Qué es el hematoma subdural, la afección que derivó en la internación de Luis Brandoni
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La muerte de Luis Brandoni, ocurrida en la madrugada de este lunes a los 86 años, volvió a poner en agenda una afección médica que ya había ganado notoriedad pública en otros casos resonantes: el hematoma subdural. El actor estaba internado desde el sábado 11 de abril en el Sanatorio Güemes, luego de haber sufrido un accidente doméstico que le provocó un golpe en la cabeza, tras el cual los médicos detectaron ese cuadro. Su estado de salud se deterioró en los días siguientes y murió esta madrugada.
Un hematoma subdural es la acumulación de sangre y de productos de degradación de la sangre entre la superficie del cerebro y la duramadre, la membrana que recubre internamente el cráneo. Se produce cuando se rompen pequeñas venas que conectan ambas estructuras, generalmente como consecuencia de un traumatismo craneal, incluso de baja intensidad. En algunos casos, el sangrado es inmediato; en otros, puede desarrollarse de forma más lenta y progresiva.
La afección puede presentarse tanto en forma aguda —con síntomas que aparecen poco después del golpe— como crónica, cuando la acumulación de sangre se produce de manera paulatina y se manifiesta semanas después del traumatismo inicial. Esta última modalidad es más frecuente en personas adultas mayores y puede pasar inadvertida en un primer momento.
En las personas adultas mayores, los hematomas subdurales presentan particularidades que los vuelven más frecuentes y, a la vez, más difíciles de advertir en una primera evaluación. Con el paso de los años, el cerebro reduce levemente su volumen y se separa del cráneo, lo que genera mayor tensión sobre las pequeñas venas que lo conectan con la duramadre. Esa condición hace que traumatismos que en personas jóvenes no tendrían consecuencias significativas puedan provocar sangrados en edades más avanzadas, incluso cuando el golpe haya sido aparentemente leve o haya pasado desapercibido.
Los síntomas varían según la cantidad de sangre acumulada, la velocidad del sangrado y la zona del cerebro afectada. Entre los más habituales se encuentran el dolor de cabeza persistente, la somnolencia, la desorientación, los trastornos de la memoria, las dificultades para hablar o para caminar y, en los casos más graves, las convulsiones o la pérdida de conciencia. Sin embargo, no todos los hematomas subdurales presentan signos evidentes desde el inicio.
Otra característica relevante de este tipo de hematomas es que los síntomas no siempre aparecen de manera inmediata, lo que puede dificultar el diagnóstico inicial. En los cuadros crónicos, el sangrado progresa lentamente y los signos neurológicos pueden confundirse con otros procesos habituales del envejecimiento, como cambios en el ánimo, olvidos frecuentes o alteraciones en la marcha. Por ese motivo, ante una caída o golpe en la cabeza, los equipos médicos suelen extremar los controles en personas mayores, aun cuando en las primeras horas no se registren manifestaciones claras.
Ante la sospecha de este cuadro, los médicos suelen indicar estudios de imágenes, como una tomografía computarizada o una resonancia magnética, que permiten confirmar el diagnóstico y evaluar la extensión del sangrado. A partir de esos resultados, se define el tratamiento más adecuado. No todos los hematomas requieren cirugía inmediata: algunos pueden ser controlados con seguimiento clínico y reposo, siempre que no generen síntomas neurológicos ni comprometan estructuras vitales.
En otros casos, especialmente cuando el hematoma supera un determinado tamaño o provoca síntomas, es necesaria una intervención quirúrgica para drenar la sangre acumulada y aliviar la presión sobre el cerebro. La decisión depende del estado general del paciente, su edad, los antecedentes clínicos y la evolución del cuadro.
El manejo clínico de un hematoma subdural no responde a un esquema único. La evolución depende de múltiples factores, entre ellos el tipo de hematoma, su tamaño, la velocidad de crecimiento del sangrado y el estado general del paciente. En algunos casos, el cuadro se estabiliza con observación y estudios de control; en otros, el deterioro neurológico o el riesgo de complicaciones obliga a intervenir. Esa evaluación dinámica explica por qué una internación preventiva puede extenderse y requerir monitoreos constantes, aun cuando no exista una definición inmediata sobre una cirugía.
Cómo se trata un hematoma subduralCuando el equipo médico considera que el hematoma subdural debe ser operado, el procedimiento apunta a drenar la sangre acumulada y evitar que continúe comprimiendo el tejido cerebral. Existen distintas técnicas quirúrgicas que se eligen según el tipo de hematoma y su localización. En líneas generales, la intervención busca aliviar la presión intracraneal y prevenir complicaciones neurológicas.
Luego de la cirugía —o del tratamiento conservador, en los casos en que no se opera—, el paciente requiere controles neurológicos periódicos, ya que el hematoma puede reaparecer o modificarse con el tiempo. Por ese motivo, el seguimiento médico es una parte central del abordaje.
En los últimos años, el hematoma subdural tuvo visibilidad pública a partir de distintos episodios que involucraron a figuras reconocidas. Diego Armando Maradona fue operado por este cuadro en noviembre de 2020 pocos días antes de morir; Cristina Fernández de Kirchner atravesó una intervención quirúrgica similar en 2013, y Ginés González García cursó un hematoma subdural crónico que no requirió cirugía.
En todos los casos, los abordajes médicos y las evoluciones fueron diferentes, lo que refuerza que se trata de una afección frecuente, de presentación variable y con desenlaces diversos, cuya gravedad depende de múltiples factores clínicos.
En la situación de Luis Brandoni, el hematoma subdural fue la consecuencia del accidente doméstico que derivó en su internación, sin que hasta el momento se haya informado oficialmente que haya sido la causa directa de su muerte.