Saldaño-Cachazú: el último duelo criollo de dos guapos del ring
La guapeza de ambos fue distintiva en un boxeo viril y pasional que los abrazó durante más de veinte años, en las décadas del 60, 70 y 80. Sus batas de pelea eran clásicas y elegantes, variaba...
La guapeza de ambos fue distintiva en un boxeo viril y pasional que los abrazó durante más de veinte años, en las décadas del 60, 70 y 80. Sus batas de pelea eran clásicas y elegantes, variaban entre el raso y la seda en composé con el pantalón blanco de uno (el campeón) y el azul del otro (aspirante al título argentino, que jamás pudo conquistar). Sus rostros brillaban por la vaselina en pasta que los recubría y sus ojos sólo se enfocaban en traspasar telescópicamente el alma del adversario.
De un lado, Abel Cachazú, símbolo de la pujanza del Lanús peronista de Manolo Quindimil; del otro, Horacio Agustín Saldaño, “La pantera tucumana”; ambos componían el producto máximo de los miércoles de Entre las Sogas en Canal 13. Dos peleadores titánicos y célebres del pugilismo nacional. Comparables con los gallardos cuchilleros más briosos de los tangos de Staffolani, Canaro y Aznar como “El tigre Millán” y “Ventarrón”.
Pelearon tres veces entre 1969 y 1973: dos empates y una victoria de Saldaño. Con un Luna Park siempre con entradas agotadas. Cada vez que combatieron abrieron una polémica absoluta sobre el sentido y filosofía del fallo de esos cotejos. Fueron tapa de las revistas El Gráfico y Goles, demorando, además, el cierre de todos los diarios que se disputaban su mejor foto para poner en la portada dominical. Fueron tres batallas en épocas de clásicos y de una irrepetible legión pesos welters (66.678 kg): Ramón La Cruz, Miguel Ángel Campanino, Mario Guilloti, Esteban Osuna y Anibal Di Lella, entre otros, que prestigiaban la militancia en los medio medianos.
¿Quién era Cachazú?Abelardo Albino Caccaguí nació el 26 de octubre de 1940 en Capital Federal. Su apellido original no producía un efecto atractivo para este oficio, por lo que decidió cambiarlo a Cachazú. Debutó como profesional en 1963 y desde entonces mantuvo asistencia perfecta al entrenamiento diario del gimnasio Luna Park y a la cuadrilla de Luz y Fuerza que integró hasta el día de su jubilación como planta permanente. Asistía a las practicas con sus guantes grandes, sus vendas y su soga; uniformado con la ropa Ombú celeste que identificaba a los representantes del sistema eléctrico de Capital y provincia.
Su sombra negra fue Ramón La Cruz, quien lo noqueó tres veces entre 1963 y 1968. Hasta que en 1971 logró destronarlo después de mucho batallar. Peleó con todos, incluso dos veces con Nicolino Locche, de quien fue admirador y amigo.
Era un pelador de estilo, que conocía los secretos del ring, y sin tener pegada de KO sus combinaciones imponían respeto. Aguantaba y nunca se daba por vencido.
Fue militante del peronismo de Perón y uno de los deportistas elegidos para viajar con él en su regreso al país, tras su exilio, en 1973. Al respecto, en 2015, nos dijo: “Aquel vuelo fue único; el General me abrazó expresándome que había logrado el titulo después de tanto sacrificio. Recuerdo que durante aquel vuelo al ingresar a los parámetros aéreos argentinos el padre Carlos Mugica, efusivamente, dijo refiriéndose a Perón: “Macho, lo lograste. Otra vez en el país”.
El perfil de SaldañoNació el 17 de octubre de 1947 en San Miguel de Tucumán. Debutó como profesional en 1965 y luego de tres victorias categóricas en los festivales de días miércoles del Luna Park, en 1968, cautivó a los aficionados de Buenos Aires como pocas veces se vio. Hablaba simple y despacio. Lucía un flequillo de conscripto llamativo para la prensa. Llegó a Capital viajando casi 20 horas en aquellos trenes de asiento de madera del ferrocarril Mitre junto a su técnico, René Castro. En sus memorias, nos dijo: “A mí no me gustaba el boxeo. Y lo hice por pedido de mi padre. De haber tenido posibilidad de elegir una carrera universitaria hubiese hecho otra cosa.”
Hasta llegar a las peleas con Cachazú, su carrera destacó un prolongado invicto de 51 peleas. Ramón La Cruz, lo batió el 3 de julio de 1971 en el Luna Park y quebró su imbatibilidad. Destacaba empates con grandes como Jaime Giné y Everaldo Costa Acevedo y conmovió al país cuando noqueó al mismísimo Ramón La Cruz, en dos rounds, en 1972.
Gran contador de anécdotas. Sus combates en el club Defensores de Villa Luján agotaban todas las entradas, pero a la hora de la liquidación del dinero los ingresos eran exiguos. El promotor Ramón Rotella le decía: “Muchos menores y entradas de favor”; Horacio replicaba: “En mis peleas, los hijos y los nietos invitan y pagan las entradas a los mayores. ¡Por favor!”
Siempre risueño, educado y de buen humor, evoca su relación con el gran Luis Federico Thompson –uno de los 10 mejores púgiles de nuestro país-, quien lo entrenó en sus primeros pasos en Buenos Aires. “Thompson me cuidaba de un modo muy especial. Íbamos a cenar y pedía dos pingüinos de vino advirtiéndole al mozo: un litro del caro y otro del económico. ¡El bueno es para vos Horacio… Siempre hay que cuidar al boxeador!”.
Trilogía inolvidableLos tres combates se reflejaron en LA NACION con cobertura fotográfica al borde del ring y con Emilio Feres como cronista. Extraemos lo mejor de sus comentarios.
20–12–1969: gana Saldaño por puntos en 10 rounds. En LA NACION se refleja lo siguiente: “Un balance de diez rounds que no dejó dudas sobre la legitimidad de la victoria de Saldaño, pero no deben mezquinarse los elogios para Cachazú. Ya no caben para Saldaño escalas de promoción sino todo lo contrario. Mucho antes que ser un fuerte destructor de sus rivales, el ganador mostró algo más importante en su carrera: ser un buen boxeador.
14–10–1972: empate en 10 asaltos. “Emocionante comienzo con sostenido ritmo. Saldaño, pasados los 2 minutos, colocó una fuerte derecha que derribó al campeón (Cachazú no expuso la corona), quien escuchó la cuenta de protección; pretendió ir al ataque y nuevamente lo sorprendió Saldaño con una fortísima derecha y volvió a caer. Cachazú, lejos de trabar o eludir la lucha, intentó cambiar golpes y así logró mantenerse en pie. Pasado el mal momento, se recuperó. El último round fue con un ritmo notable. En distintos pasajes los dos estuvieron groggy. El final los encontró intercambiando golpes, sangrantes y fatigados. El empate fue el fiel reflejo de lo que ocurrió.
(17 – 11-1973). Empate en 12 rounds y Cachazú retiene el titulo argentino Welter. “El trajín provocó mucho cansancio en ambos. Así y todo la lucha continuó con ritmo intenso. Cachazú aceptó siempre la pelea franca. En el décimo asalto, fue llevado por delante por el empuje de Saldaño y casi pasó entre las cuerdas; estaba muy sentido, pero alcanzó a colocar un contragolpe que frenó a Saldaño. Ese fue el principio de la recuperación de Cachazú, que le valió dominar el ring y a su rival en el siguiente round. Pudo servirle para descontar algún punto, pero aún había ventajas para Saldaño, quien replicó con dureza durante el round final cuando Cachazú intentó insistir con su boxeo vistoso”.
El último tiempoNos vimos por última vez con Cachazú en 2005, en su barrio de Quilmes. No volvió a pelear después del útimo duelo con Saldaño y se retiró con el cinturón en su poder. Su campaña: 48 triunfos (26 por KO), 16 derrotas, 13 empates y un match sin decisión.
Orgulloso por el crecimiento de su remisería “El campeón”, administrada por sus hijos, y por la flota de autos familiares que indicaba el crecimiento de su empresa. Estaba muy triste por la muerte de su esposa, su compañera de toda la vida, que lentamente lo llevó a la muerte el 12 de septiembre de 2019 a los 78 años.
Era muy común ver a un mendigo en los semáforos del barrio de Almagro pidiendo limosna bajo la proclama: “Soy Abel Cachazú, fui un famoso boxeador”. Un día, el verdadero campeón se enteró de la existencia de este impostor y sólo dijo: “Dejen al pobre hombre tranquilo, si así se gana la vida...”.
El reposo del guerreroSaldaño cumplirá 79 años el mes próximo. Tiene 7 hijos; Carolina y Poldy, fueron boxeadoras. Vive en el barrio de Flores. Jubilado del Congreso de la Nación y sin sobresaltos. Su campaña registró 94 combates, con 66 éxitos (38 KO), 12 traspiés, 15 empates y uno sin decisión. Su voz cascada de boxeador de antaño no le impide crear, permanentemente, situaciones risueñas y optimistas.
En 1974, con un hombro dislocado, se enfrentó por el título mundial con José Mantequilla Nápoles; fue derrota en México. Protagonizó ante Tito Yanni la pelea más feroz de la historia del Luna Park, perdiendo por abandono, el 15 de marzo de 1980; ocho meses mas tarde se desquitó noqueándolo en el tradicional estadio. Se retiró tras perder con Uby Sacco, el 8 de octubre de 1983. Tenía casi 36 años y su rival sólo 28. Con una particularidad: en su juventud, Horacio llevaba al circo al pequeño Uby, con el consentimiento de sus padres.
ConclusiónEl boxeo viró en el siglo XXI. El Luna Park esta cerrado en estos tiempos y nadie sabe cuándo reabrirá sus puertas. Los youtubers de millones de seguidores boxean y hablan tal si fuesen Joe Louis o Rocky Marciano. La paga con tarjetas de crédito en distintas aplicaciones digitales para ver buenas peleas es regla de juego. Pasaron más de cincuenta años desde que estos hombres de carne y hueso, con guantes de 6 y 7 onzas, con “relleno” de crin de caballo, dejaban todo sobre el ring. Destreza, técnica y honor de un deporte de guapos que inmortalizó a Saldaño y Cachazú.