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Carlos III deslumbró en EE.UU. con un discurso ante Trump con el que Europa se sintió reivindicada

PARÍS.– Desde el martes, Europa tiene un nuevo líder: Carlos III de Inglaterra. Un rey que, en un rarísimo y exquisito ejercicio de ...

PARÍS.– Desde el martes, Europa tiene un nuevo líder: Carlos III de Inglaterra. Un rey que, en un rarísimo y exquisito ejercicio de diplomacia política, tuvo el coraje de recordarle, sin ambigüedades y mirándolos a los ojos, los principios republicanos a su antigua colonia y sobre todo a su presidente, Donald Trump.

“¡Un rey dando lecciones de democracia republicana! Fue una auténtica masterclass diplomática”, se extasió este miércoles Abnousse Shalmani, editorialista de política internacional ante las cámaras de la cadena BFM.

Los aplausos de Shalmani no fueron los únicos. Los elogios a Carlos III fueron ditirámbicos en todo el continente: “Discurso histórico”, “acto de resistencia con guante de terciopelo”, “genio político disfrazado de bonnes manières”… El ejercicio diplomático de alto vuelo ejecutado por el soberano británico el martes, no solo ante el Congreso de Estados Unidos, sino también durante la cena de gala que celebró su segundo día de visita de Estado en Estados Unidos, seguramente habría sido motivo de orgullo y admiración para sus propios padres, quienes lo tuvieron en tan escasa estima cuando pequeño que, para “endurecerlo”, decidieron enviarlo a la Gordonstoun School en Escocia, una de las instituciones más rigurosas de Gran Bretaña, donde padeció intimidación, acoso y persecuciones por parte de sus compañeros.

“A los 77 años, enfermo de cáncer y al frente de una familia realmente disfuncional, Carlos III acaba de demostrar que es un gran rey. Probablemente con mucho más coraje que su propia madre”, analiza el especialista en realeza belga Marc Roche.

Para los europeos, Carlos III cumplió su misión —la de intentar reparar los maltrechos lazos transatlánticos—, en forma cortés, serena y sobre con esa elegancia, producto de 19 generaciones de monarquía. Un privilegio exclusivo, del que ningún otro líder europeo, primer ministro o presidente, podría haber disfrutado.

“Y pensar que los medios políticos británicos exigían que el rey renunciara a este viaje, precedido por la animosidad de Donald Trump contra el primer ministro Keir Starmer y, sobre todo, por los escándalos protagonizados por su hermano Andrés Mountbatten y el recientemente destituido embajador británico en Estados Unidos, Peter Mandelson, ambos acusados de haber mantenido estrechas relaciones con el pedófilo Jeffrey Epstein”, reflexiona otro especialista de la familia real, el francés Stéphane Bern.

Con voz firme y convicción, muchas veces teñida de ese inimitable humor británico, Carlos III le recordó al Congreso de Estados Unidos que la OTAN estuvo ahí para Estados Unidos después del 11 de septiembre; que las tropas británicas sí combatieron en Afganistán; que Ucrania necesita ayuda ahora mismo; que todo poder ejecutivo debe estar sujeto a un sistema de pesos y contrapesos; que los casquetes polares se están derritiendo y que las maravillas naturales de Estados Unidos necesitan protección.

Sin jamás mencionarlo directamente, Carlos III respondió una por una a todas las falsedades y ofensas que tanto su reino como el resto de Europa recibieron por parte de Donald Trump desde que llegó a la Casa Blanca.

Y los medios europeos valoraron el tono del rey, que calificaron a la vez de “conciliador y firme”, viéndolo como una respuesta elegante a las provocaciones de Trump y un recordatorio de los valores comunes que hay que defender.

“No hay nada como un poco de pompa y ceremonia para sanar las heridas de una relación bilateral, la de Londres y Washington, que se ha visto seriamente afectada en los últimos meses”, observó el diario español El País.

Su discurso —el segundo de un monarca británico en la historia del Congreso, tras el de su madre, Isabel II, en 1991— era, en efecto, muy esperado. Y “a juzgar por los vítores y aplausos que recibió al finalizar, esa demostración de soft power ha sido un éxito. La ‘relación especial’ (NDR: entre Estados Unidos y el Reino Unido) aún tiene mucha vida por delante", estimó el británico The Guardian.

Carlos III no dudó en “lanzar algunas réplicas —de extrema sutileza— dirigidas a Trump” y a su política, señala The New York Times. Ante los legisladores, mencionó especialmente “el valor de la Alianza Atlántica, la importancia del equilibrio de poderes y su pasión por el medio ambiente”. “Incluso hizo referencia a su paso por la Royal Navy, justo cuando Trump ha menospreciado la capacidad naval británica en las últimas semanas”, agregó el diario estadounidense.

No cabe duda de que algunos de sus comentarios “pudieron ser percibidos por el público estadounidense como advertencias veladas, fueran intencionadas o no”, subrayó Bloomberg. La agencia de noticias económicas destacó, en particular, la mención que hizo Carlos III a “la Carta Magna británica, viéndola como una fuente de inspiración para los Estados Unidos en cuanto a la forma en que el poder ejecutivo debería estar sometido a un sistema de contrapesos”.

En Alemania, la prensa destacó la importancia del mensaje de Carlos III sobre la necesidad de apoyar a Ucrania. En Francia, diversos medios, como France 24 y France Info, resaltaron la dimensión simbólica del discurso, elogiando el llamamiento a la solidaridad transatlántica y a la defensa de los valores democráticos, considerándolo un contrapunto a las posturas aislacionistas de Trump.

Pero los franceses fueron especialmente sensibles a la broma del soberano durante la cena de gala, cuando Carlos III respondió a una declaración de Trump en la que había afirmado que, “sin Estados Unidos, los europeos hablarían alemán”.

“Me permitiré recordarle, señor Presidente que, sin los británicos, los estadounidenses hablarían francés”, dijo el rey con esa inimitable flema británica.

Ampliamente comentada en toda Europa, la broma fue percibida como una defensa de la influencia británica, al tiempo que recordaba la historia compartida entre ambas naciones. Una deliciosa ironía que provocó asimismo la reacción del presidente francés Emmanuel Macron en X: “Ce serait chic!” (¡sería súper chic!), escribió.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/carlos-iii-deslumbro-en-eeuu-con-un-discurso-ante-trump-con-el-que-europa-se-sintio-reivindicada-nid29042026/

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