Los perros hablan, nosotros escuchamos
Alos seis años, una niña italiana se volvió adulta. Fue la tarde en que permitió a un perro vecino llamado Oso jugar con su peluche favorito, un muñeco también llamado Oso. El animal se volvi...
Alos seis años, una niña italiana se volvió adulta. Fue la tarde en que permitió a un perro vecino llamado Oso jugar con su peluche favorito, un muñeco también llamado Oso. El animal se volvió loco de contento y ella decidió darle a Oso-perro su Oso-osito para que se lo llevara a su cucha. Sabía que de ahí no volvería. Fue una decisión difícil que, vista a la distancia, resultó tan importante como un rito de paso o una iniciación. “Se selló un acuerdo silencioso”, recuerda Sandra Petrignani, que ya no es una niña sino una importante escritora italiana: “Ningún perro me haría daño jamás, nunca me lastimaría ni me mordería y yo a mi vez nunca les causaría ningún mal”. La epifanía se narra en Autobiografía de mis perros, el libro recién publicado en el que ella cuenta su vida a través de los perros que la acompañaron.
Tito, Mago, Querida y Soledad son los que hoy viven a su lado: cuatro perros fieles que “solo para estar conmigo irían hasta el fin del mundo, solo para no verme cargar el maletero del coche y marcharme sin ellos”
Tito, Mago, Querida y Soledad son los que hoy viven a su lado: cuatro perros fieles que “solo para estar conmigo irían hasta el fin del mundo, solo para no verme cargar el maletero del coche y marcharme sin ellos” (cuando Petrignani se enteró de que la gran Elsa Morante tenía la costumbre de bautizar a sus gatos con nombre y apellido decidió que todos sus perros se apelliden “Futbolín”). De niña escribía poemas y a los catorce años empezó una novela estilo Mujercitas, tuvo un hijo, tres maridos, publicó cantidad de libros, recibió premios importantes y en la madurez descubrió que los vínculos más desinteresados y menos neuróticos los tuvo con sus animales, de los que no puede sentirse “dueña” (“no será que los perros y los gatos solo dejan que me lo crea”, desconfía). Vive entre Roma y el campo de Umbría, cinco hectáreas de libertad donde conjuga sus vidas como ciudadana y campesina.
“Cuando los miraba a los ojos y ellos me miraban a los míos, entendíamos exactamente, recíprocamente, las preguntas sin respuesta que nos hacíamos: ¿qué hago aquí? ¿Cuál es el sentido de todo esto? Y otra, la única que nos consolaba: ¿me quieres, verdad?”
Hace seis años vivo con una perrita llamada Fika que ahora mismo me relojea desde su cama como Tito Futbolín mira a Petrignani. Testigo silenciosa, es el oráculo de mis rutinas. No estoy de acuerdo con la idea de los perrhijos muy propia de esta época: si tuviera que definir mi relación con Fika preferiría decir que es mi amiga, no mi hija, porque en la amistad existe una complicidad sin jerarquías que se evidencia cada vez que me hace una broma, cuando esconde su juguete para que yo lo descubra. Y se lo vuelva a dar a ella y así todo el día: puro presente compartido. Esta Autobiografía de mis perros actualiza la Confesión de Tolstoi: “Algún día contaré la historia de mi vida…”. Aun con sus detalles, esa vida se parece a la de casi todos los que amamos a los perros que viven con nosotros. “Cuando metía los dedos entre su pelaje sentía fluir la vida, su vida que era también la mía”, escribe Petrignani: “Cuando los miraba a los ojos y ellos me miraban a los míos, entendíamos exactamente, recíprocamente, las preguntas sin respuesta que nos hacíamos: ¿qué hago aquí? ¿Cuál es el sentido de todo esto? Y otra, la única que nos consolaba: ¿me quieres, verdad?”.
“Los perros hablan, pero solo a quien sabe escucharlos”, dijo el escritor turco Orhan Pamuk. La presencia de un perro tranquilizador e inquisitivo fue la única constante en la vida de Petrignani, llena de encuentros, duelos y cambios. Según Kafka, todo el saber, todas las preguntas y todas las respuestas están en los perros. “¿Vamos a pasear?”, me dice Fika con sus ojazos mudos. ¿Vamos?
ABCA.Nacida en Piacenza en 1952, Sandra Petrignani es una periodista y escritora que transitó múltiples géneros en numerosos libros.
B.En 1987, recibió el premio Elsa Morante; en 1988, publicó Catálogo de juguetes, un repaso en textos breves de los juguetes de su infancia.
C.Su libro Autobiografía de mis perros se inscribe en una tradición literaria-canina que toma inspiración de Pamuk, Kafka y Colette, entre otros.