Generales Escuchar artículo

Vive aislado en el campo y un ave negra “con galera” le lleva sus cheques... el misterioso regreso de Tom Waits

“Prefiero una mentira hermosa a una verdad fea. Al menos la mentira tiene estilo”. Tom Waits no es ninguna mentira hermosa, pero sí tiene mucho estilo, tanto en lo artístico y estético como ...

“Prefiero una mentira hermosa a una verdad fea. Al menos la mentira tiene estilo”. Tom Waits no es ninguna mentira hermosa, pero sí tiene mucho estilo, tanto en lo artístico y estético como en su elección de vida hermética, misteriosa y ermitaña.

Dicen que permanece aislado en un rancho del condado de Sonoma rodeado de gallinas, algunas vacas, caballos y maquinaria agrícola oxidada. Dicen que su mujer, Kathleen Brennan, lo mantiene en una especie de cautiverio para que no vuelva a sus años de copas y admiración por Charles Bukowski. Dicen que exige que sus cheques de regalías los entregue un cuervo llamado Lloyd que usa un pequeño sombrero de copa. Dicen que Waits y Brennan son donantes muy activos pero estrictamente anónimos en causas de derechos civiles. Dicen que dicen...

“Lo que no saben de mí es lo que me mantiene a salvo”, aclaró en Innocent When You Dream, una recopilación de entrevistas con datos y anécdotas rigurosamente inciertas que Waits concedió a lo largo de 30 años y que es casi el único libro que existe sobre su vida.

El otro libro, y quizá más jugoso, es Lowside of the Road: A Life of Tom Waits, del periodista Barney Hoskyns, una biografía no autorizada al punto que, según dicen —otra vez “dicen”—, el músico y actor se encargó de llamar personalmente a todos sus conocidos para que no hablaran con Hoskyns. Obligado por la situación, el autor tuvo que investigar más de lo que pensaba —y de la cuenta— y logró hallazgos muy interesantes sobre Waits y sus años de mariposa de la noche por los bares de Los Ángeles, su estadía menos tortuosa de lo que contó siempre en el Hotel Tropicana —un antro mítico— y sus orígenes de clase media antes de irrumpir oficialmente en la música con Closing Time, su primer disco de 1973.

A los 76 años, el menos ortodoxo de los crooners de la canción americana planea distintas apariciones este año, sobre todo en su faceta actoral, pero también en lo musical. Aunque no hay indicios de un disco nuevo —el último fue Bad as Me, hace 15 años— acaba de sacar un tema original en colaboración con el grupo británico Massive Attack. “Boots on the Ground” sorprendió a todos, porque básicamente es una pieza de corte waitsiano que alentó las especulaciones sobre un larga duración. El año pasado el director de culto y amigo de Waits, Jim Jarmusch, presentó en Venecia su película Father Mother Sister Brother —disponible en algunas salas de la Argentina— que lo tiene a Waits como protagonista. El film ganó el festival europeo y, hay que decirlo, la intervención de Waits en el primer capítulo de la película es magistral. Para lo que resta de 2026, su nombre aparece relacionado con varios proyectos: la película Wild Horse Nine, bajo la dirección de Martin McDonagh; Ray Gunn, un film de animación noir donde pone su voz, y Wildwood, otra incursión en el cine de animación.

Al mismo tiempo está prevista la edición de un disco con versiones de sus temas del que participan Bruce Springsteen, con “Jersey Girl”; Robert Plant & Alison Krauss, haciendo “Trampled Rose”; The Ramones, con su icónica “I Don’t Want To Grow Up”; Johnny Cash (“Down There By The Train”) y Norah Jones, en la interpretación de “The Long Way Home”, entre muchos otros. El disco no solo muestra la amplitud y la envergadura de los artistas que admiran a Waits, sino que fue curado especialmente por Kathleen y Tom. El título del álbum sería Where The Willow And The Dogwood Grow y su lanzamiento llegaría en mayo próximo.

También hay en gatera un lado B de la sociedad con Massive Attack que, según difundió Waits, es un recitado (spoken word) sobre los atributos de un insecto poco apreciado por el hombre. “La locura del hombre es un festín para las moscas. Por eso, la cara B del próximo sencillo de Massive Attack, ”The Fly", incluye mi aprecio por este insecto alado”, expresó el músico.

“Escribir canciones es como atrapar pájaros sin matarlos. A veces solo te quedás con un montón de plumas en la mano”. Waits sabe de lo que habla. En su extensa carrera transitó por distintos periodos. El más radical y rupturista fue la transición entre los años 70 y 80. En esos tiempos comenzó a consolidar su relación con Kathleen que no solo fue su musa, sino también su salvadora profesional y personal. Ella lo alejó del alcoholismo autodestructivo y de la influencia de sellos discográficos que querían mantenerlo como un cantante de piano bar más o menos pintoresco y borrachín. También lo introdujo en la noción de nuevas músicas más experimentales (como el grupo de rock Captain Beefheart) que inspiró luego la trilogía maestra: Swordfishtrombones (1983), Rain Dogs (1985) y Franks Wild Years (1987).

La imagen de Waits consiguió una densidad estilística y artística tan potente que directores de cine como Francis Ford Coppola lo tentaron para entrar en el séptimo arte. Incluso suele mencionarse que Waits contaba con la autorización del gran director para improvisar en sus diálogos y llegó a tocar en la boda de su hija Sofia Coppola. Bajo la dirección de Coppola participó en Golpe al corazón (1982), Los marginados (1983), La ley de la calle (1983), The Cotton Club (1984) y su papel más famoso como Renfield en Drácula (1992).

Otro de los directores fascinados con Waits es Jarmusch. El genial director de culto dijo varias veces que no le pide a Waits que actúe, sino que simplemente “esté allí”. Así lo tuvo en Bajo el peso de la ley (1986), Mystery Train (1989), Café y cigarrillos (2003), Los muertos no mueren (2019) y la última, Father Mother Sister Brother, con la que se alzó con el León de Oro en Venecia.

Terry Gilliam, Robert Altman, Paul Thomas Anderson (en Licorice Pizza), los hermanos Coen y hasta Sylvester Stallone, que le dio su primer papel en Paradise Alley (1978), buscaron en Waits un tipo de personaje paradojal. En total participó en más de 40 películas.

Mientras más se hacía notar como actor, más empezaba a desaparecer de la vida social, recitales y otras actividades. La existencia de Waits empezó a convertirse en un misterio siempre bajo el cálculo de su protectora y guardiana, Kathleen. Para alimentar aún más esa representación tan extraña como alucinante, en 1992 editó el disco Bone Machine, un artefacto sonoro que rompe completamente con su pasado de cantautor al piano y donde aparecen percusiones industriales, instrumentos extraños y caseros, y una voz totalmente sucia y desquiciada. Compone un personaje que nadie sabe cuánto tiene de real o de fantasía, o dónde empieza uno (el personaje) y termina el otro (el Tom real).

Sus circunstanciales apariciones podrían definirse como inusitadas. Sus shows ya casi no existen. Apenas si participa de programas de entrevistas —era uno de los partenaires preferidos de David Letterman— donde Waits suele desplegar todo su talento para contar historias ficticias. Su imagen atravesada por la melopea y el ingenio lo convirtió en alguien magnético, inteligente e incisivo para el gran público.

“No soy un borracho, solo tengo un problema con la sed”, fue una de sus frases más famosas de su época de perdedor romántico en los años 70. “Nunca conocí un bar que no me gustara. Es como una iglesia para personas que no quieren ir a la iglesia”, dijo alguna vez en una entrevista. En su catálogo de expresiones acuñadas en callejones secretos, estaños de mala muerte y naturaleza salvaje, el tema de los sueños aparece de manera recurrente. Como la traducción del título de su canción: “somos inocentes cuando soñamos”. También la búsqueda de la honestidad humana por fuera del sistema de intercambios de intereses: “Siempre me han atraído los personajes que están un poco fuera de lugar, los que viven en los márgenes. Hay más verdad ahí”.

Antes de googlear: “Tom Waits Argentina”. La respuesta es sí —y muchos pobres diablos quedamos afuera del Teatro Alvear esa tarde, cabe añadir—. No vino a dar un concierto (a pesar de los ruegos de los organizadores), sino a ofrecer una master class o entrevista pública sobre la relación entre el cine y la música. Sucedió en abril de 2007, invitado especialmente para la 9.ª edición del Bafici. El ingreso al teatro estaba atiborrado de fans que solo querían certificar que Tom Waits existiera realmente. El acontecimiento fue gratuito y la fila para conseguir entradas dio la vuelta a la manzana desde la madrugada.

La charla fue conducida por los periodistas Mariana Enríquez y Martín Pérez. Y no fue muy fluida, según comentaron los asistentes y los entrevistadores. Aunque técnicamente no era un show, Waits pidió un piano en el escenario, lo cual entusiasmó a los asistentes. Al final de la charla, para el deleite de los 900 afortunados que habían logrado entrar, se sentó y tocó dos canciones: “Lucinda” y una versión conmovedora de “Tom Traubert’s Blues” (la famosa “Waltzing Matilda”). Luego desapareció.

El misterio Waits, al estilo de otras figuras de la literatura como J. D. Salinger, sigue vivo y no necesita mostrarse. Este año, al parecer, su sombra recorrerá sus caminos artísticos predilectos: el cine y la música. Solo habrá que esperar que el cuervo Lloyd toque a nuestra ventana para invitarlo a entrar.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/una-vida-aislada-en-el-campo-un-cuervo-con-galera-que-le-lleva-sus-cheques-la-leyenda-de-tom-waits-nid25042026/

Comentarios
Volver arriba