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¿Por qué faltan a la escuela los adolescentes? Identifican los principales motivos según el lugar donde viven los estudiantes

En las madrugadas de frío, a eso de las 6.40, la esquina por donde pasa el único colectivo que entra al asentamiento Alfonso XIII, a 17 kilómetros de la ciudad de San Juan, es un lugar oscuro do...

En las madrugadas de frío, a eso de las 6.40, la esquina por donde pasa el único colectivo que entra al asentamiento Alfonso XIII, a 17 kilómetros de la ciudad de San Juan, es un lugar oscuro donde el viento se siente en las mejillas como pequeñas navajas. Abel, que tiene 18 años, está acostumbrado a la crueldad del clima. Ese no es un problema.

De lunes a viernes, se levanta a las 5.30 y en esa esquina espera el colectivo junto a otros chicos y chicas. Desde su barrio, en el departamento de Pocito, tiene media hora hasta Rawson, donde está la escuela agrotécnica a la que va.

Si pierde el colectivo, también se pierde un día de colegio. Recién a las 13 pasa el próximo. “De mi clase soy el que está más lejos y el que más falta por la dificultad del transporte. Si me despierto tarde, si pasa antes el colectivo o si por algo no viene, tengo que faltar”, se lamenta Abel, que está entre los mejores promedios de la clase.

En Concordia, Entre Ríos, unos 20 adolescentes de entre 13 y 15 años hablan entre ellos y se ríen antes de merendar en el centro de Volando Alto, una organización que les da apoyo escolar. Viven en el asentamiento La Bianca, en las periferias de la ciudad. Esa tarde de tormenta, pocos fueron a sus colegios, que están en las afueras del barrio, a unas 15 cuadras. Es mayo, época de lluvias que pueden durar semanas. Ese es un problema.

Las calles de tierra se convierten en canales de lodo espeso. “La escuela podría ser un buen refugio, pero les es difícil llegar, más cuando cuidan como oro su único par de zapatillas”, cuenta Florencia Martínez, una de las maestras fundadoras de la ONG. Pero no solo faltan por un problema de acceso, “algunos hacen tareas domésticas o tienen que cuidar hermanitos para que sus padres puedan ir a trabajar”, suma Felicitas Silva, también docente y fundadora de la organización.

Como empecé a trabajar, a veces hago turno noche y al otro día no voy al colegio a la mañana. Salgo de trabajar a las 6.30 de la mañana y tendría que entrar a las 7.30

Analía, de 17 años, encuestada por CIAS

La desigualdad educativa no siempre se refleja en un boletín. A veces se hace visible en un banco vacío, es decir, en las razones que explican por qué un chico falta al colegio.

Sin contar las ausencias por problemas de salud propios, la mayoría de los adolescentes de sectores vulnerables faltan porque les cuesta llegar hasta la escuela, tienen que cuidar a un hermanito, atender problemas de salud de un familiar, hacer tareas domésticas o salir a trabajar para colaborar con la economía de la casa. Incluso factores como el periodo menstrual impactan con mayor fuerza en este grupo, tal como lo reveló un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación hecho en exclusiva para LA NACION.

La mayoría de las causas no están vinculadas con una elección, sino que son un síntoma de desigualdades estructurales que condicionan su vida cotidiana. Esa desigualdad queda aún más expuesta cuando se analizan las razones por las que faltan los adolescentes del nivel socioeconómico más alto: la mayoría no va al colegio porque no tiene ganas, porque llega tarde y le corre una falta o por situaciones más vinculadas al ocio, como vacaciones y viajes.

 

La investigación se basó en las respuestas que dieron adolescentes de todo el país a un cuestionario complementario que se les entregó con las pruebas Aprender de 2024. El informe revela además que aumentó un 20% la cantidad de chicos del nivel socioeconómico más bajo que faltó más de 15 veces en el año. Pasó del 40% en 2022 al 48% en 2024.

“Si bien ese aumento es similar en los demás niveles socioeconómicos, vemos que las razones son muy diferentes”, dice Martín Nistal, uno de los investigadores de Argentinos por la Educación. “Estas diferencias hablan básicamente de que hay una desigualdad importante a resolver y como el estudio se basa en un reporte que hicieron los mismos chicos, lo más probable es que no hayan dicho realmente cuántas veces faltaron, por lo que el nivel de ausentismo sería aún más alto”, advierte.

“Un problema de injusticia social”

En la sala de Volando Alto, los chicos del asentamiento La Bianca explican por qué faltan al colegio en un zoom con LA NACION. Entre el bullicio, solo uno de los adolescentes contó a los gritos que a veces se queda dormido.

La mayoría habla de la lluvia y de que la falta se justifica, que después se recuperan los contenidos con las profes de la ONG. Las familias de muchos de ellos viven de la cosecha de frutos cítricos y los adultos no terminaron la secundaria. En algunos hogares, el adulto es uno solo, casi siempre mujer: la madre o una abuela.

“Es difícil cruzar la calle, te mojás las zapatillas, te embarrás la ropa y después ensuciás la escuela”, dice Alejandro, que está en segundo año y tiene 14. Su hermanito, de 6, está sentado sobre su regazo. Siempre está a su cuidado. “No fui el otro día porque no se me secó el pantalón”, comenta Alexandra, de 13. Muchos de ellos cuidan a sus hermanos menores. Ninguno trabaja, pero sus hermanos grandes sí.

Los chicos de bajos recursos también faltan porque no tienen ganas de ir al colegio. De acuerdo a los hallazgos del estudio de Argentinos por la Educación, un 27% contestó que alguna vez había faltado simplemente por falta de ganas. Sin embargo, entre los estudiantes de niveles socioeconómicos más altos, esa razón escala al 49%.

Después de dos días de tormenta, en los barrios populares la asistencia baja a menos la mitad

Director de una secundaria bonaerense encuestada por CIAS

“Estudiar cuánto faltan y por qué no es un capricho”, dice Romina Busain, investigadora, docente y referente de Argentinos por la Educación, al señalar que no hay cifras oficiales a nivel nacional sobre el ausentismo escolar que permitan trazar políticas. “En el caso de los sectores más vulnerables, se origina un problema de injusticia social porque el que falta a la escuela hoy tiene más chances de tener problemas de desarrollo social y emocional, de repetir y de dejar de estudiar. Y de adulto, es probable que tenga empleos precarios o esté desempleado”, analiza Busain.

De hecho, el 42% de los jóvenes de entre 19 y 24 años que viven en barrios populares del AMBA abandonaron la escuela, según reveló un estudio del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) y Fundar. Mientras que solo tres de cada 100 chicos que viven en hogares muy pobres acceden a un trabajo registrado, de acuerdo a una investigación del Observatorio de la Deuda Social de la UCA.

Qué pasa en las villas y asentamientos

Si se hace foco en los adolescentes de nivel secundaria que viven en barrios populares, las razones por las que suelen faltar se les parecen a las identificadas por Argentinos por la Educación.

Según otro informe de CIAS y Fundar, basado en entrevistas en profundidad a adolescentes y directores de escuelas de barrios populares, la mayoría de esos chicos se ausenta por diferentes motivos ajenos a la salud: porque no hubo clases, porque no tenían ganas, porque tuvieron que cuidar a sus hermanos o porque debían trabajar.

“Probablemente, en otros sectores sociales ir a la escuela es la tarea primordial y única de un adolescente. Pero los chicos de barrios populares están sobrecargados de responsabilidades, tienen la urgencia de la supervivencia. Casi el 40% trabaja y va al colegio”, dice Gonzalo Elizondo, uno de los investigadores del informe. “Es por eso que casi la mitad de esos adolescentes abandona la escuela para trabajar, lo que les corta toda posibilidad de progreso”, dice.

   

Muchos chicos viven en hogares donde sus padres deben trabajar muchas horas porque viven de empleos precarios y changas. Entonces gran parte del día están solos. “Las familias están desbordadas por la situación económica y las escuelas también están detonadas porque hay docentes que dejan la escuela, que faltan. A veces, la escuela no sabe cómo reaccionar porque la única herramienta que tiene es la de llamar a los padres para preguntar por qué faltan los chicos”, explica Elizondo.

Faltan, pero quieren “ser alguien”

Abel charla telefónicamente con LA NACION un miércoles a las ocho de la noche. Antes estaba ocupado. Había estado estudiando y cuidando a su hermano de 6 años. Vive con él, su madre de 40 años y su abuela de 87. Su madre llegó hace unos minutos, trabaja en una finca cercana a Pocito. Cosecha acelga.

Estoy faltando demasiado porque no tengo la SUBE estudiantil. Por eso tengo que conseguir una SUBE de donde sea para poder ir a la escuela

Julieta, de 17 años, encuestada por CIAS

El joven, con voz serena, cuenta que se esfuerza mucho en el colegio, que es uno de los mejores alumnos y que en paralelo va al curso de ingreso de la carrera de Agronomía en la Universidad Nacional de San Juan. Cuando termine la secundaria, será el primero de su familia en lograrlo. También será el primero en empezar una carrera de grado.

“Sueño con ser ingeniero agrónomo, no depender de nadie, ser un profesional. Me gustaría mudarnos del barrio, porque hay muchos problemas de transporte. Estamos como olvidados”, dice Abel.

Educarse en la Argentina “no es solo una cuestión de dignidad o de ganas de estudiar”, asegura Nistal. “La educación en la Argentina da frutos en lo económico, porque los más educados ganan más”, dice. ¿Cuál es la solución? Para el investigador, la respuesta es que los chicos no falten y los docentes estén en el aula: “Para eso las escuelas tienen que estar abiertas y las condiciones para que los chicos lleguen a la escuela deben estar dadas”.

“Detrás de cada falta hay un chico que se desconecta, una familia que no acompaña, un sistema que no logra hacer que la escuela sea un lugar deseable”, dice Busain. La especialista advierte: “Si no actuamos ya, esta generación va a tener menos oportunidades. Se necesita un sistema nacional de datos confiables en tiempo real, políticas y estrategias que reconstruyan el vínculo entre las familia y las escuelas”.

Cómo ayudar

Para colaborar con Volando Alto, se puede apadrinar a niños, niñas y adolescentes a través de su sitio, aquí.

Vidas Desiguales

Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades de empleo reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/por-que-faltan-a-la-escuela-los-adolescentes-identifican-los-principales-motivos-segun-el-lugar-nid11052026/

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