Falleció Juan Manuel Lissarrague, un histórico dirigente del Automóvil Club Argentino
El pasado 28 de junio falleció Juan Manuel Lissarrague, histórico dirigente del Automóvil Club Argentino (ACA), institución a la que dedicó gran parte de su vida profesional, dejando una profu...
El pasado 28 de junio falleció Juan Manuel Lissarrague, histórico dirigente del Automóvil Club Argentino (ACA), institución a la que dedicó gran parte de su vida profesional, dejando una profunda huella en la historia administrativa y jurídica de la entidad.
Hijo de un ingeniero que también se desempeñó como secretario del club, Lissarrague continuó una tradición familiar ligada al ACA. Nacido en 1937, egresado del Colegio Nacional Buenos Aires y abogado recibido en la UBA, ingresó al ACA en 1968 tras un breve período en tribunales. Fue creciendo dentro de su estructura hasta asumir responsabilidades clave en el área jurídica. Con el paso de los años ocupó distintos cargos de conducción, entre ellos asesor jurídico, gerente general y secretario de la Comisión Directiva, de la cual se retiró en 2020.
Durante sus años de trayectoria, participó activamente en momentos trascendentes de la vida institucional y deportiva del ACA, una entidad reconocida como emblema del automovilismo nacional.
Entre los episodios que recordaba con especial orgullo se encontraba la construcción del histórico papamóvil utilizado durante la visita del papa Juan Pablo II a la Argentina en 1982. Según relató, el Arzobispado de Buenos Aires solicitó al ACA la colaboración para adaptar un vehículo siguiendo estrictas instrucciones del Vaticano: debía contar con cristales antibalas y un blindaje antiexplosivo.
La tarea fue realizada en tiempo récord. Sobre la base de un camión Ford de auxilio mecánico, trabajadores de los talleres del ACA llevaron adelante la transformación en apenas 48 horas y de manera totalmente ad honorem. Años más tarde, en 1988, el vehículo volvió a utilizarse durante la visita papal a Bolivia, adonde fue trasladado en un avión Hércules.
También participó en la presentación de la Guía Michelin de la Ruta 40 y estaba muy involucrado con el turismo carretera. Era un viajero incansable y solía recorrer las distintas sedes del club a lo largo y a lo ancho del país para saludar a colegas y amigos. Quienes compartieron años de trabajo junto a Lissarrague destacan que en el ACA llevó adelante “toda una vida profesional” con un enorme compromiso.
Subrayan que “era muy querido y admirado”. Se destacaba por su sentido común, una cualidad que resultaba clave para resolver situaciones complejas. Tenía una gran capacidad para generar consensos y siempre buscaba alternativas para encaminar los problemas de manera positiva. Era un líder constructivo, orientado a las soluciones, con facilidad para tender puentes y acercar posiciones. En esencia, era una persona componedora.
También fue socio de CUBA, donde jugó al rugby, pero desarrolló una especial afición por la pelota paleta, un deporte que siguió practicando más allá de sus 80 años. Le gustaba mucho la Ciudad de Buenos Aires, la charla y el tango.
Su familia, que siempre decía que estaba por delante de todo, lo llamaba en tono jocoso “Meteoro”, especialmente por sus maniobras al volante de su Renault Megane, aunque su apodo más conocido era “Tata”. Lo despidieron con un emotivo mensaje: “Tu mujer Silvia, tus hijos Silvina, Mariana, Mate e Inés y tus nietos Agus, Nacho, Mati, Lucas, Manu, Vicky y Martín te amamos y te vamos a extrañar mucho. Ya estás descansando en paz”.
Su despedida contó con sus afectos y con las banderas de tres instituciones que lo apasionaban: el ACA, River y CUBA.