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Ricardo Darín: su nueva y “rara” película, el personaje que le falta interpretar y por qué cree que el país atraviesa un momento bisagra

SAN SEBASTIÁN.– Él lo dijo tantas veces en tantos años: “Uno es un laburante, el que se la cree es un gil”. ¿Pero cómo no creérsela si toda la iconografía de una ciudad española tiene...

SAN SEBASTIÁN.– Él lo dijo tantas veces en tantos años: “Uno es un laburante, el que se la cree es un gil”. ¿Pero cómo no creérsela si toda la iconografía de una ciudad española tiene su rostro? El Festival Internacional de Cine de San Sebastián eligió a Ricardo Darín como la imagen de su última edición. Caminar por sus calles es ver la cara del actor argentino multiplicada al infinito, se mire para donde se mire.

Y la magia no solo es visual. Porque cuando, entre tapas y pinchos, alguien reconoce a un periodista, no le pregunta: “¿Cuándo llegan Orlando Bloom o Brad Pitt?”; sino: “¿Sabes hasta qué día se queda Ricardo?”. San Sebastián tiene “los ojos de Darín” en su gente, en sus calles, en sus locales, en sus fachadas. ¿Cómo no creérsela?

“Y sí, bueno, un poquito me la creo. Pero porque hace bien”, reconoció a LA NACION el actor esta martes, a metros de donde, pocas horas después, se proyectaría su última película, Lo dejamos acá, dirigida por Hernán Goldfrid y coprotagonizada junto a Diego Peretti: “La verdad es que yo no me imaginé que iban a empapelar toda la ciudad, pero cuando llegué acá y vi todo esto… Yo también salí a comer un par de pinchos y la gente me mira como si fuera San Benito de Palermo. Aparte esta ciudad, que es bellísima, es tan cercana al festival y a su gente que se siente muchísimo el cariño".

–¿Y por qué vos?

–Fue una idea del director del festival, José Luis Rebordinos. Él ha sido muy generoso con nosotros, muy defensor de todo lo que es el cine latinoamericano en general, y en particular del argentino. Eso lo sentimos todos los colegas, no hay forma de retribuirle la generosidad que tuvo para con nosotros en todo momento con innumerables gestos, no solamente en los buenos. Me llamó y me dijo: “En mi último año al frente del festival quiero sintetizar mi relación con el cine argentino, y quiero poner tu cara. Lo hemos hablado en comisión y yo creo que es muy justo, no creo que ninguno de tus colegas se vaya a ofender”. Mi respuesta fue, primero decirle “gracias” y después agregarle: “¿No será mucho?”.

–Es que es mucho.

–Es mucho, sí, pero a la vez me resulta un gran halago. Aunque te aclaro que igual sigo insistiendo: si te la creés, si pensás que por algo así sos “distinto”, sos un gil. Porque después te vas a tu casa, te duele el estómago y terminás tomando un antiácido como todo el mundo.

–¿Te cambia el lugar en el que te colocan a la hora de elegir un proyecto?

–Hoy, la elección de cada proyecto surge de una mezcla de cosas. A mí se me ha modificado un poco el filtro, por decirlo de alguna manera, porque ahora tengo una productora, que antes no . Somos un grupo que nos miramos y decimos: “¿Qué hacemos?, ¿Qué aceptamos?”. Por suerte nos llegan muchos proyectos, algunos los podemos abrazar y otros los tenemos que dejar pasar. O por cuestiones de agenda, o porque a lo mejor son demasiado grandes y no nos da el piné.

–¿Y en cuanto a la elección de un personaje?

–Me gusta cuando me proponen algo que está bien lejos de lo que hice hasta ese momento. Hay una tendencia a que, cuando algo funciona, te empiezan a proponer cosas que son apenas corridas de eso, siempre un poquito parecidas a la anterior. Entonces, quieras o no, terminás por propia voluntad, medio encasillándote en un registro. A mí me gusta mucho saltar de un lado a otro, será porque soy Mono en el horóscopo chino. Me gusta porque creo que ahí es donde uno tiene la posibilidad de aprender a cómo salir de lo anterior, a cómo ingresar en lo nuevo, de qué te vas a agarrar, con qué herramientas vas a contar.

–Y que después no digan: “Darín siempre hace de Darín”.

–Sabés que eso en la gente no lo siento. Donde lo he leído y escuchado es en algún que otro medio. Sobre todo dos o tres tipos, que vienen diciendo eso desde hace mucho tiempo. Con uno me crucé, no importa quién, pero ya es casi como una anécdota graciosa. Una vez nos cruzamos al aire, yo estaba en la calle y él en el piso, e insistía con esto de “él siempre hace de Darín”, y yo le contesté: “Puede ser, pero ¿sabés lo difícil que es hacer de mí? ¿Querés hacerlo vos?”. Y todavía lo sigue diciendo, es un dogma que persigue.

–¿Pero a veces no puede ser un poco así?

–Es que lo que sí hay es una impronta, que nos pasa a todos. Todos los actores, cuando se ven compelidos a encarar personajes de similares características, pueden experimentar una suerte de “cruce”. A mí no me cabe ninguna duda de que todos queremos que nuestro próximo personaje no se parezca al anterior, eso seguro. Pero a veces te sale y a veces no. Igualmente, a esta altura de mi vida ya me salí un poco de la presión de ese tipo de cosas. Lo que a mí me gustan son las historias. Si hay una que está buena, y que siento como espectador que funciona, me va a interesar hacerla.

–¿Qué te interesó de Lo dejamos acá, tu nueva película con Diego Peretti que va a estrenar Netflix el 16 de octubre próximo?

–Muchas cosas. Con Diego somos muy amigos, desde hace mucho tiempo, aunque no hemos trabajado tanto juntos. Hicimos una experiencia que fue muy nutritiva, en la que él fue un gran compañero, un gran acompañante de viaje. Fue cuando yo dirigí junto a Martín Hodara un guion heredado de Eduardo Mignogna (La señal, en 2007). Trabajamos codo a codo, Peretti, Hodara y yo, eso nos fraternizó. Diego es un tipo que tiene una capacidad de trabajo asombrosa.

–Me cuesta definir a Lo dejamos acá. Es una película bastante oscura sobre un psicólogo que cree tener todas las respuestas, y un paciente muy especial, víctima de un bloqueo creativo.

–Es una película distinta, te diría “rara”. Peretti y yo estamos como medio estandarizados en un punto, y Lo dejamos acá nos corre un poquito de lugar, eso me resulta muy interesante. Estoy casi seguro de que va a ser una película controversial.

–¿En qué sentido?

–A lo mejor no, es tomada como una comedia y punto. Pero es una comedia un poco áspera, porque empuja límites. Creo que puede ser controversial porque pareciera que es una crítica al psicoanálisis, pero siento que termina siendo una defensa al psicoanálisis. Muestra que todo aquel que intente alejarse de la ortodoxia del psicoanálisis empieza a caminar por una cornisa. Más que comedia es una “incomedia”, porque es incómoda (risas).

–Hubo varios momentos bisagra en tu vida. Aquel “galancito” que se esforzaba por hacer reír, el que decidió darle un giro a su carrera y aceptar personajes por fuera de la norma, y el actor más asentado que intenta mostrarse siempre diferente. ¿Qué momento estás transitando ahora?

–(Piensa). Estoy esperando poder, de verdad, hacer un personaje que se parezca a mí. O que yo me parezca al personaje. Esos que vos decís: “Este soy yo”. Porque la verdad es que yo no soy ninguno de los personajes que hice, cuando lo pienso no me veo para nada cercano. Por eso me causa gracia cuando dicen: “Hace de Darín”, porque la verdad es que yo no soy ninguno de esos.

–¿Y qué tendría que tener ese personaje?

–Necesariamente tiene que ser una historia que tenga un paralelismo con mi composición cromosómica. Me gustaría verme en esa, decirme a mí mismo: “¿Y ahora? A ver qué hacés, cancherito. ¿Cómo hacés de vos? ¿Por qué no les mostrás a estos cómo es hacer de vos?”. Y mirá que busco, leo 200.000 cosas, pero también tengo mucho lío dando vueltas. Y entre proyectos trato de descansar.

–¿No tenés ganas de parar?

–Sí tengo, pero no puedo. Lo tendría que haber pensado antes, porque ahora ya hay una productora que tiene una dinámica en funcionamiento en la que tenés que activar todo el tiempo. Si no fuera por mis socios, estaría metido en un lío mayor.

–¿Pero estás disfrutando este momento de tu vida o no?

–Mucho, me gusta el trabajo. Hoy le decía a Flor, mi mujer: “Qué privilegiados que somos”. Estamos acá en San Sebastián, nos reciben como príncipes, la gente nos quiere, nos besa, nos abraza por la calle. Te dicen cosas hermosas. Qué vida hemos construido juntos. Porque ella pareciera que no tiene nada que ver, pero está al lado mío, me aconseja, me tira ideas todo el tiempo. En este mundo tan ruin, tan injusto, tan guacho y tan perverso, tener la suerte de poder tener un oficio como este, que además te genere tanta adrenalina y tanto cariño, es mucho.

–A pesar de ser hoy un oficio tan castigado...

–Ni hablar, pero hay algo raro que pasa con nosotros, los argentinos. De alguna manera, todo esto que está pasando a nivel administrativo con el ataque a la cultura y al arte, en algún lugar el argentino lo siente. Y los que pueden, lo convierten en un acto de resistencia: “¿Sabés qué? Voy a ir al teatro”. Si no, no se entiende por qué hay tantas obras que funcionan, en el circuito comercial y en el off. La situación económica es “muy delicada”, por decirlo de una manera amable... Creo que hay una conciencia recóndita de resistencia. Por eso salimos de una crisis y entramos en otra, pero nunca terminan con nosotros. Aunque sí, nos vendría muy bien tener una época de bonanza, pero general. Porque ahora, lo que estamos pensando es: “¿Cuál va a ser el próximo orden de prioridades?” Vienen machacando con la economía, está bien, pero lo que viene, ¿qué va a ser? Creo que estamos viviendo un nuevo momento bisagra para el país.

–¿Sos tan feliz como creés que te merecés?

–Sé que estoy muy contento, dentro de los parámetros en los que, como argentino, hoy se puede estar contento. Pero por sobre todas las cosas: tengo un nieto… ¿Un nieto yo, que soy una laucha manicera? Un bebé que es el hijo de mi hijo, que me mira y se ríe. Hablamos de lo que es “mucho”; bueno, eso sí es mucho de verdad. ¿Cómo no voy a estar contento?

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/ricardo-darin-su-nueva-y-rara-pelicula-el-personaje-que-le-falta-interpretar-y-por-que-cree-que-el-nid23092026/

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