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De los versos a las imágenes: un viaje por la huella de Dante en la historia del arte

La abogada y gestora cultural uruguaya Emma Sanguinetti dio esta tarde en el Auditorio de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes una conferencia dedicada a la influencia de ...

La abogada y gestora cultural uruguaya Emma Sanguinetti dio esta tarde en el Auditorio de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes una conferencia dedicada a la influencia de Dante Alighieri en el arte. Con una trayectoria que combina la crítica de arte, la gestión cultural y la escritura, Sanguinetti ha trabajado sostenidamente en el cruce entre literatura e imágenes, explorando cómo los grandes textos de la tradición occidental dialogan con las artes visuales.

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Bajo el título Dante: el poeta más pintado. De verso a la imagen, el encuentro propuso seguir el recorrido de la obra dantesca más allá de la literatura, atendiendo a su impacto en la historia del arte y en producciones contemporáneas. La conferencia puso el acento en el vínculo entre palabra e imagen, y en la persistencia de Dante como fuente de inspiración para artistas de distintas épocas y geografías.

Hija del expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti, Emma es docente de la Universidad Católica del Uruguay, integra el board consultivo del MACA y ha sido distinguida con premios como la Legión del Libro y el Premio Nacional del Ministerio de Educación y Cultura por su libro infantil Barradas.

Sanguinetti se detuvo especialmente en la tradición argentina de lectura de Dante y en el lugar que ocupa la traducción de Bartolomé Mitre, a la que definió como “fundacional” dentro de la cultura local. No solo por haber sido la primera versión argentina del poema, sino por la dimensión del trabajo: “La Divina Comedia es uno de los libros de más difícil traducción”, señaló, y remarcó el carácter “titánico” de la empresa de Mitre, obligado a tomar decisiones complejas entre verso, prosa y musicalidad. Esa tarea, dijo, no solo permitió el arraigo del texto en el país, sino que abrió una tradición de traducciones y lecturas que consolidaron su presencia en la cultura argentina. Incluso recuperó un dato biográfico: el vínculo de Mitre con Dante —y con la literatura italiana en general— se gestó en su juventud en la ciudad de Montevideo.

Ese anclaje local se enlazó con otra figura clave: Jorge Luis Borges, a quien Sanguinetti citó para pensar la centralidad de Dante en la tradición occidental. Recordó una conferencia de 1958 en Buenos Aires, donde el autor planteaba que “Italia es pensar en Dante”, y leía en la Divina Comedia el punto de encuentro entre dos grandes corrientes culturales: “El monumento estético que une estas dos direcciones del espíritu se llama Divina Comedia”. A partir de ese cruce, sostuvo, se vuelve posible entender por qué la obra sigue operando como un hilo conductor que atraviesa siglos, lenguas y geografías.

Antes de entrar de lleno en Dante, la conferencista trazó un breve mapa de ese “diálogo” entre literatura y artes visuales con ejemplos que van de lo clásico a lo contemporáneo. Mencionó, entre otros, el célebre Quijote de Pablo Picasso —convertido en “un ícono universal cargado de una fuerza simbólica enorme” en el contexto de la posguerra—, las ilustraciones simbolistas de Las flores del mal de Charles Baudelaire, las múltiples relecturas pictóricas de William Shakespeare en la Inglaterra victoriana, y hasta los dibujos sobre el Ulises de James Joyce. Una lista que, aclaró, podría ser “interminable”, pero que sirve para pensar ese vínculo como una “conversación” a lo largo del tiempo.

A partir de allí, se detuvo en la potencia visual de la Divina Comedia, esa “maquinaria sonora” que, por la fuerza del verso, se vuelve imagen. Dio ejemplos de su impacto en el arte, desde los frescos de Luca Signorelli en Orvieto hasta el Juicio Final de Miguel Ángel, con un infierno “intenso, dramático, violento” de raíz dantesca.

Ese recorrido desemboca en la pintura de Domenico di Michelino en la catedral de Florencia, donde Dante aparece mostrando su obra a la ciudad: de un lado, Florencia; del otro, el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Una imagen que condensa su universo y su vínculo con la ciudad: “Dante es la Toscana”.

La obra, agregó, debe leerse también como un “libro del exilio”, escrito tras su expulsión en 1302. Esa experiencia, sumada a la primera persona del relato, explica la persistencia de su figura en imágenes: el Dante autor y el Dante personaje.

En el cierre, Sanguinetti se detuvo en la construcción visual de Dante como figura, que en el siglo XIX deja de ser solo florentino para volverse símbolo de Italia, como en la escultura de Enrico Pazzi frente a Santa Croce, con el cenotafio vacío que recuerda su exilio. También repasó algunas de las representaciones más potentes del Dante personaje: el Dante y Virgilio de Eugène Delacroix —donde “el color construye el estado psicológico”—, las escenas monumentales de Gustave Doré y la lectura compasiva del artista y poeta William Blake sobre Paolo y Francesca.

El recorrido culminó con Las puertas del Infierno de Auguste Rodin, donde el universo dantesco se transforma en una reflexión sobre la condición humana: cuerpos en tensión que parecen desbordar la obra y, en lo alto, la figura del poeta que luego se convertirá en El pensador.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/de-los-versos-a-las-imagenes-un-viaje-por-la-huella-de-dante-en-la-historia-del-arte-nid15042026/

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