el Kentucky Derby, o una tarde en la que les sale todo perfecto para hacers...

Hay jockeys que construyen un mito en dos minutos. Les alcanza un éxito en un gran premio icónico a nivel mundial, como el Kentucky Derby, o una tarde en la que les sale todo perfecto para hacerse un lugar en la memoria para la eternidad. Perry Wayne Ouzts tomó un camino infinitamente más difícil. Lo suyo fue, sin proponérselo, alimentar su leyenda de a una monta y un día por vez. Mientras una gran parte de sus colegas compatriotas y una gran cantidad de inmigrantes persiguen la gloria en los hipódromos principales de los Estados Unidos, él fue construyendo una de las trayectorias más extraordinarias que registre el turf norteamericano. Y lo hizo desde el anonimato de las pistas menos populares, allí donde el público reconoce a los jinetes por su nombre y los caballos viajan cientos de kilómetros para competir por recompensas modestas.

Nacido el 7 de julio de 1954 en Lepanto, un pueblo incluso actualmente poco poblado de Arkansas, Ouzts encontró desde pequeño un vínculo inseparable con los caballos. No hubo una revelación repentina en su caso. Desde chico ya supo que quería vivir arriba de los de carrera, con el respaldo de lo que sucedía a su alrededor. Su propia familia, entre ellos su primo Earlie Fires –más tarde ingresaría al Salón de la Fama del turf estadounidense–, lo ayudó a dar los primeros pasos en un oficio tan atrapante como despiadado. Ouzts no quiso saltearse pasos para llegar a la gran vidriera. Bueno para asimilar enseñanzas de los que tenía cerca, entendió que primero había que aprender a montar, a interpretar al caballo, a ganarse la confianza de los entrenadores y patrones y, especialmente, a aceptar que nadie iba a regalarse absolutamente nada. Sin embargo, todavía en actividad, no estaba en ningún libreto ni sueño ganar la única competencia que disputó en el día de su cumpleaños 72, como sucedió este martes atropellando por los palos desde el fondo del lote en Belterra Park.

Debutó como jockey en 1973 y ese mismo año, el 2 de abril, en su tercer intento, consiguió su primera victoria, algo de lo que no era sencillo enterarse. Al día siguiente, Martin Cooper, un ingeniero británico, hizo la primera llamada por un teléfono móvil de la historia. Para muchos, fue otra vida. Nadie podía entonces imaginar, además de que se podría establecer una charla de ese tipo tan naturalizada hoy por hoy, que ese muchacho rubio de 18 años y un físico diminuto terminaría convirtiéndose en el jinete que más veces compitió de todos los tiempos, según los registros de Equibase, la principal base de estadísticas que es administrada por el Jockey Club de ese país y la Thoroughbred Racing Associations of North America.

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Tampoco que, más de medio siglo después, seguiría levantándose antes del amanecer para aprontar caballos con el mismo entusiasmo y la misma sonrisa que el primer día. Si algo distingue a Perry no son sólo los números, por impresionantes que resulten después de 53.762 largadas y 7.536 victorias, sino una relación inexpugnable con el trabajo cotidiano. Su grandeza se edificó más allá de las grandes carteleras. Dio el presente en los más crudos días de invierno, en las pistas embarradas, en los traslados durante horas entre un hipódromo y otro y, sin perder el eje, en la capacidad de estar siempre listo para montar una carrera más.

Por décadas, Ouzts hizo de Ohio y Kentucky su casa en lo profesional. Y aunque estaba cerca de una de las capitales de la crianza más célebres del mundo, optó por Beulah Park, Turfway Park, Thistledown y River Downs –reconvertido en Belterra Park desde 2014– para edificar una reputación basada en la confiabilidad, aunque llegara a correr ocasionalmente en los escenarios más famosos. Los entrenadores sabían que, si Perry aceptaba una monta, encontrarían al mismo profesional meticuloso sin importar si lo que había por delante era una prueba clásica o una cita de bajo nivel. Nunca se mostró obsesionado con los grandes eventos. Su principal satisfacción estaba, y lo sigue estando, en el propio ejercicio del oficio. Ganar siempre fue necesario e importante, pero entrenar y competir era indispensable. La base de la confianza en él estuvo siempre en sus acciones: llegaba antes que todos a las mañanas de ensayos y se iba cuando ya no quedaban caballos para varear. “Siempre me ha ido muy bien aquí, y eso era más importante para mí que ir a los grandes hipódromos, ganar las carreras importantes y todo eso, o incluso ganar muchísimo dinero. Me gusta ganar y, simplemente, siempre fue más fácil hacerlo aquí porque conocía a todo el mundo, todos me conocían a mí y siempre conseguía buenos caballos para montar”, confiesa.

Consecuencia de sus actos, con el paso de los años comenzaron a acumularse victorias a un ritmo destacado. En cantidad, 2010 fue el más productivo, con 271 primeros puestos. En lo monetario, 2014 le proporcionó ganancias por 1.910.412 de dólares a sus montados. En rigor, no se trata de uno de los jockeys que sólo acumula unas pocas temporadas brillantes, sino que la constancia resultó la principal virtud a lo largo de una trayectoria que sigue escribiendo capítulos casi a diario. Mientras generaciones enteras de pilotos tuvieron famas fugaces y otros alcanzaron la cima y se retiraron, Perry sigue allí. Siempre liviano. Siempre disciplinado. Fue la continuidad la que le permitió superar registros que durante mucho tiempo parecían inalcanzables. Su récord de carreras corridas en el circuito norteamericano es el resultado de una vida entera dedicada con el mismo compromiso y sacrificio. “He pesado 50 kilos durante casi 50 años, con una variación de uno o dos kilos. Me peso todas las mañanas al levantarme. Si peso un poco menos ese día, como un poco más. Si peso más, como un poco menos”, sentenció en una entrevista hace unos años.

Reducir su historia a los datos, aunque haya muchos fanáticos de ellos, sería injusto. Ningún jockey atraviesa medio siglo en las pistas sin conocer el dolor. Ouzts convivió con caídas y lesiones que habrían convencido a cualquiera de abandonar la profesión. Son “40 huesos rotos”, según sus propias estimaciones. Su cuerpo fue acumulando cicatrices como un mapa de toda una existencia sobre los caballos. Se ganó el apodo de “Ironman”. Fracturas en la columna, lesiones faciales, quebraduras diversas. Algún médico llegó a advertirle que otra caída podía tener consecuencias más preocupantes. Escuchó el consejo, lo agradeció y cuando sintió que todavía podía seguir haciéndolo, volvió a subirse. No por temeridad ni por obstinación, sino porque nunca encontró una forma distinta de vivir. A su medida. Ya el promedio no marca varias carreras por jornada. En lo que va de 2026, por ejemplo, lo hizo en 65 ocasiones y cinco terminaron en festejo.

Le tocó atravesar el costado más cruel: ver caer compañeros –su otro primo y gran amigo Jackie Fires quedó con parálisis de la cintura para abajo en 1977, tras un accidente–, perder amigos y comprobar que este deporte, tan hermoso como imprevisible, no da tregua. Empero, nunca se permitió que esas experiencias alteraran su ruta. Quienes trabajaron con él y los que lo siguen haciendo coinciden en describirlo: respetuoso, sencillo, siempre dispuesto a transmitir su mensaje a un aprendiz o a compartir vivencias con el personal de trabajo de los studs. Quizá por eso su vida despierta admiración incluso entre quienes jamás apostaron un solo billete. Representa una manera de entender la competencia en la que el prestigio se gana trabajando.

“Perry es una persona maravillosa y un atleta profesional extraordinario. Es el ejemplo perfecto de resistencia y tenacidad y resulta muy apropiado que el lugar donde nuestros jinetes se preparan a diario lleve su nombre. Su destreza ecuestre, su determinación y su constancia, así como el respeto que se ha ganado aquí durante décadas, hacen que sea un momento de orgullo para todos nosotros”, describió a fines del año pasado Daniel Bach, gerente general de Turfway Park, donde tiene el récord de triunfos y cuyo vestuario le rinde homenaje desde el 6 de diciembre pasado.

Su vida familiar –y bien lo sabe su esposa Tony, propietaria del caballo con el que logró su triunfo 7500 en mayo de 2025– transcurrió inevitablemente al ritmo de las carreras, con enormes sacrificios, más allá de la rigurosidad de la balanza. Las madrugadas, los viajes, los fines de semana lejos de casa y la obligación permanente de cuidar el peso marcaron una rutina que muy pocos estarían dispuestos a sostener durante tanto tiempo. Incluso si lo desearan. Detrás de cada victoria y golpe hubo también una familia que comprendió que convivía con alguien cuya verdadera vocación no conocía de horarios ni feriados.

“Es la persona más trabajadora que conozco. Se toma su trabajo muy en serio, tanto por las mañanas como durante las carreras. Algunos jinetes más jóvenes no quieren salir a montar cuando hace mucho frío, pero él nunca se queja... de nada. Además, es absolutamente valiente y no hace falta decirle mucho porque conoce a los caballos y estudia las carreras”, lo describió también aquel día la entrenadora Susan Anderson a los medios locales.

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Quizá el mayor reconocimiento hacia Ouzts no sea el número de carreras ganadas ni los récords. Es haber demostrado que también existe una forma silenciosa de alcanzar la grandeza. Puede ser que el deporte moderno demande celebridades instantáneas, pero él eligió el camino más largo, con perseverancia. Nunca necesitó un Kentucky Derby o convertirse en una figura mediática para seguir por el camino de sus sueños. Le alcanza con seguir haciendo bien su trabajo durante más de cincuenta años. Incluso en un tiempo en el que todo parece medirse por la velocidad con la que llega el éxito, su historia conmueve incluso a quienes nunca lo vieron correr. Habla de algo mucho más profundo que el turf mismo. Perry expresa la dignidad del trabajo, la fidelidad a una pasión y esa admirable capacidad que tienen los jockeys de levantarse una vez más después de cada caída. Su caso es el del hombre que jamás buscó convertirse en leyenda y que, acaso por eso, terminó siéndolo. Y a los 72 años, tras vencer con la tordilla Lipstick N Lashes, nadie miró qué boletos tenía en el bolsillo cuando se sumó a los estruendosos aplausos.

El triunfo de Perry Ouzts a los 72 años

“Mi récord de presencias significa que no me rendí. Realmente, disfruté de este trabajo durante todos estos años. Creo que por eso tuve éxito durante tanto tiempo. A diferencia de muchos que lo hacen simplemente por obligación, yo lo hago porque todavía lo disfruto”, sostiene Ouzts, un apasionado, además, de las motos, a las que también sigue subiéndose y acelerando como cuando era un adolescente y siquiera iba a la escuela de jockeys.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/turf/perry-ouzts-el-jockey-que-mas-carreras-corrio-y-desafia-al-paso-del-tiempo-gano-a-los-72-anos-nid09072026/

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