Rubén Rézola cantó con los Palmeras, ganó el oro en los Juegos Suramericanos, hizo un pedido especial... y ahora se va a trabajar al taller mecánico
SANTA FE.- De los 658 atletas que compusieron la delegación argentina para estos Juegos Suramericanos 2026, probablemente muy pocos hayan sentido el sabor especial del que habla Rubén Voisard Ré...
SANTA FE.- De los 658 atletas que compusieron la delegación argentina para estos Juegos Suramericanos 2026, probablemente muy pocos hayan sentido el sabor especial del que habla Rubén Voisard Rézola, a quien le tocó competir en un escenario que conoce como pocos, la Laguna Setúbal de Santa Fe. Rubén, que nació en el barrio Alfonso de esta ciudad capital en el seno de una familia de muy bajos recursos, recorrió el mundo con su kayak y tras más de 20 años integrando equipos nacionales, este jueves vivió su propia película. Con el puente colgante y un impecable atardecer componiendo el fondo, el “más local que nadie” se quedó con la medalla dorada en el K4 500 metros masculino junto a Agustín Vernice, Vicente Vergaugen y Gonzalo Carreras.
Si bien el K4 no es su prueba estrella, ya que a lo largo de sus dos décadas de recorrido se desatacó, sobre todo, en el K1 y K2 200 metros, asumió en en éste su única presentación en estos Juegos. Entonces, el finalista olímpico de Londres 2012 junto a Miguel Correa (5° puesto, histórico para el canotaje argentino) y campeón panamericano en Toronto 2015 con Ezequiel Di Giácomo, disfrutó a lo grande. Medios, público, familia y amigos... Todos lo querían a él.
“¡Dale, Gordo, qué hablás Gordo, vos no tenés amigos!“, le gritaban justamente esos compañeros de la vida, a pura risotada detrás de las luces de las cámaras. El apodo, que tiene de chico, a él jamás de hizo mella de nada. Fue tres veces olímpico, finalista mundial y obtuvo títulos sudamericanos y panamericanos, entre tanto. “Esto lo pongo entre lo más alto de mi carrera, estoy feliz”.
“La verdad que estoy muy contento, primero por haber tenido la posibilidad de llevar la bandera argentina en el Monumento a la Bandera (fue el abanderado de la delegación en la Ceremonia de Apertura de Rosario) frente a toda una provincia y un país, fue un orgullo enorme. Después, acá nuestra medalla se hizo esperar (el jueves hubo suspensión por viento), era mi única prueba y no había manera de fallar. Es un orgullo competir en esta ciudad y con mi gente”, dijo Voisard Rézola.
Sin embargo, el palista de 35 años, hizo hincapié en una necesidad más: “Estoy agradecido por lo que la ciudad y la provincia han aportado a nuestro deporte, lo único que nos queda es poder contar con un pozo de 2.000 metros, una pista y la infraestructura en torno a eso para que podamos seguir creciendo. Creo que se puede, para poder alojar a otros países”, remarcó. Y explicó que esas características evitarían lo que sucedió el jueves, cuando el viento (y los camalotes) condicionaron las corrientes. La jornada fue extensa y desgastante para todos los competidores que desde la mañana sufrieron postergaciones y finalmente la cancelación sin poder salir al agua.
View this post on Instagram“Antes de salir a hacer nuestra prueba (ya este viernes) había muchas olas, por suerte después se calmó. Pero eso justamente lo hace difícil porque en este escenario hay mucha correntada, no había un largador automático y se hacía un poco dura la partida. Por suerte salimos bien y pudimos manejar la carrera”, explicó el santafesino, quien celebró que el canotaje haya sumado cuatro medallas (sobre cuatro pruebas) en esta jornada, con tres oros y un bronce. “Vamos a pelear por que Argentina quede en el segundo puesto del medallero, que sería histórico. Nuestro deporte siempre aportó grandes resultados y ojalá eso se vea reflejado”.
Rubén Voisard Rézola, que se había intentado retirar pero volvió el año pasado, dijo que “ahora se vienen mis vacaciones, necesito dormir, descansar”, y develó dónde pondrá el foco, en su otra gran pasión: “Voy a volver a trabajar en mi taller que lo dejé un poco de lado. A mí me gustan mucho los motores, así que me entretengo un poco con eso que me relaja la mente. Si bien es una responsabilidad también es mi momento de juego”. Ese gusto viene de los orígenes, la casa de sus abuelos, la de sus primeros años. Su abuelo era mecánico, por lo que Rubén se crio con un taller en el lugar donde vivía. Hizo cursos de mecánica de puro gusto y ama los autos de alta gama, aunque para tener uno sabe que al menos debería “ganar el Quini”.
El taller también es su medio de sustento: “Este año fue un poco duro de sostener, sobre todo, como hablan todos los deportistas, a nivel económico es muy difícil y yo tengo una nena de tres años”. Pero también destacó a sus sponsors personales: “Rubén, vos volvé que nosotros te bancamos´, me dijeron”.
View this post on InstagramDe este retorno a la selección, que terminó configurando una embarcación “nueva”, con todos nombres de peso para ir en busca de la medalla dorada, el abanderado argentino, contó: “Yo sabía que el trabajo iba a ser duro y que no tenía mi lugar asegurado, porque yo volví justo hace un año a competir y en marzo se hizo el selectivo nacional, para el que tenía muy pocos meses de preparación y había que clasificar. Pero el entrenador vio algo en mí, seguramente mi experiencia, que sabía que iba a poder aportar y mejorar. Hacia fin de año pudimos sacar la mejor embarcación y eso dio sus frutos”.
Ya en el momento de la premiación, del podio y de los himnos, Rubén vivió su emoción total cuando desde arriba del escenario vio en primera fila a su mamá Miriam, figura central en su historia. Esa mujer, que lo crio prácticamente sola, como a sus dos hermanos, y fue la que lo acompañó desde el primer día en el que lo llevó a El Quillá tenía una remera que lucía orgullosa: “Rubén Vosaird Rézola”, con una foto enorme de él en competencia. En la mano izquierda, enroscada entre los dedos, la bandera argentina y en la otra el celular, captando los momentos de su hijo. “Ahí viene, ahí viene papá”, le decía a la nena de tres años que la secundaba, su nieta Clara, la hija de Rubén. Esa nena cerró la noche arriba del escenario con el hombre que unos instantes antes le tiraba besos. Con la mascota en la mano, jugando con la medalla.
Y con la música de Los Palmeras de fondo... ¡Ah! Justo a él, que en estos días, después de que participara del Fan Fest y se animara a cantar con Cacho Deicas, el ex-líder de la gran banda de cumbia santafesina, lo apodaron Cachito.
View this post on Instagram-Tus compañeros del equipo no paran de subirte a redes llamándote Cachito, ¿será que la “rompiste en el Fan Fest?
-(Risas) Bueno, mi segundo nombre es Oscar... Me lo puso mi mamá. Así que ahora los chicos me dicen Cachito... Y bueno, para mí es un placer estar acá. Mirá, mirá, están todos mis amigos ahí...
Bien santafesino todo. Bien de la casa.