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Spreen: el streamer que rompió el récord Guinness con su marca de alfajores y sueña con viajar al espacio

Hace videos desde los 12 años, pero durante mucho tiempo creyó que no conseguiría convertir aquella pasión en una profesión. A los 18, después de alcanzar los 100.000 suscriptores sin obtener...

Hace videos desde los 12 años, pero durante mucho tiempo creyó que no conseguiría convertir aquella pasión en una profesión. A los 18, después de alcanzar los 100.000 suscriptores sin obtener ingresos suficientes para mantenerse, Iván Buhajeruk -conocido como Spreen- decidió relegar su canal y comenzó a estudiar Diseño Industrial. La cuarentena, sin embargo, alteró el rumbo de su historia: encerrado en su casa y con años de experiencia acumulada frente a la computadora, encontró el momento indicado para volver a intentarlo.

En 2023 llegó a convertirse, durante un mes, en el streamer más visto del mundo, por encima de figuras como Ibai Llanos y varios de los creadores estadounidenses que dominaban las plataformas. Hoy, lejos de aquel adolescente que editaba los videos de los actos escolares, encabeza una estructura profesional integrada por productores, editores, diseñadores gráficos y especialistas digitales. Además, hace pocos meses lanzó su propia marca de alfajores, Giga, y el 6 de septiembre hizo historia en Buenos Aires al romper el récord Guinness del alfajor más grande del mundo. En diálogo con LA NACION, Spreen cuenta su historia.

—En 2023 llegaste a ser el streamer más visto del mundo. ¿Cómo cambió el público desde aquel momento?

—La cuarentena produjo un efecto muy grande en el streaming, pero después también hubo un rebote. La gente se hartó de estar encerrada mirando una pantalla y empezó a consumir menos. Hoy el público elige mucho más lo que ve. Ya no mira simplemente porque está en su casa y no tiene otra cosa para hacer. Hay una oferta infinita entre los streams, las redes y plataformas como Netflix o Amazon. Para conseguir que alguien decida sentarse una tarde a verte, tenés que generar algo que realmente le llame la atención.

—¿Cómo pensás tus contenidos? ¿Todavía te guiás por la intuición?

—Al principio fue completamente intuitivo. Hoy existe un sistema mucho más grande para producir los videos y los eventos, pero trato de no perder esa inocencia de decir: “Se me ocurrió esta idea, voy a hacerla y ya está”. A veces no me fijo si alguien hizo algo parecido: lo hago a mi manera y veo qué sucede. Pensar demasiado también puede quitarle frescura al contenido.

—¿Cuántas personas trabajan actualmente con vos?

—Alrededor de veinte personas son las que están activamente dedicadas a mi contenido. Tengo un equipo presencial que ayuda a producir eventos y otro digital, que trabaja en proyectos vinculados con juegos. También están los editores, los diseñadores de miniaturas y los diseñadores gráficos. Es una estructura muy grande y, además, se expande de acuerdo con cada proyecto: a veces necesitamos programadores, desarrolladores o personas que armen mapas para algún juego.

—¿Tus padres participan de ese proyecto?

—Sí. Mi papá me ayuda muchísimo. Confío plenamente en él y también tiene experiencia para asesorarme con las inversiones y con el manejo de mi dinero. Hablamos mucho para que yo también sepa qué está haciendo y qué posibilidades tenemos. Al principio mis padres no entendían demasiado, pensaban que estaba jugando a ser Rubius. Empezaron a interesarse cuando vieron resultados y entendieron que esto realmente podía convertirse en mi futuro.

—En ese momento estabas estudiando Diseño Industrial. ¿Por qué abandonaste la carrera?

—Había cursado dos años. Cuando comenzó la cuarentena decidí que tenía que aprovechar el momento que atravesaba el streaming. Pensaba: “No sé si me va a ir bien o mal, pero ahora está funcionando. La facultad puedo retomarla el año que viene”. Después me empezó a ir muy bien y nunca volví, aunque averigüé para estudiar en la UCA y también vi otras carreras.

—¿Te sirvió algo de aquella formación para tu trabajo actual?

—Muchísimo. Un profesor nos dijo: “A partir de ahora son diseñadores industriales y tienen que observar todo como diseñadores industriales”. Teníamos que mirar un vaso y pensar cómo había sido creado, cuáles eran sus procesos. Yo pensé: “¿Por qué no puedo hacer esto con los videos?”. Empecé a mirar todo como si ya fuera un creador de contenido consolidado. De pronto, todo lo que veía podía transformarse en una idea. Hay que estar abierto a recibirlas, sin estar desesperadamente buscándolas.

—Decidiste irte de la casa de tus padres cuando tenías 19 años.

—Vivíamos en Santo Tomé, cerca de un campo, y no llegaba una conexión de Internet que me permitiera hacer streaming. En mi casa no me faltaba nada y mi mamá no entendía por qué quería mudarme. Le explicaba que necesitaba fibra óptica para intentar dedicarme a esto. Finalmente ahorré durante unos meses, calculé que podía mantenerme solo durante cinco meses y les dije que iba a hacerlo de todas maneras. Cuando me mudé, empecé a tomar decisiones que desde la casa de mis padres no me animaba a tomar.

—¿Qué pensás que tuviste vos para destacarte entre tantos streamers?

—No sé cuál es mi diferencia. Creo que hubo suerte: estar en el momento indicado, con los conocimientos y la experiencia necesarios. Haber hecho videos desde los 12 hasta los 18 me preparó para aprovechar la cuarentena. Fue suerte acompañada por una pasión y por muchos años de trabajo. Podés ser el mejor del mundo haciendo algo, pero, si no tenés un poco de suerte, es muy difícil.

—En 2024 protagonizaste una enorme polémica cuando ingresaste como titular en Deportivo Riestra y jugaste menos de un minuto. ¿Cómo viviste aquella repercusión?

—Yo sabía que iba a provocar una reacción porque se trataba de una acción publicitaria pensada para llamar la atención. Entiendo que algunas personas lo hayan considerado una falta de respeto y estoy de acuerdo con parte de las críticas. Lo que sucedió fue que, como al principio no se sabía exactamente qué iba a pasar, muchos creyeron que yo seguiría jugando o que le había quitado el lugar a un futbolista. Pero fue una sola vez, durante un minuto, y no le saqué el puesto a nadie.

—También intervino Lionel Scaloni y sostuvo que el episodio había sido una falta de respeto para quienes luchan por llegar a Primera...

—Entiendo perfectamente esa mirada. Lo que siempre digo es que yo no cumplí el sueño de ese chico que se esfuerza para convertirse en futbolista. Quien trabaja para llegar a Primera no sueña con entrar un minuto, salir y no jugar nunca más: sueña con desarrollar una carrera y vivir de eso. Lo mío fue algo externo al deporte, una publicidad. Como creador, me sirvió para llegar a personas que no me conocían, especialmente a un público más grande.

—¿El “hate” sirve?

—Sí, puede servir, siempre que vos sientas que lo que hiciste no es realmente malo. No tengo problemas en escuchar críticas u opiniones diferentes. Otra cosa sería cometer algo que yo mismo considero incorrecto y recibir críticas por eso. En este caso, por cómo lo experimenté, sé que fue una acción publicitaria para generar impacto.

—¿Hay propuestas económicas que rechazás?

—Sí. Aparecen productos o juegos que ofrecen mucho dinero, pero que no me gustan, y no los acepto. Siempre les digo a quienes me siguen que, si me ven promocionando algo, es porque me interesa. Ahora tengo el privilegio de poder elegir, aunque incluso antes trataba de mantener ese criterio.

—¿Es verdad que querías viajar al espacio?

—Sí. Lo había averiguado incluso antes del viaje de Katy Perry. Hay empresas privadas que organizan vuelos turísticos y estuve buscando marcas que quisieran acompañar el proyecto. Entiendo que no se animen porque existe un riesgo y ninguna quiere quedar asociada a una eventual catástrofe. Pero yo lo haría. La experiencia de ir al espacio me parece una locura.

—¿Cómo observás a los medios tradicionales?

—Durante un tiempo los veía oxidados, pero creo que se actualizaron mucho. En la Argentina demoraron en llegar al mundo digital, aunque hoy la mayoría ya está bastante adaptada. Los medios son importantes para potenciar ideas y proyectos. Incluso me interesé por el tema, investigué y leí bastante. Creo que los medios tradicionales y los creadores podemos complementarnos.

—¿Sentís que un streaming también es un medio de comunicación?

—Sé que el mío lo es, pero trato de no ser demasiado consciente porque si pensara permanentemente que me están viendo entre 15.000 y 20.000 personas en vivo, me quedaría quieto, buscando las palabras exactas, y perdería espontaneidad. Mi stream es entretenimiento: estoy en mi casa, hablando durante muchas horas como si estuviera con amigos. No doy noticias ni intento expresar una mirada profesional. Si hablo sobre una noticia, lo hago desde un punto de vista absolutamente personal.

—¿Eso te exime de responsabilidad por lo que decís?

—Entiendo que existe una responsabilidad y que cuanto más público tenés, mayor es tu capacidad de influencia. Pero también creo que no se debe interpretar como una opinión profesional todo lo que dice alguien que se dedica al entretenimiento. Después de diez horas hablando sin parar, probablemente alguna tontería se me escape. Mientras no sea algo que lastime a alguien o ejerza una influencia negativa, forma parte de esa espontaneidad.

—La muerte de Gaspi te afectó profundamente. ¿Cómo atravesaste ese momento?

—Me golpeó de una manera que nunca había experimentado. Nunca había perdido a alguien tan cercano, de mi edad y que hiciera algo parecido a lo que hago yo. Durante una semana no pude prender el stream porque sabía que me iban a preguntar y no iba a poder sobrellevarlo. Mi equipo y mis amigos me hicieron entender que, sin importar cuándo volviera, iba a tener que enfrentarlo. Decidí hablar para rendirle el respeto que merecía y compartir el dolor con la gente.

—¿Te quedaron cosas pendientes con él?

—Muchísimas, como a la mayoría de quienes lo conocíamos. Todos queríamos hacer algo con Gaspi. Era muy buena persona y tenía una mirada muy artística sobre la creación de contenido. Cuando alguien hacía algo interesante, se acercaba y se lo decía. Después de su muerte aparecieron muchos mensajes suyos valorando el trabajo de otros creadores. Había participado hacía poco en uno de mis eventos de ping-pong y habíamos hablado de que probablemente estaría también en el siguiente.

—¿Su muerte modificó tu manera de vivir?

—Sí. Me asustó. La muerte era algo muy lejano para mí y, después de perder a alguien cercano de mi edad, empecé a tenerla más presente. Ahora me hago más chequeos y, si me duele algo, enseguida me preocupo. Pero intento encontrar un equilibrio. Hay cosas que uno tiene que hacer a pesar del miedo, porque, de lo contrario, no saldría nunca de su casa. Por eso todavía me animaría a viajar al espacio.

—Vas a participar de Generación, un encuentro que reunirá a creadores, streamers y medios tradicionales. ¿Qué expectativas tenés?

—Me genera mucha curiosidad porque cuando era chico fui como público a espectáculos de creadores de contenido y ahora voy a estar del otro lado. Además, vendrán al país muchos amigos que viven afuera y que desde hace tiempo prometían venir. Todavía estamos evaluando qué vamos a hacer en el escenario: hay muchísimas ideas, algunas difíciles de concretar, pero prefiero que sobren. Si algo resulta imposible, tenemos alternativas.

—¿Cómo te presentarías ante los padres de los chicos que te siguen?

—Como un creador de contenido multifuncional. Hago muchas cosas, pero siempre elijo proyectos que me apasionan. Cuando algo me gusta, intento hacerlo de la mejor manera posible.

—¿Spreen es un personaje diferente de Iván?

—No existe un alter ego permanente. Puede aparecer al principio, pero no podría fingir durante tantas horas porque sería agotador. Quizás durante la primera hora del stream soy más Spreen. Después de tres horas, termino siendo completamente Iván, liberado y diciendo cualquier cosa.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/spreen-el-streamer-que-rompio-el-record-guinness-con-su-marca-de-alfajores-y-suena-con-viajar-al-nid29092026/

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